Salud Vegetal: Prevención, mantenimiento y gestion.

Proteger a las plantas frente a daños, plagas y enfermedades o apoyar sus defensas naturales. ¿Cuál es la mejor opción?

La salud vegetal es aquel estado de bienestar biológico de una planta que le permite la expresión de su máximo potencial productivo y reproductivo y no meramente la ausencia de daño o enfermedad.

En el caso de las plantas cultivadas, la protección de la salud vegetal se puede entender como el uso de una o varias estrategias orientadas a evitar o reducir los daños al cultivo y a protegerlo de plagas, enfermedades o, incluso, algunas deficiencias nutricionales.

A lo largo de su evolución, las plantas, tanto cultivadas como silvestres, han adoptado diferentes mecanismos para protegerse de condiciones ambientales desfavorables, con mayor o menor éxito.

En el caso de las plantas cultivadas, la adopción de mecanismos de protección frente a condiciones ambientales adversas ha estado condicionada por la acción de mejora vegetal dirigida por el ser humano.

La mejora vegetal ha provocado cambios en algunos de los mecanismos de protección innatos que existían en los precursores silvestres (sustancias antinutricionales, tóxicos, espinas, aromas,…) eliminando, transformando o potenciando a algunos de ellos. Favorecer o no los mecanismos de autoprotección de las plantas cultivadas ha dependido de hasta qué punto favorecían o no los intereses de los seres humanos.

El altramuz (Lupinus mutabilis) es un ejemplo de cultivo que contiene una sustancia poco apetecible para los organismos fitófagos y que se ha conservado porque facilitaba el mantenimiento de un buen estado de salud vegetal. La presencia de esta sustancia en la cosecha no perjudicaba en exceso a su uso ya que  podía eliminarse fácilmente mediante la acción del calor para hacerlo apto para consumo humano y ganadero. Por otra parte, este mismo cultivo también es un ejemplo de como la mejora vegetal puede eliminar las sustancias que favorecen la salud vegetal simplemente para  favorecer los intereses humanos. Existen cultivares mutantes de esta especie, conocidos como altramuces dulces, donde se ha eliminado o reducido  el contenido de estas sustancias para evitar someter a las semillas a la acción del calor y disponer directamente de la cosecha para uso. El cultivar mutante se ha hecho más sensible al ataque de plagas y enfermedades, pero ahora es más fácil utilizarlo.

La salud vegetal de las plantas cultivadas no solo está condicionada por la mejora vegetal, sino que también tiene mucho que ver con el manejo que el ser humano realiza del cultivo. La utilización de herbicidas, plaguicidas, fertilizantes o fertimejorantes, tanto químicos de síntesis como de origen orgánico, es una forma de sustitución de los mecanismos innatos que las plantas cultivadas tienen para mantenerse en buen estado de salud frente a condiciones ambientales adversas de todo tipo. Muchos de estos productos químicos que utilizamos para proteger a los cultivos, acaban sustituyendo o evitando la aparición de mecanismos innatos de autodefensa. La utilización de cultivos transgénicos que incorporan en su código genético la producción de sustancias para mejorar su competencia frente a otras plantas o frente a plagas y enfermedades es solo un paso más en esta sustitución o anticipación a la acción de la mejora “convencional”. El código genético introducido de manera artificial en las plantas transgénicas, generalmente tendrá por objetivo preservar la salud vegetal introduciendo una o varias “armas” bioquímicas nuevas para la autoprotección del cultivo.

ESTRATEGIAS DE DEFENSA CONTRA CONDICIONES AMBIENTALES ADVERSAS.

Desde el punto de vista de su mecanismo de acción, la defensa de las plantas  frente a condiciones ambientales adversas puede agruparse en las siguientes categorías:

  1. Defensa estructural o física.
  2. Defensa bioquímica.
  3. Defensa genética.
  4. Defensa cooperativa.

A diferencia de los animales, las plantas no disponen de células u órganos especializados en la defensa frente a diferentes plagas y enfermedades que les afectan. Puede parecer extraño que las plantas no hayan desarrollado un sistema de defensa similar al de los animales, pero si consideramos la fisiología vegetal y el coste que, en términos energéticos y de recursos propios, supone mantener un “ejercito” especializado en la defensa, tal vez se pueda entender porque las plantas han optado por otros sistemas de protección de su salud.

En lugar de una defensa especializada y en permanente movilización como la que tienen los animales, las plantas optan por una o varias estrategias de defensa que han sido validadas por la evolución en algunos casos y que en otros han sido seleccionadas, a propósito o por conveniencia, por el ser humano.

Algunas especies de plantas cultivadas, como la Chumbera o Nopal (Opuntia ficus-indica) han desarrollado, a lo largo de su evolución natural, una modificación de sus hojas para transformarlas en espinas con objeto de evitar su consumo por parte de los herbívoros y reducir la perdida de agua en su ambiente natural, árido o semiárido. Cuando el ser humano ha tratado de aprovechar a esta especie como cultivo de interés en alimentación animal y humana ha seleccionado variedades a su conveniencia. Por ejemplo, existen variedades en las que se han eliminado las espinas para facilitar el consumo por parte del ser humano (nopal verdura) o los animales. Hay que considerar que, desde el punto de vista energético, la presencia de espinas no supone ninguna ventaja especial para la planta, ya que no sirven para realizar la fotosíntesis y requieren de una serie de recursos materiales que podrían utilizarse, tal vez, de mejor forma en otros lugares.

En otros casos se busca ampliar el rango de cultivo disponible, seleccionando plantas que se adapten a condiciones poco favorables, sencillamente porque no hay mas terreno disponible. Algunos cultivares de plantas de Quinua (Chenopodium quinoa Wild.) se han seleccionado durante siglos para prosperar en suelos con problemas de salinidad debido a las muy particulares condiciones agroecológicas y sociales que restringían su expansión. Solo en tiempos recientes se está produciendo una expansión del cultivo hacia otras latitudes diferentes de su zona tradicional de cultivo y eso debido, casi exclusivamente, a una demanda mundial creciente que no era posible abastecer desde sus zonas de cultivo tradicional.

No siempre la mejora genética elimina o limita los mecanismos de autoprotección de las plantas cultivadas. Los antepasados silvestres del Hinojo (Foeniculum vulgare), presentan una protección bioquímica que se ha mantenido más o menos intacta y que, incluso, se ha potenciado en las variedades cultivadas para mantener unas determinadas cualidades organolépticas (aroma, sabor,…). La conservación de determinadas esencias y aromas en el Hinojo es suficiente como para disuadir a un grupo numeroso de plagas y enfermedades que si afectan a otras plantas hortícolas, pero que no tienen efecto sobre los seres humanos.


A veces la mejora genética incorpora los mecanismos de autoprotección de las plantas de manera artificial, ya sea introduciendo genes nuevos (transgenesis) o seleccionando mutaciones específicas. Los cultivares transgénicos de maíz son un claro ejemplo de como una modificación genética, en este caso artificial, permite soportar determinadas condiciones adversas. Existen cultivares de maíz que, presentan modificaciones en su ADN, tomadas de la bacteria bacillus thuringensis, para expresar proteínas que afectan a la alimentación y desarrollo de algunas larvas de insectos plaga.

Finalmente, algunas especies de plantas, cultivadas o silvestres, son capaces de pedir “cooperación” en la defensa o superación de condiciones adversas. El ataque de un insecto fitófago puede desencadenar la fabricación y liberación de atrayentes de depredadores en un claro ejemplo de cooperación en mutuo beneficio entre planta y animal que se conoce, desde un punto de vista técnico, como alelopatía. El hongo entomopatógeno Beauveria bassiana es capaz de introducirse en el interior de algunas especies de plantas cultivadas (Papaver sonniferum), con efectos muy limitados sobre su desarrollo, a la espera del ataque de algunos insectos plaga. Cuando el insecto plaga intenta alimentarse de la planta que contiene el hongo, consume también al propio hongo que despliega toda su virulencia en el interior del insecto, consumiéndolo desde el interior y destruyéndolo.

No todas las plantas emplean las mismas estrategias de defensa, ni de la misma forma o en todo momento. La opción de utilizar una estrategia, varias o ninguna, depende de si el factor biótico o abiótico está permanentemente en el medio, de si ha sido seleccionado por la evolución o la mejora vegetal o si se vuelve innecesario por el manejo que el ser humano hace del cultivo (plaguicidas, abonado, siembra, plantación, riego, …). En todo caso, el entender como las plantas cuentan con mecanismos de autoprotección frente a condiciones ambientales adversas puede ser muy interesante para dirigir y orientar las acciones de mejora vegetal en interés de los seres humanos.

MECANISMOS DE DEFENSA CONSTITUTIVOS E INDUCIDOS.

Las diferentes estrategias de defensa de las plantas que se han descrito hasta ahora son las opciones de que disponen las plantas, cultivadas o no, para defenderse de condiciones ambientales adversas. Sin embargo, hay que tener en cuenta que mantener un mecanismo de defensa de forma permanente puede ser costoso para la planta en términos de consumo de energía y recursos, siendo más habitual que este mecanismo de autoprotección se encuentre latente a la espera de su activación por alguna señal o ataque desde el entorno. En otras circunstancias, por conveniencia de la planta, los mecanismos de defensa se encuentran “activos” de manera permanente, ya que los beneficios de hacerlo así son superiores a los posibles inconvenientes para la planta en términos de recursos y energía. Piénsese en el caso de las espinas de las plantas de la familia de las Cactáceas, mecanismo de defensa permanente que, además de reducir la transpiración, disuade del consumo de la planta por parte de las especies herbívoras.

Hay muchos ejemplos de mecanismos de defensa que son permanentes o constitutivos de las plantas cultivadas. El Hinojo mantiene una serie de aromas y olores que repelen permanentemente el ataque de algunas plagas y enfermedades e, incluso, mejoran la competencia por el espacio frente a otras plantas. La Chumbera o Nopal, cuenta con espinas que disuaden del eventual consumo de la planta por parte de los herbívoros. El altramuz amargo, mantiene muchas sustancias antinutricionales que disuaden a muchas plagas y enfermedades. Algunas especies del genero Salvia exudan por sus raíces una serie de metabolitos (1,8 cineol y alcanfor) que inhiben el desarrollo de algunas plantas competidoras como la avena común o silvestre (Avena fatua) y otras especies de los géneros Bromus o Festuca o, visto desde otro punto de vista, favorecen la germinación de sus semillas frente a las de las plantas competidoras.

Ejemplo de defensa estructural inducida en la que se genera una capa de corcho entre las zonas sanas e infectadas de la hoja.
Figura 1: Ejemplo de defensa estructural inducida en la que se genera una capa de corcho entre las zonas sanas e infectadas de la hoja. CL=Capa de Corcho; H=Zona foliar sana; I= Zona foliar afectada; P=Felógeno

En cuanto a los mecanismos de defensa inducidos, también existen muchos ejemplos de respuesta de las plantas frente a agentes bióticos y abióticos. En algunos casos la voz de alarma la dan una serie de factores bióticos, procedentes de la propia planta o del huésped o abióticos como pueden ser la aparición de heridas, intoxicaciones, quemaduras, etc, actuando de una forma similar a como lo hacen los antígenos que desencadenan la respuesta inmunitaria en los animales. Es muy frecuente que la alarma se produzca por la acción de unos “mensajeros” bioquímicos, en algunos casos muy específicos, llamados elicitores que provocan la síntesis y acumulación de unas sustancias denominadas fitoalexinas en el huésped con objeto de detener su progreso a través de la planta o provocarle algún tipo de efecto adverso. En otras ocasiones, cuando se produce una herida o se rompe la pared celular de la célula vegetal, se ponen en contacto uno o varios enzimas con uno o varios substratos para fabricar una sustancia que tenga un efecto inhibidor o disuasorio frente al ataque de un agente patógeno, generalmente un insecto o una bacteria.

Como puede verse, la defensa de las plantas es muy flexible y, en algunos casos, incluso más compleja que la que pueden tener los animales. Existen múltiples combinaciones entre las diferentes estrategias de defensa y mecanismos de defensa que se han localizado en la bibliografía consultada.

Combinación de estrategias y mecanismos de defensa que aparecen en la bibliografía (elaboración propia).
Diagrama 2: Combinación de estrategias y mecanismos de defensa que aparecen en la bibliografía (elaboración propia).

Los plaguicidas, tanto orgánicos como de síntesis, se introducen y pueden llegar a sustituir los mecanismos de defensa innatos de las plantas, en la mayoría de los casos induciendo una estrategia de defensa bioquímica, pero sin potenciar o favorecer el despliegue de otras estrategias de defensa en muchas ocasiones. La utilización de rotaciones o combinaciones de cultivos, típica de la agricultura orgánica o ecológica pero también muy frecuente en la agricultura más convencional, es otra forma en que se pueden utilizar los mecanismos de defensa naturales de las plantas utilizando mecanismos de cooperación y mutua protección entre diferentes especies de plantas, aunque no sean simultáneos en el tiempo.

Si el objetivo es una agricultura más sostenible y sustentable, con mayores y mejores producciones de alimentos, entonces investigar y desarrollar productos para preservar y mantener la salud vegetal pasa por introducir, potenciar y preservar las diferentes estrategias de defensa presentes en las plantas cultivadas, ademas de desarrollar mecanismos específicos para su propia protección.

Las alternativas existen, solo hay que saber utilizarlas y potenciarlas.

Fertilizantes y Fertilización. La interacción entre el suelo y los nutrientes vegetales.

Fertilizantes para obtener mayores y mejores producciones agrícolas. El suelo como almacén y distribuidor de los fertilizantes

El uso de los fertilizantes debería ser parte de un programa integrado de buenas prácticas agrícolas con el objetivo de mejorar la producción de los cultivos.

Es difícil estimar con exactitud cuál es la contribución de los fertilizantes minerales al aumento de la producción agrícola, debido a la dependencia que tiene este componente con respecto a otros factores importantes. Sin embargo, si se puede asegurar que los fertilizantes tienen un papel decisivo en la productividad agraria, incluso considerando el importante papel que el desarrollo de nuevas tecnologías, la mecanización agraria y las mejoras en la gestión integrada de los agroecosistemas tienen en este sentido.

Los nutrientes que necesitan las plantas se toman del aire y del suelo, aunque la inmensa mayoría de ellos proceden del suelo. Si uno solo de los nutrientes necesarios para la planta es escaso, el crecimiento de las plantas y el rendimiento del cultivo se reducen. Para obtener un buen rendimiento del cultivo es muy importante proporcionar los nutrientes suficientes en las cantidades que las plantas precisan.

Fertilización, materia orgánica y manejo del suelo.

Antes de pensar en realizar ninguna aplicación de fertilizantes para un cultivo es muy conveniente conocer cuáles son las fuentes de nutrientes accesibles y disponibles en el suelo. Los nutrientes necesarios pueden estar disponibles en el suelo pero en formas inaccesibles para el cultivo, debido a causas físicas, químicas o biológicas. A modo de ejemplo para cada uno de estos motivos:

  1. Una causa física que hace que los nutrientes no estén disponibles en el suelo puede ser la compactación del perfil del suelo por diferentes circunstancias de manejo del suelo (paso de maquinaria, elevada concentración de sales, falta de humedad superficial,….)
  2. Un motivo químico como puede ser un nivel de PH bajo (ácido) que modifica el equilibrio químico del suelo transformando determinados nutrientes esenciales en formas no asimilables por las plantas
  3. Y un motivo biológico puede ser la ausencia de determinados microorganismos fijadores de nitrógeno que viven en simbiosis con algunos cultivos, principalmente de la familia de las leguminosas (trébol, veza, arveja, guisante, haba, lupino, …)

Excepto en el último ejemplo en el que puede ser necesaria la inoculación del microorganismo fijador de nitrógeno junto con la semilla, el mantenimiento de un contenido saludable de materia orgánica en el suelo puede ayudar en gran medida a corregir las deficiencias en el acceso a los nutrientes esenciales. Además, la aportación de materia orgánica es una fuente de nutrientes muy interesante que puede estar muy próxima o accesible al cultivo y que se puede obtener de los excrementos de animales, restos vegetales u otras materias orgánicas como pueden ser las procedentes de la industria alimentaria, industrial y urbana.

Fotografía 1: Imagen de cultivo de Habas (Vicia Faba) que se asocia con bacterias del genero Rhizobium para fijar nitrógeno atmosférico

Aunque la aportación de materia orgánica habitualmente beneficia al cultivo, también es cierto que pueden aparecer problemas de inmovilización de nutrientes esenciales y contaminación ambiental como consecuencia de su uso. Ciertos restos vegetales, como la paja del maíz y de otros cereales, causan una inmovilización de nutrientes tras su incorporación al suelo, desplazando la disponibilidad de nutrientes esenciales hacia el cultivo posterior, simplemente porque los microorganismos del suelo consumen esta materia orgánica y la incorpora a su biomasa. La utilización de estiércoles, purines y otros restos de origen animal, ocasiona efectos no deseados sobre el terreno de cultivo como la dispersión de semillas de malas hierbas, la contaminación de las aguas subterráneas, cambios en el PH del suelo, modificación de la composición de la biota (fauna y flora) del suelo o la dispersión de plagas y enfermedades de las plantas o los animales. La incorporación de restos vegetales contaminados al suelo con elementos de propagación de patógenos, plagas y enfermedades (esporas, semillas,…), favorece la dispersión desde focos puntuales a otras zonas del cultivo.

Para reducir los posibles inconvenientes que supone la utilización de residuos orgánicos “en bruto”, tradicionalmente y a lo largo de los muchos de los siglos en que existe la agricultura, se han establecido rutinas y procesos que mejoran la disponibilidad y accesibilidad a los nutrientes. Entre otros sistemas, que no vamos a describir en el este artículo, se encuentra el compostado de residuos orgánicos de todo tipo, la “maduración” de los estiércoles (utilización diferida), los abonos verdes, fermentación anaerobia de residuos orgánicos diluidos, etc.

Fotografía 2: Detalle de aportación de compost (materia orgánica fermentada y digerida por la biota del suelo) sobre suelo

La incorporación de residuos de cosecha o abonos verdes (cultivos específicamente introducidos en la rotación para incorporar materia orgánica al suelo) y los abonos de origen animal contribuyen a la acumulación de materia orgánica en el suelo. Sin embargo, los efectos sobre el suelo son distintos dependiendo de si la materia orgánica que se incorpora es de origen vegetal o animal, aún en cada caso para iguales tasas de incorporación al suelo.

La utilización de materia orgánica “madurada” o “procesada” mejora la disponibilidad de nutrientes para el cultivo y reduce los inconvenientes

A pesar de estos inconvenientes, lo cierto es que la aportación de materia orgánica al cultivo también proporciona algunas ventajas entre las que destacan:

  • Mejora de la estructura e incrementa la porosidad del suelo.
  • Reducción de la erosión, tanto del agua como del viento, mediante el incremento del tamaño de las partículas, el aumento de la estabilidad de los agregados al agua y la disminución de la compactación.
  • Proporciona recursos energéticos a los organismos del suelo que participan activamente en los ciclos de muchos nutrientes que de esta forma se vuelven disponibles para las plantas, además de participar en la formación y estabilización de la estructura y porosidad del suelo.
  • Mejora la retención de agua y su infiltración hacia capas más profundas del suelo.

Y tiene mucho que ver con la fertilidad porque mejora una propiedad clave del suelo denominada Capacidad de Intercambio Catiónico (CIC).

La CIC es la capacidad que tiene el suelo para retener y liberar iones positivos, gracias a su contenido en arcillas y materia orgánica. Es una propiedad química del suelo, vinculada a la fertilidad, que tiene una componente fija y otra variable que depende del PH. La CIC fija proviene de los coloides inorgánicos (arcillas cristalinas, geles amorfos, óxidos y sesquióxidos de hierro y aluminio), mientras que la CIC variable depende, sobre todo, de coloides orgánicos y sustancias húmicas presentes en la materia orgánica. Cuanto mayor es la fracción de materia orgánica del suelo, mayor es la capacidad de retención de nutrientes, en su mayoría de carga positiva, en el suelo y no solo eso, también la retención de estos nutrientes es más intensa y más accesible para el cultivo.

Un nivel de CIC elevado, implica una mayor capacidad de almacenamiento de nutrientes y mayor accesibilidad para el cultivo.

Ha quedado claro que la aportación de materia orgánica al suelo, a pesar de los inconvenientes, es beneficiosa para la productividad de los cultivos. Sin embargo, lo más interesante de un contenido saludable de materia orgánica en el suelo es como puede ayudar a una gestión sostenible y sustentable de los agroecosistemas.

La materia orgánica del suelo (MOS) es el conjunto de residuos orgánicos del suelo que se encuentra en diferentes fases de descomposición y que se acumula tanto en la superficie como en el propio perfil del suelo. Dentro de la materia orgánica del suelo se suele incluir una fracción viva o biota que participa activamente en los procesos de descomposición y trasformación de los residuos orgánicos, pero no es la única fracción relevante en el suelo. En la mayoría de los suelos es posible distinguir en la materia orgánica dos fracciones:

  • La fracción lábil, compuesta por una serie de residuos orgánicos que son una fuente de energía para la biota presente en el suelo y que mantienen las características químicas de su material de origen (hidratos de carbono, ligninas, proteínas, taninos, ácidos grasos, exudados vegetales, etc). Constituye la mayor parte de la MOS.
  • La fracción húmica, compuesta por residuos orgánicos transformados y más estables que se encuentra constituida por ácidos fúlvicos, ácidos húmicos y huminas. Supone una pequeña parte de la MOS, aunque es mucho más estable y tiene efectos colaterales que mejoran la capacidad de retención de nutrientes en el suelo.

Ambas fracciones están muy relacionadas entre sí y proceden de aportaciones externas (abonos orgánicos) o internas (restos de cosecha, abonos verdes, descomposición de la biota, …). Las prácticas agrícolas son clave para una adecuada gestión del contenido de materia orgánica del suelo.

La labranza es una práctica que se introdujo para facilitar las labores agrícolas, entre las que destacan el control de malezas o malas hierbas, la formación de la cama de semillas que favorezca la germinación y establecimiento del cultivo, la incorporación de fertilizantes y pesticidas al suelo, la incorporación de residuos del cultivo precedente o la mejora en la retención de agua y nutrientes en la solución del suelo. Sin embargo, también es cierto que a pesar de las indudables ventajas que supone para el incremento de la producción de los cultivos, los sistemas de labranza más habituales exponen el suelo a los principales agentes erosivos (agua y viento) y facilitan la mineralización de la materia orgánica, reduciendo o, incluso, eliminando los efectos beneficiosos de un contenido saludable de materia orgánica.

Ciertas prácticas de labranza o laboreo aplicadas a los suelos ayudan a conservar y mejorar el contenido de materia orgánica, reduciendo la degradación, la erosión y la emisión de gases de efecto invernadero, fundamentalmente en forma de CO2 y CH4 (suelos con escasa aireación). Así por ejemplo, la práctica continuada de sistemas de labranza de “no laboreo” o “cero labranza” se ha comprobado que favorecen la acumulación y el mantenimiento de un contenido saludable de materia orgánica, principalmente en los primeros centímetros del perfil del suelo. Y cuando se utiliza un laboreo que no voltea o remueve el perfil del suelo (laboreo mínimo, laboreo de chisel,…), también se ha comprobado que se reduce la perdida de materia orgánica respecto a las practicas convencionales.

Un adecuado contenido de materia orgánica en el suelo mejora el acceso de las plantas a los nutrientes que necesitan, independientemente de si estos ya se encuentran en el suelo o proceden de aportaciones desde el exterior. En general, la aportación de abonos orgánicos no siempre es suficiente como para cubrir todas las necesidades de nutrientes de los cultivos, incluso donde se dispone de grandes cantidades. Hay que tener en cuenta que la falta de las cantidades necesarias de nutrientes, aunque solo sea de uno de ellos, puede afectar de manera significativa al rendimiento del cultivo. Y no todos los abonos orgánicos tienen todo lo que las plantas necesitan, por lo que siempre será necesario utilizar otras estrategias de fertilización adicionales para evitar una reducción de los rendimientos que incluyan la combinación de distintas fuentes de nutrientes.

Es necesaria una fertilización equilibrada que incorpore al suelo los nutrientes que el cultivo necesita, así como un adecuado manejo del suelo para que esos mismos nutrientes puedan almacenarse y se encuentren disponibles.

Los nutrientes necesarios para el crecimiento de las plantas.

Dieciséis son los elementos esenciales para el crecimiento y desarrollo de muchas plantas cultivadas. La mayor parte de estos elementos esenciales o nutrientes necesarios se encuentran en el aire y el suelo. En el suelo, el medio que contiene estos nutrientes es la solución del suelo de la que la capacidad de intercambio catiónico es una propiedad relevante.

Los elementos esenciales se encuentran localizados en distintas ubicaciones:

  1. Aire: carbono (C) como CO2 (dióxido de carbono);
  2. Agua: hidrógeno (H) y oxígeno (O) como H2O (agua);
  3. Suelo:
    1. Nitrógeno (N)
    2. Fósforo (P)
    3. Potasio (K)
    4. Calcio (Ca),
    5. Magnesio (Mg)
    6. Azufre (S)
    7. Hierro (Fe)
    8. Manganeso (Mn),
    9. Zinc (Zn)
    10. Cobre (Cu)
    11. Boro (B)
    12. Molibdeno (Mo)
    13. Cloro (Cl).
Diagrama 1: Diferentes nutrientes necesarios para el crecimiento y desarrollo de las plantas

En determinados cultivos, también puede ser necesario considerar la presencia de otros elementos químicos no esenciales para el crecimiento de todas las plantas pero si beneficiosos para ellas.

Los fertilizantes, abonos o residuos de cultivos aplicados al suelo aumentan la oferta de nutrientes de las plantas

Las funciones de los nutrientes.

Aparte del carbono, que es absorbido por la planta desde la atmosfera, las plantas cogen todos los nutrientes de la solución del suelo. Estos nutrientes extraídos del suelo pueden clasificarse en dos categorías:

  1. Macronutrientes, divididos en nutrientes primarios y secundarios; y
  2. Micronutrientes o microelementos.

Los macronutrientes se necesitan en grandes cantidades, y grandes cantidades tienen que ser aplicadas si el suelo es deficiente en uno o más de ellos. Los suelos pueden ser naturalmente pobres en nutrientes, o pueden llegar a ser deficientes debido a la extracción de los nutrientes por los cultivos a lo largo de los años, o cuando se utilizan variedades de rendimientos altos, las cuales son más demandantes en nutrientes que las variedades tradicionales.

Los micronutrientes, sin embargo, se necesitan en pequeñas cantidades para el crecimiento correcto de las plantas y solo se agregan cuando el suelo no dispone de ellos o se encuentran en formas no accesibles.

Dentro del grupo de los macronutrientes, necesarios para el crecimiento de las plantas en grandes cantidades, hay que destacar a los denominados nutrientes primarios que son el nitrógeno, fósforo y potasio.

El Nitrógeno (N) es el motor del crecimiento de la planta. Proporciona entre el uno a cuatro por ciento del extracto seco de la planta. Es absorbido del suelo bajo forma de nitrato (NO3-) o de amonio (NH4+) dependiendo del PH del suelo. En la planta se combina con componentes producidos por el metabolismo de carbohidratos para formar aminoácidos y proteínas. Como constituyente esencial de las proteínas, está involucrado en todos los procesos principales de desarrollo de las plantas y en el rendimiento del cultivo. Un suministro adecuado de nitrógeno facilita la absorción de los otros nutrientes.

El Fósforo (P), que proporciona entre el 0,1 y el 0,4 por ciento del extracto seco de la planta, juega un papel importante en la transferencia de energía. Es un nutriente esencial para la realización de la fotosíntesis y para otros procesos químico-fisiológicos. Es indispensable para la diferenciación de las células y para el desarrollo de los tejidos, que forman los puntos de crecimiento de la planta. En general, el fósforo suele ser deficiente en la mayoría de los suelos naturales o agrícolas o dónde la fijación limita su disponibilidad.

El Potasio (K), que proporciona entre el uno y el cuatro por ciento del extracto seco de la planta, tiene muchas funciones. Activa más de 60 enzimas (substancias químicas que regulan la vida) y juega un papel fundamental en la biosíntesis de carbohidratos y de proteínas. El K mejora el régimen hídrico de la planta y aumenta su tolerancia a la sequía, heladas y salinidad. Las plantas bien provistas con K sufren menos de enfermedades.

Los nutrientes secundarios son magnesio, azufre y calcio que las plantas también los absorben en cantidades considerables.

El Magnesio (Mg) es el constituyente central de la clorofila, el pigmento verde de las hojas que funciona como un aceptador de la energía que procede del sol. Este es el motivo por el que entre el 15 y el 20 por ciento del magnesio que contiene la planta se encuentra en las partes verdes. El Mg se incluye también en las reacciones enzimáticas relacionadas a la transferencia de energía de la planta.

El Azufre (S) es un constituyente esencial de algunos aminoácidos y de proteínas, estando también relacionado con la formación de la clorofila. En la mayoría de las plantas compone entre el 0,2 y el 0,3 (0,05 a 0,5) por ciento del extracto seco. Por ello, es tan importante en el crecimiento de la planta como el fósforo y el magnesio; pero su función es a menudo subestimada.

El Calcio (Ca) es esencial para el crecimiento de las raíces y como un constituyente del tejido celular de las membranas. Aunque la mayoría de los suelos contienen suficiente disponibilidad de Ca para las plantas, la deficiencia puede darse en los suelos tropicales muy pobres en Ca. Es muy frecuente que este nutriente se utilice para facilitar la disponibilidad en el suelo de otros nutrientes, ya que su aplicación en cantidades suficientes puede ayudar a reducir la acidez del suelo (PH). En otras ocasiones, un exceso de este nutriente bloquea la disponibilidad de distintos nutrientes al incrementar el PH del suelo (PH básico).

El Calcio es un nutriente que tiene mucho que ver con el PH del suelo

Los micronutrientes o microelementos son el hierro (Fe), el manganeso (Mn), el zinc (Zn), el cobre (Cu), el molibdeno (Mo), el cloro (Cl) y el boro (B). Componen un grupo de nutrientes que son claves en el crecimiento de la planta, siendo comparables con las vitaminas en la nutrición animal. Se absorben en cantidades minúsculas y su disponibilidad en las plantas depende mucho del PH del suelo. En algunos casos, un exceso de suministro de alguno de estos nutrientes, como puede ser el caso del Boro, puede tener un efecto adverso o, incluso, toxico sobre el cultivo.

Además de todos estos nutrientes que se han descrito, existen algunos otros nutrientes benéficos que pueden ser importantes para algunos cultivos en concreto. Es el caso del Sodio (Na) para la remolacha azucarera, el Silicio (Si),
para los cereales, en los que fortalece el tallo para resistir el vuelco, o el Cobalto (Co) que es importante en el proceso de fijación de N en las leguminosas.

Algunos microelementos pueden ser tóxicos para las plantas a niveles sólo algo más elevados que lo normal. En la mayoría de los casos esto ocurre cuando el pH es de bajo a muy bajo. La toxicidad del aluminio y del manganeso es la más frecuente, en relación directa con suelos ácidos.

Es importante notar que todos los nutrientes, ya sean necesarios en pequeñas o grandes cantidades, cumplen una función específica en el crecimiento de la planta y en la producción alimentaria y que un nutriente no puede ser sustituido por otro.

Conclusiones.

La aportación de fertilizantes está muy relacionada con la productividad de los cultivos, pero un manejo inadecuado puede causar problemas de contaminación del medio ambiente y de perdida de fertilidad de los suelos.

Un manejo adecuado del suelo que incluya prácticas de laboreo que faciliten la conservación de un contenido saludable de materia orgánica es fundamental para mantener e, incluso, mejorar la fertilidad y reducir las necesidades de fertilizantes.

Los fertilizantes pueden ser necesarios para las plantas en mayores o menores cantidades, pero las cantidades que se precisan para cada cultivo están condicionadas por el propio cultivo, el suelo en el que se desarrolla y las condiciones climáticas en las que se desarrolla.

Fenología, instalación y establecimiento del cultivo de pistachero

Fenología del cultivo.

Las fases por las que pasa el pistachero, desde el punto de vista de la producción de pistachos, son las siguientes:

  • Trasplante de plantas patrón o injertadas a sitio definitivo: Aproximadamente hasta los tres años desde la germinación de la planta en el vivero.
  • El primer año después de plantación, aparecen las primeras “muestras individualizadas” en algunos pies y en otros, nada.
  • Hasta tres años después de plantación, aparecen “muestras generalizadas” en todos los pies (de 300 gramos a 2 Kg por árbol).
  • Hasta 5 años después de plantación, aparece una pequeña cosecha de entre 4 y 6 kg por árbol.
  • Hasta 7 años después de la plantación ya se empieza a recoger una cosecha “normalizada” de unos 10 kg por árbol.
  • Desde 7 años en adelante, si todo va bien, se produce un incremento de la cosecha de, aproximadamente, 1 Kg adicional por árbol y año.

Se estima que la vida productiva de una plantación de pistacheros en secano puede estar en el entorno de los 80/100 años, aunque se conocen ejemplares con más de 200 años que aún producen fruto.

La longevidad del árbol se sitúa entre los 300/350 años de vida, aunque se han localizado ejemplares en Siria e Irán que tienen más de 1000 años de antigüedad.

Además de por las condiciones ambientales de clima y suelo, un adecuado programa de fertilización, riego y protección vegetal en la fase vegetativa, no productiva, puede garantizar una mejor y más abundante cosecha en los años siguientes.

Métodos de propagación.

El pistachero, como la mayoría de las especies de frutales cultivadas por el Hombre, se debe injertar sobre un pie o portainjerto. El objeto de esta operación es conseguir una mayor rusticidad del cultivo y elevar la resistencia a plagas y enfermedades.

La elección del pie dependerá no solo de que posea una buena compatibilidad con la variedad, sino también de su adaptabilidad a las condiciones medioambientales de la zona donde se instale y de las características que traslade a dicha variedad.

En zonas donde el riesgo de heladas durante el inicio de la primavera (el mes marzo y la primera quincena de abril en el hemisferio norte o el mes de septiembre y la primera quincena de octubre en el hemisferio sur) es elevado, se debe optar por variedades comerciales tardías como Kerman o Kastel, mientras que en las zonas donde este riesgo sea menor es posible utilizar variedades tempranas como Larnaka, Avdat, Mateur o Aegina. En cualquier caso, siempre es aconsejable diversificar el número de variedades en una plantación (a partir de 10 Ha) con objeto de minimizar los riesgos asociados a la ocurrencia de heladas, enfermedades o cambios de tendencia en los mercados.

Siembra y plantación.

Durante el verano anterior a la fecha de plantación, debe realizarse un subsolado de toda la parcela. El objetivo de este subsolado es romper los horizontes (no voltearlos) para facilitar la penetración y buen desarrollo del sistema radicular del futuro pistachero. Lo ideal es utilizar un rejón o “topo” de, al menos, un metro de profundidad. Si afloran grandes piedras en superficie, deben retirarse para facilitar posteriores labores.

El marco de plantación más recomendado en secano es en cuadro 6 x 6 metros. La densidad de plantación con este marco seria de, aproximadamente, 280 árboles por hectárea.

La época idónea para ejecutar la plantación del pistachero debe ser a principios del otoño-invierno, generalmente a mediados de noviembre en el hemisferio norte y a mediados de mayo en el hemisferio sur. La parada vegetativa del pistachero se produce en estos periodos, coincidiendo con las primeras heladas anuales.

Hay que tener en cuenta que el desarrollo y crecimiento de las raíces de los arboles tiene lugar en invierno. Por lo tanto, un árbol plantado al principio de la parada vegetativa, tiene un arraigo y desarrollo radicular más elevado que la misma planta plantada a la mitad o al final de la parada vegetativa.

La proporción entre machos polinizadores y hembras productoras debe ser de 1 a 8, es decir, por cada ocho hembras productoras, un macho polinizador.

{leyenda}. Ilustración 2 : Disposición de pies macho polinizador y hembra productora en plantación de pistacheros.

En aquellas parcelas donde existan vientos predominantes que soplen habitualmente en la época de producción de polen de los machos polinizadores (según variedades) se recomienda situar en el perímetro un árbol macho polinizador cada 5 metros para aprovechar esta circunstancia.

A la hora de realizar la plantación es recomendable realizar un hoyo de cierta profundidad (no menos de 1,5 m) para favorecer el desarrollo del sistema radicular del pistacho recién plantado. Normalmente esta operación se hace con una retroexcavadora.

Al mismo tiempo que se efectúa la plantación, es conveniente entutorar y ubicar un protector en cada árbol.

Se recomienda utilizar tutores realizados con tubos de acero hueco, debidamente tratados y protegidos contra la corrosión, de aproximadamente 2,5 metros de largo. Se pueden utilizar otras opciones como postes de madera, cañas de bambú, etc, aunque hay que asegurarse de que no van a estropearse, quebrarse o pudrirse durante la vida útil esperada de la plantación (80-100 años).

El tutor se introduce medio metro en el suelo, cuando se realiza la plantación del pistachero, quedando dos metros por encima del nivel del suelo.

En el caso de que pueda existir riesgo de presencia de herbívoros silvestres (ciervos, conejos, …) o domésticos (ovejas, cabras, …) es imprescindible utilizar un protector para proteger el pistachero.

Una vez finalizada la plantación es preciso realizar un alcorque en cada árbol para proceder a un riego de asiento generoso y abundante de no menos de 80/100 litros por árbol. Para mejorar las posibilidades de éxito de la operación (no es imprescindible) se puede realizar otro riego con la misma cantidad de agua una semana después del primer riego. Con estos dos riegos de asiento la planta ya debe aguantar todo el invierno y no se debe volver a regar hasta que llegue el periodo de calor (mitad de la primavera). Aproximadamente hacia la mitad de la primavera, se debe volver a realizar otro riego de asiento con otros 80/100 litros y proceder a tapar definitivamente el alcorque con tierra.

En caso de disponer de riego, no se realizará el tercer riego de asiento, sino que se procederá a su puesta en marcha a partir de mediados de la primavera (mayo en el hemisferio norte/noviembre en el hemisferio sur), pero cubriendo exclusivamente sus necesidades de evapotranspiración y evitando encharcamientos.

Riego.

Las necesidades hídricas del pistachero oscilan entre los 300 y 600 mm año, según variedad. En zonas áridas estas necesidades se cubren con dotaciones de riego de entre 4000 y 6500 m3/Ha.

El riego localizado es muy apropiado para este cultivo ya que se evitan los encharcamientos. Si se tiene que regar con otro sistema diferente al riego localizado hay que decir que el pistacho reacciona mejor a riegos abundantes con poca frecuencia, que a pequeños riegos con mucha frecuencia.

Para conseguir mucha producción y de calidad, es muy conveniente dividir las aportaciones de riego en tres fases:

  • FASE 1: Desde floración hasta el máximo tamaño del fruto. En esta fase se tienen que cubrir completamente las necesidades hídricas.
  • FASE 2: Endurecimiento de la cáscara: Para conseguir un buen endurecimiento se restringe la dotación de riego. El óptimo es aportar solo la mitad de las necesidades.
  • FASE 3: Maduración del fruto hasta recolección. En esta fase, como en la primera, se tienen que cubrir el 100% de las necesidades hídricas.

Poda.

A continuación se describen los tipos de poda:

Poda de formación.

Para la poda de formación, después del primer año de crecimiento del injerto, se debe cortar la rama líder del árbol a una altura de entre 1,4 y 1,6 metros en los ejemplares que van a hacer la función de machos polinizadores y entre 1,0 y 1,4 metros en los ejemplares que van a hacer la función de hembras productivas. El objetivo de este despunte de la rama líder es la formación de entre 3 y 5 ramas laterales (3 es lo recomendable) separadas entre sí unos 30 cm y seguir el sistema de formación en vaso o eje modificado. Durante los tres a cuatro años siguientes, los brotes nuevos deben despuntarse a 75 cm, aproximadamente, para estimular la formación de yemas laterales de las ramas madres, impidiendo de esta forma que el ángulo de inserción de los brotes sea mayor a 45º y evitando que el peso del ápice pueda abrir en exceso las ramas. El objeto de esta poda de formación es permitir una adecuada ventilación del interior de la copa y facilitar la rápida inducción de las yemas florales.

Poda de producción y saneamiento.

Una vez formada la estructura del árbol, solo deben efectuarse podas suaves. Debido a que el pistachero produce sus yemas florales lateralmente en los brotes del año, la poda realizada debe estimular el crecimiento de las ramillas para mejorar la producción.

Esta poda es fundamental porque facilita un buen estado fitosanitario que mejora los rendimientos. Cuando se combina la poda de producción con riego, la producción es más abundante, de más calidad y se extiende durante más tiempo.

La poda de producción o saneamiento incluye las siguientes acciones:

  • Eliminar el material vegetal enfermo.
  • Eliminar tanto los ejes terciarios como los secundarios que ya produjeron y aquellos en los que no cuajaron las flores, para facilitar la renovación de los ejes.
  • Eliminar los ejes terciarios en producción dañados o débiles.

Control de malezas.

Las técnicas de control de malezas son las siguientes:

  • Manual o mecánica.
  • Uso de coberturas o acolchados (orgánicos o no).
  • Control químico.

En el control manual o mecánico, hay que tener cuidado a la hora de no afectar a las raíces de la planta para evitar la infección de la planta con plagas y enfermedades del suelo.

Si se opta por el uso de coberturas o acolchados, hay que seleccionar bien el material utilizado para evitar la propagación de plagas y enfermedades.

Las coberturas vivas, requerirán de un mantenimiento periódico para evitar que compitan con el cultivo o se conviertan en refugio de algunas plagas, como puede ser el segado periódico o el tratamiento con herbicidas.

Los acolchados deberán ser supervisados periódicamente para reponer las zonas deterioradas o degradadas. En el caso de que el acolchado este compuesto de materia orgánica (compost, paja de cereal, virutas de madera,…) habrá que comprobar que no se produce una retirada de nutrientes al cultivo durante el proceso de descomposición de la materia orgánica.

En el control químico, para evitar riesgos para la salud y el medio ambiente, se recomienda lo siguiente:

  • Eliminar todos los brotes próximos al fuste o tronco principal, localizados entre el suelo y la primera rama principal.
  • En un radio de 20 cm alrededor del tallo principal, no se aplica herbicida
  • Emplear equipo en buen estado y calibrado, con las boquillas de aplicación en buen estado y sin obturaciones.
  • Lavar el equipo con agua limpia y protegerlo del deterioro.
  • Realizar la aplicación a favor del viento y protegerse con guantes, mascarilla y ropa adecuada.

Abonado.

La cantidad de fertilizante que se debe usar depende de la reserva del suelo y los requerimientos de la planta. Por este motivo antes de fertilizar es conveniente realizar un muestreo y análisis del suelo. Esta herramienta es especialmente útil en el caso del nitrógeno, para lo cual las investigaciones realizadas en el valle de San Joaquín en EE.UU, determinaron que ante niveles altos de este elemento en el suelo, solo se requeriría aplicaciones para mantener el nivel de N, ya que, parece ser, que el pistacho no es muy exigente en este elemento.

Síntomas de deficiencias en Pistachero y rango adecuado de nutrientes en análisis foliar
Cuadro 1: Síntomas de deficiencias en Pistachero. Fuente: Elaborado en base a la bibliografía consultada. Referencias (1) y (2).

El muestreo para realizar el análisis foliar debe realizarse en el mes de agosto en el hemisferio norte y en febrero en el hemisferio sur. Para realizar el muestreo se seleccionan los foliolos del tercio medio de ramillas del mismo año.

Las dosis recomendadas de fertilización varían de año a año en función de la edad del pistachero.

Fertilización recomendada para el pistachero
Cuadro 2: Fertilización recomendada para el pistachero. Fuente: Elaborado en base a la bibliografía consultada. Referencias (1) y (2).

En las aplicaciones de nitrógeno se recomienda utilizar nitrato potásico, aplicado en primavera en varias veces hasta mediados del verano. La fertilización con este elemento finaliza a mediados de verano para evitar una escasa lignificación de los brotes y que puedan ser dañados por las primeras heladas de otoño.

El fosforo puede aplicarse todo de una vez al comienzo de la primavera.

En el caso del boro, puesto que es muy frecuente que los suelos de secano tengan un bajo nivel de este micronutriente, debe realizarse aplicaciones de boronatrocalcita en otoño en la proyección de la copa del árbol.

Para el Zinc se recomienda realizar aplicaciones foliares de sulfato de Zinc, o producto equivalente, al 7% en la época de hibernación de los árboles y dos aplicaciones al 1% en primavera. Estas aplicaciones son equivalentes a una aplicación de 0,2 kg de Zinc/Ha.

El Magnesio se puede aplicar también por vía foliar, en primavera, combinado con el Zinc.

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Cultivo del Pistachero (Pistacia vera L.)

El pistachero (Pistacia vera L.) es un pequeño árbol originario de las regiones montañosas de Grecia, Siria, Turquía, Kirguistán, Turkmenistán, Irán, Pakistán y Afganistán occidental que produce un fruto de interés culinario denominado pistacho. Fue plantado por primera vez en Asia occidental desde donde su cultivo se extendió hacia las civilizaciones ribereñas del Mediterráneo, pasando por los actuales Irán, Iraq, Siria y Turquía. Más recientemente, su cultivo se ha extendido por Australia, Nueva Zelanda, Mauritania, Madagascar, Sudáfrica, Estados Unidos o México, sobre todo en zonas con escasas precipitaciones o climas similares al clima Mediterráneo continental (veranos cálidos e inviernos templados).

DENOMINACIÓN.

Pistachero, alfóncigo, alfónsigo (español); Pistachio (ingles); Pistachier, pistachier commun, pistachier cultivé, pistachier vrai (francés);Pistazie, Pistazienbaum (alemán); Pistacchio (italiano); Pistache, pistáchio (Portugués)

FAMILIA BOTANICA

Anacardiáceas

DESCRIPCION BOTANICA

El pistachero es un árbol dedicuo, caducifolio, de copa redondeada, con una altura promedio de 5 m y con una copa que alcanza hasta los 10 m de diámetro. Sus ramas madres y secundarias son abiertas y colgantes. La madera es muy dura, pesada y resistente, de un color amarillo intenso cuando es joven y de un color rojo oscuro en los arboles adultos. Presenta un sistema radical pivotante en condiciones de riego y suelo profundo o superficial en suelos poco profundos y áridos. El sistema radical, muy desarrollado y profundo, proporciona al árbol una gran tolerancia a la sequía, pero al mismo tiempo lo hace susceptible a la falta de oxígeno en el suelo, es decir, no tolera bien los suelos propensos al encharcamiento o con escasa capacidad de infiltración de agua.

Pistachero en fructificación.
Imagen nº1: Pistachero en fructificación.

Sus hojas son pinnadas, con 3 a 5 foliolos de 10-20 centímetros de largo.

Rama fructífera de pistachero.
Ilustración 1: rama fructífera de pistachero.

La yema terminal del brote es vegetativa, mientras que las yemas axilares son vegetativas y reproductivas. Las yemas vegetativas son pequeñas y fácilmente diferenciables de las florales que son de mayor tamaño y no tienen primordios vegetativos. La brotación se produce en primavera y es anterior a la floración.

Es un árbol dioico, es decir, con flores femeninas y masculinas en plantas separadas. La inflorescencia se corresponde con una panoja o panícula, portando 100 o más flores estaminadas (macho) o pistiladas (hembra). Debido a lo anterior, los arboles con flores macho deben ser incluidos en plantaciones comerciales en una proporción de uno por cada ocho arboles productores o hembras. Se poliniza por el viento o anemófilamente. Normalmente los machos producen gran cantidad de polen poco antes de que los pistilos de las flores hembra estén receptivos. Debido al comportamiento variable en la floración, es muy recomendable que el periodo de floración de las flores femeninas sea cubierto por más de un polinizante o macho.

Pistachos listos para su consumo.
Imagen 2: Pistachos listos para su consumo.

El fruto es una drupa que contiene una semilla alargada que es la porción comestible. La semilla es de color verde amarillento dentro de una cáscara bivalva delgada y dura, rodeada de una cubierta carnosa y resinosa. La semilla de pistacho es muy nutritiva y es rica en proteínas (18,8 a 23,8% de su peso), en aceite (50 a 60% de su peso) y con contenido en calorías algo inferior al mismo peso en mantequilla. La cosecha es gradual y se produce en los meses de verano y principios del otoño.

Cuando el fruto madura, la piel cambia del verde a un amarillo rojizo otoñal y su cáscara se rompe y se abre parcialmente. Esta rotura de la cascara se conoce como dehiscencia/eclosión y ocurre acompañado por un sonido que es audible. Esta característica de apertura de la cáscara ha sido seleccionada y potenciada en las variedades comerciales.

Las plantas son dioicas, tienen pies masculinos y femeninos separados.

Inflorescencia de pistachero
imagen 3: Inflorescencia de pistachero

Las flores son apétalas y se reúnen en inflorescencias llamadas panículas. La fecundación de la flor es, fundamentalmente, anemófila (a través del viento).

Para una buena polinización, la máxima producción de polen debe producirse en los primeros dos a tres días después de iniciada la apertura de las flores femeninas. Las abejas no cumplen ningún papel debido a que solo visitan los machos y no a las hembras, ya que las flores de estas últimas no tienen néctar ni pétalos que las atraigan.

PRINCIPALES USOS Y PROPIEDADES MEDICINALES.

El principal uso del pistacho es como fruto seco. Según diversos estudios científicos el consumo de pistachos tiene beneficios para la salud:

  • Es cardiosaludable, ayudando a proteger al corazón.
  • Es una buena fuente de vitaminas y minerales.
  • Los pistachos son un fruto seco escasamente calórico, por lo que es interesante incluirlos en dietas de control de peso.
  • Los pistachos ayudan a reducir el riesgo de padecer la enfermedad de degeneración macular en los ojos.
  • Los pistachos ayudan a reducir la sequedad de la piel.
  • Son una buena fuente de fibra alimentaria, ayudan en la digestión y son probióticos, protegiendo la flora intestinal.
  • Los pistachos reducen el riesgo de padecer diabetes.
  • La asimilación de hierro por el organismo se facilita con el consumo de pistachos.
  • Los pistachos ayudan a mantener bajos los niveles de colesterol malo (LDL) en la sangre.

REQUERIMIENTOS AGRONOMICOS.

Franja térmica de cultivo.

Los pistacheros son muy resistentes a climas con importantes oscilaciones térmicas entre el invierno y el verano. Pueden sobrevivir a temperaturas que van desde -10ºC en invierno, hasta los 40ºC en verano.

Para conseguir una correcta maduración de los frutos, la plantación de pistacheros debe ubicarse en zonas donde se acumulen suficientes Unidades de Calor (UC) o grados día (GD) desde abril hasta septiembre (ambos meses incluidos), sobre todo, para las variedades tardías. De acuerdo a los estudios realizados con plantaciones de pistacheros por todo el mundo, el número mínimo necesario sería del orden de 3.600 UC para las variedades tardías y de 3.200 UC para las variedades tempranas.

Si se opta por variedades tempranas es muy posible que se puedan satisfacer las necesidades de calor como para obtener una buena maduración de los frutos, pero hay que tener en cuenta la incidencia de heladas primaverales tardías y la humedad ambiental durante el periodo de crecimiento que pueden acabar con la cosecha.

Para el cálculo de las UC se puede emplear la fórmula siguiente:

UC = [Med(TMedmax)+Med(TMedmin)/2] x N.

Siendo:

  • TMedmax Conjunto de temperaturas medias máximas de los meses de abril, mayo, junio, julio, agosto y septiembre.
  • TMedmin: Conjunto de temperaturas medias mínimas de los meses de abril, mayo, junio, julio, agosto y septiembre.
  • Med( ): Valor medio del conjunto de temperaturas.
  • N: es un valor constante que se corresponde con el número de días del periodo Abril-Septiembre que es 183.

El pistacho, además de suficientes Unidades de Calor requiere también horas de frío, entendidas como un determinado número de horas en días consecutivos por debajo de una determinada temperatura limite, que en este caso es de 7 ºC. La variedad comienza su brotación cuando completa las necesidades de frío, es decir, cuando se inicia el ascenso térmico a comienzos de la primavera. Si se elige una variedad que no cubre el número de horas de frío, va a florecer de forma irregular y afectará negativamente a la producción. Dependiendo de las variedades, el pistacho requiere desde unas 400 horas de frío para las variedades más tempranas y hasta las 1000 horas de frío para las más tardías.

Franja de altitud del cultivo.

La altitud no afecta, en principio, a la ubicación del cultivo de pistacho. El único lugar donde puede haber problemas de cultivo es en las proximidades del mar, donde es muy posible que el número necesario de horas de frío sea insuficiente.

Requerimientos hídricos del cultivo.

El pistachero florece en el hemisferio norte en la última quincena del mes de marzo para la mayoría de las variedades tempranas y a mediados del mes de abril para las variedades tardías. Si se utilizan variedades tempranas, una última quincena del mes de marzo poco lluvioso y con riesgo mínimo de heladas es lo más adecuado, mientras que si se trata de variedades tardías, un mes de abril poco lluvioso y con riesgo mínimo de heladas es lo recomendable.

Franja de humedad ambiental.

La humedad ambiental afecta especialmente a este cultivo, por dos motivos fundamentales:

  • El exceso de humedad perjudica el transporte de polen de unas plantas a otras.
  • Una mayor humedad relativa supone una mayor incidencia de ataques de plagas y enfermedades.

El cálculo del índice de Humedad Relativa Ambiental (HR) se realiza tomando la humedad relativa media de los meses de Junio, Julio, Agosto y Septiembre para, seguidamente, calcular la media del periodo.

Se puede establecer que un índice HR por encima del 40% compromete el buen estado fitosanitario de la plantación y, por lo tanto, una producción rentable y ecológica.

Requerimientos edafológicos.

Es una planta que se da bien en climas áridos y semiáridos de todo el planeta. Como consecuencia de su adaptación a estos climas, ha desarrollado una alta tolerancia a los suelos salinos y prospera bien incluso cuando se utiliza agua de riego con concentraciones de 3000-4000 ppm de sales solubles.

Requieren suelos ligeros (francos o franco-arenosos) y bien drenados, porque no se desarrollan bien en condiciones de alta humedad del suelo. El rango de PH en el que mejor se desenvuelve es entre 5 y 7, es decir, es bastante apto para suelos ligeramente alcalinos a neutros. Cuanto mayor profundidad tenga el suelo y menores sean las posibilidades de encharcamiento, mucho mejor.

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