Fertilizantes y Fertilización. La interacción entre el suelo y los nutrientes vegetales.

Fertilizantes para obtener mayores y mejores producciones agrícolas. El suelo como almacén y distribuidor de los fertilizantes

El uso de los fertilizantes debería ser parte de un programa integrado de buenas prácticas agrícolas con el objetivo de mejorar la producción de los cultivos.

Es difícil estimar con exactitud cuál es la contribución de los fertilizantes minerales al aumento de la producción agrícola, debido a la dependencia que tiene este componente con respecto a otros factores importantes. Sin embargo, si se puede asegurar que los fertilizantes tienen un papel decisivo en la productividad agraria, incluso considerando el importante papel que el desarrollo de nuevas tecnologías, la mecanización agraria y las mejoras en la gestión integrada de los agroecosistemas tienen en este sentido.

Los nutrientes que necesitan las plantas se toman del aire y del suelo, aunque la inmensa mayoría de ellos proceden del suelo. Si uno solo de los nutrientes necesarios para la planta es escaso, el crecimiento de las plantas y el rendimiento del cultivo se reducen. Para obtener un buen rendimiento del cultivo es muy importante proporcionar los nutrientes suficientes en las cantidades que las plantas precisan.

Fertilización, materia orgánica y manejo del suelo.

Antes de pensar en realizar ninguna aplicación de fertilizantes para un cultivo es muy conveniente conocer cuáles son las fuentes de nutrientes accesibles y disponibles en el suelo. Los nutrientes necesarios pueden estar disponibles en el suelo pero en formas inaccesibles para el cultivo, debido a causas físicas, químicas o biológicas. A modo de ejemplo para cada uno de estos motivos:

  1. Una causa física que hace que los nutrientes no estén disponibles en el suelo puede ser la compactación del perfil del suelo por diferentes circunstancias de manejo del suelo (paso de maquinaria, elevada concentración de sales, falta de humedad superficial,….)
  2. Un motivo químico como puede ser un nivel de PH bajo (ácido) que modifica el equilibrio químico del suelo transformando determinados nutrientes esenciales en formas no asimilables por las plantas
  3. Y un motivo biológico puede ser la ausencia de determinados microorganismos fijadores de nitrógeno que viven en simbiosis con algunos cultivos, principalmente de la familia de las leguminosas (trébol, veza, arveja, guisante, haba, lupino, …)

Excepto en el último ejemplo en el que puede ser necesaria la inoculación del microorganismo fijador de nitrógeno junto con la semilla, el mantenimiento de un contenido saludable de materia orgánica en el suelo puede ayudar en gran medida a corregir las deficiencias en el acceso a los nutrientes esenciales. Además, la aportación de materia orgánica es una fuente de nutrientes muy interesante que puede estar muy próxima o accesible al cultivo y que se puede obtener de los excrementos de animales, restos vegetales u otras materias orgánicas como pueden ser las procedentes de la industria alimentaria, industrial y urbana.

Fotografía 1: Imagen de cultivo de Habas (Vicia Faba) que se asocia con bacterias del genero Rhizobium para fijar nitrógeno atmosférico

Aunque la aportación de materia orgánica habitualmente beneficia al cultivo, también es cierto que pueden aparecer problemas de inmovilización de nutrientes esenciales y contaminación ambiental como consecuencia de su uso. Ciertos restos vegetales, como la paja del maíz y de otros cereales, causan una inmovilización de nutrientes tras su incorporación al suelo, desplazando la disponibilidad de nutrientes esenciales hacia el cultivo posterior, simplemente porque los microorganismos del suelo consumen esta materia orgánica y la incorpora a su biomasa. La utilización de estiércoles, purines y otros restos de origen animal, ocasiona efectos no deseados sobre el terreno de cultivo como la dispersión de semillas de malas hierbas, la contaminación de las aguas subterráneas, cambios en el PH del suelo, modificación de la composición de la biota (fauna y flora) del suelo o la dispersión de plagas y enfermedades de las plantas o los animales. La incorporación de restos vegetales contaminados al suelo con elementos de propagación de patógenos, plagas y enfermedades (esporas, semillas,…), favorece la dispersión desde focos puntuales a otras zonas del cultivo.

Para reducir los posibles inconvenientes que supone la utilización de residuos orgánicos “en bruto”, tradicionalmente y a lo largo de los muchos de los siglos en que existe la agricultura, se han establecido rutinas y procesos que mejoran la disponibilidad y accesibilidad a los nutrientes. Entre otros sistemas, que no vamos a describir en el este artículo, se encuentra el compostado de residuos orgánicos de todo tipo, la “maduración” de los estiércoles (utilización diferida), los abonos verdes, fermentación anaerobia de residuos orgánicos diluidos, etc.

Fotografía 2: Detalle de aportación de compost (materia orgánica fermentada y digerida por la biota del suelo) sobre suelo

La incorporación de residuos de cosecha o abonos verdes (cultivos específicamente introducidos en la rotación para incorporar materia orgánica al suelo) y los abonos de origen animal contribuyen a la acumulación de materia orgánica en el suelo. Sin embargo, los efectos sobre el suelo son distintos dependiendo de si la materia orgánica que se incorpora es de origen vegetal o animal, aún en cada caso para iguales tasas de incorporación al suelo.

La utilización de materia orgánica “madurada” o “procesada” mejora la disponibilidad de nutrientes para el cultivo y reduce los inconvenientes

A pesar de estos inconvenientes, lo cierto es que la aportación de materia orgánica al cultivo también proporciona algunas ventajas entre las que destacan:

  • Mejora de la estructura e incrementa la porosidad del suelo.
  • Reducción de la erosión, tanto del agua como del viento, mediante el incremento del tamaño de las partículas, el aumento de la estabilidad de los agregados al agua y la disminución de la compactación.
  • Proporciona recursos energéticos a los organismos del suelo que participan activamente en los ciclos de muchos nutrientes que de esta forma se vuelven disponibles para las plantas, además de participar en la formación y estabilización de la estructura y porosidad del suelo.
  • Mejora la retención de agua y su infiltración hacia capas más profundas del suelo.

Y tiene mucho que ver con la fertilidad porque mejora una propiedad clave del suelo denominada Capacidad de Intercambio Catiónico (CIC).

La CIC es la capacidad que tiene el suelo para retener y liberar iones positivos, gracias a su contenido en arcillas y materia orgánica. Es una propiedad química del suelo, vinculada a la fertilidad, que tiene una componente fija y otra variable que depende del PH. La CIC fija proviene de los coloides inorgánicos (arcillas cristalinas, geles amorfos, óxidos y sesquióxidos de hierro y aluminio), mientras que la CIC variable depende, sobre todo, de coloides orgánicos y sustancias húmicas presentes en la materia orgánica. Cuanto mayor es la fracción de materia orgánica del suelo, mayor es la capacidad de retención de nutrientes, en su mayoría de carga positiva, en el suelo y no solo eso, también la retención de estos nutrientes es más intensa y más accesible para el cultivo.

Un nivel de CIC elevado, implica una mayor capacidad de almacenamiento de nutrientes y mayor accesibilidad para el cultivo.

Ha quedado claro que la aportación de materia orgánica al suelo, a pesar de los inconvenientes, es beneficiosa para la productividad de los cultivos. Sin embargo, lo más interesante de un contenido saludable de materia orgánica en el suelo es como puede ayudar a una gestión sostenible y sustentable de los agroecosistemas.

La materia orgánica del suelo (MOS) es el conjunto de residuos orgánicos del suelo que se encuentra en diferentes fases de descomposición y que se acumula tanto en la superficie como en el propio perfil del suelo. Dentro de la materia orgánica del suelo se suele incluir una fracción viva o biota que participa activamente en los procesos de descomposición y trasformación de los residuos orgánicos, pero no es la única fracción relevante en el suelo. En la mayoría de los suelos es posible distinguir en la materia orgánica dos fracciones:

  • La fracción lábil, compuesta por una serie de residuos orgánicos que son una fuente de energía para la biota presente en el suelo y que mantienen las características químicas de su material de origen (hidratos de carbono, ligninas, proteínas, taninos, ácidos grasos, exudados vegetales, etc). Constituye la mayor parte de la MOS.
  • La fracción húmica, compuesta por residuos orgánicos transformados y más estables que se encuentra constituida por ácidos fúlvicos, ácidos húmicos y huminas. Supone una pequeña parte de la MOS, aunque es mucho más estable y tiene efectos colaterales que mejoran la capacidad de retención de nutrientes en el suelo.

Ambas fracciones están muy relacionadas entre sí y proceden de aportaciones externas (abonos orgánicos) o internas (restos de cosecha, abonos verdes, descomposición de la biota, …). Las prácticas agrícolas son clave para una adecuada gestión del contenido de materia orgánica del suelo.

La labranza es una práctica que se introdujo para facilitar las labores agrícolas, entre las que destacan el control de malezas o malas hierbas, la formación de la cama de semillas que favorezca la germinación y establecimiento del cultivo, la incorporación de fertilizantes y pesticidas al suelo, la incorporación de residuos del cultivo precedente o la mejora en la retención de agua y nutrientes en la solución del suelo. Sin embargo, también es cierto que a pesar de las indudables ventajas que supone para el incremento de la producción de los cultivos, los sistemas de labranza más habituales exponen el suelo a los principales agentes erosivos (agua y viento) y facilitan la mineralización de la materia orgánica, reduciendo o, incluso, eliminando los efectos beneficiosos de un contenido saludable de materia orgánica.

Ciertas prácticas de labranza o laboreo aplicadas a los suelos ayudan a conservar y mejorar el contenido de materia orgánica, reduciendo la degradación, la erosión y la emisión de gases de efecto invernadero, fundamentalmente en forma de CO2 y CH4 (suelos con escasa aireación). Así por ejemplo, la práctica continuada de sistemas de labranza de “no laboreo” o “cero labranza” se ha comprobado que favorecen la acumulación y el mantenimiento de un contenido saludable de materia orgánica, principalmente en los primeros centímetros del perfil del suelo. Y cuando se utiliza un laboreo que no voltea o remueve el perfil del suelo (laboreo mínimo, laboreo de chisel,…), también se ha comprobado que se reduce la perdida de materia orgánica respecto a las practicas convencionales.

Un adecuado contenido de materia orgánica en el suelo mejora el acceso de las plantas a los nutrientes que necesitan, independientemente de si estos ya se encuentran en el suelo o proceden de aportaciones desde el exterior. En general, la aportación de abonos orgánicos no siempre es suficiente como para cubrir todas las necesidades de nutrientes de los cultivos, incluso donde se dispone de grandes cantidades. Hay que tener en cuenta que la falta de las cantidades necesarias de nutrientes, aunque solo sea de uno de ellos, puede afectar de manera significativa al rendimiento del cultivo. Y no todos los abonos orgánicos tienen todo lo que las plantas necesitan, por lo que siempre será necesario utilizar otras estrategias de fertilización adicionales para evitar una reducción de los rendimientos que incluyan la combinación de distintas fuentes de nutrientes.

Es necesaria una fertilización equilibrada que incorpore al suelo los nutrientes que el cultivo necesita, así como un adecuado manejo del suelo para que esos mismos nutrientes puedan almacenarse y se encuentren disponibles.

Los nutrientes necesarios para el crecimiento de las plantas.

Dieciséis son los elementos esenciales para el crecimiento y desarrollo de muchas plantas cultivadas. La mayor parte de estos elementos esenciales o nutrientes necesarios se encuentran en el aire y el suelo. En el suelo, el medio que contiene estos nutrientes es la solución del suelo de la que la capacidad de intercambio catiónico es una propiedad relevante.

Los elementos esenciales se encuentran localizados en distintas ubicaciones:

  1. Aire: carbono (C) como CO2 (dióxido de carbono);
  2. Agua: hidrógeno (H) y oxígeno (O) como H2O (agua);
  3. Suelo:
    1. Nitrógeno (N)
    2. Fósforo (P)
    3. Potasio (K)
    4. Calcio (Ca),
    5. Magnesio (Mg)
    6. Azufre (S)
    7. Hierro (Fe)
    8. Manganeso (Mn),
    9. Zinc (Zn)
    10. Cobre (Cu)
    11. Boro (B)
    12. Molibdeno (Mo)
    13. Cloro (Cl).
Diagrama 1: Diferentes nutrientes necesarios para el crecimiento y desarrollo de las plantas

En determinados cultivos, también puede ser necesario considerar la presencia de otros elementos químicos no esenciales para el crecimiento de todas las plantas pero si beneficiosos para ellas.

Los fertilizantes, abonos o residuos de cultivos aplicados al suelo aumentan la oferta de nutrientes de las plantas

Las funciones de los nutrientes.

Aparte del carbono, que es absorbido por la planta desde la atmosfera, las plantas cogen todos los nutrientes de la solución del suelo. Estos nutrientes extraídos del suelo pueden clasificarse en dos categorías:

  1. Macronutrientes, divididos en nutrientes primarios y secundarios; y
  2. Micronutrientes o microelementos.

Los macronutrientes se necesitan en grandes cantidades, y grandes cantidades tienen que ser aplicadas si el suelo es deficiente en uno o más de ellos. Los suelos pueden ser naturalmente pobres en nutrientes, o pueden llegar a ser deficientes debido a la extracción de los nutrientes por los cultivos a lo largo de los años, o cuando se utilizan variedades de rendimientos altos, las cuales son más demandantes en nutrientes que las variedades tradicionales.

Los micronutrientes, sin embargo, se necesitan en pequeñas cantidades para el crecimiento correcto de las plantas y solo se agregan cuando el suelo no dispone de ellos o se encuentran en formas no accesibles.

Dentro del grupo de los macronutrientes, necesarios para el crecimiento de las plantas en grandes cantidades, hay que destacar a los denominados nutrientes primarios que son el nitrógeno, fósforo y potasio.

El Nitrógeno (N) es el motor del crecimiento de la planta. Proporciona entre el uno a cuatro por ciento del extracto seco de la planta. Es absorbido del suelo bajo forma de nitrato (NO3-) o de amonio (NH4+) dependiendo del PH del suelo. En la planta se combina con componentes producidos por el metabolismo de carbohidratos para formar aminoácidos y proteínas. Como constituyente esencial de las proteínas, está involucrado en todos los procesos principales de desarrollo de las plantas y en el rendimiento del cultivo. Un suministro adecuado de nitrógeno facilita la absorción de los otros nutrientes.

El Fósforo (P), que proporciona entre el 0,1 y el 0,4 por ciento del extracto seco de la planta, juega un papel importante en la transferencia de energía. Es un nutriente esencial para la realización de la fotosíntesis y para otros procesos químico-fisiológicos. Es indispensable para la diferenciación de las células y para el desarrollo de los tejidos, que forman los puntos de crecimiento de la planta. En general, el fósforo suele ser deficiente en la mayoría de los suelos naturales o agrícolas o dónde la fijación limita su disponibilidad.

El Potasio (K), que proporciona entre el uno y el cuatro por ciento del extracto seco de la planta, tiene muchas funciones. Activa más de 60 enzimas (substancias químicas que regulan la vida) y juega un papel fundamental en la biosíntesis de carbohidratos y de proteínas. El K mejora el régimen hídrico de la planta y aumenta su tolerancia a la sequía, heladas y salinidad. Las plantas bien provistas con K sufren menos de enfermedades.

Los nutrientes secundarios son magnesio, azufre y calcio que las plantas también los absorben en cantidades considerables.

El Magnesio (Mg) es el constituyente central de la clorofila, el pigmento verde de las hojas que funciona como un aceptador de la energía que procede del sol. Este es el motivo por el que entre el 15 y el 20 por ciento del magnesio que contiene la planta se encuentra en las partes verdes. El Mg se incluye también en las reacciones enzimáticas relacionadas a la transferencia de energía de la planta.

El Azufre (S) es un constituyente esencial de algunos aminoácidos y de proteínas, estando también relacionado con la formación de la clorofila. En la mayoría de las plantas compone entre el 0,2 y el 0,3 (0,05 a 0,5) por ciento del extracto seco. Por ello, es tan importante en el crecimiento de la planta como el fósforo y el magnesio; pero su función es a menudo subestimada.

El Calcio (Ca) es esencial para el crecimiento de las raíces y como un constituyente del tejido celular de las membranas. Aunque la mayoría de los suelos contienen suficiente disponibilidad de Ca para las plantas, la deficiencia puede darse en los suelos tropicales muy pobres en Ca. Es muy frecuente que este nutriente se utilice para facilitar la disponibilidad en el suelo de otros nutrientes, ya que su aplicación en cantidades suficientes puede ayudar a reducir la acidez del suelo (PH). En otras ocasiones, un exceso de este nutriente bloquea la disponibilidad de distintos nutrientes al incrementar el PH del suelo (PH básico).

El Calcio es un nutriente que tiene mucho que ver con el PH del suelo

Los micronutrientes o microelementos son el hierro (Fe), el manganeso (Mn), el zinc (Zn), el cobre (Cu), el molibdeno (Mo), el cloro (Cl) y el boro (B). Componen un grupo de nutrientes que son claves en el crecimiento de la planta, siendo comparables con las vitaminas en la nutrición animal. Se absorben en cantidades minúsculas y su disponibilidad en las plantas depende mucho del PH del suelo. En algunos casos, un exceso de suministro de alguno de estos nutrientes, como puede ser el caso del Boro, puede tener un efecto adverso o, incluso, toxico sobre el cultivo.

Además de todos estos nutrientes que se han descrito, existen algunos otros nutrientes benéficos que pueden ser importantes para algunos cultivos en concreto. Es el caso del Sodio (Na) para la remolacha azucarera, el Silicio (Si),
para los cereales, en los que fortalece el tallo para resistir el vuelco, o el Cobalto (Co) que es importante en el proceso de fijación de N en las leguminosas.

Algunos microelementos pueden ser tóxicos para las plantas a niveles sólo algo más elevados que lo normal. En la mayoría de los casos esto ocurre cuando el pH es de bajo a muy bajo. La toxicidad del aluminio y del manganeso es la más frecuente, en relación directa con suelos ácidos.

Es importante notar que todos los nutrientes, ya sean necesarios en pequeñas o grandes cantidades, cumplen una función específica en el crecimiento de la planta y en la producción alimentaria y que un nutriente no puede ser sustituido por otro.

Conclusiones.

La aportación de fertilizantes está muy relacionada con la productividad de los cultivos, pero un manejo inadecuado puede causar problemas de contaminación del medio ambiente y de perdida de fertilidad de los suelos.

Un manejo adecuado del suelo que incluya prácticas de laboreo que faciliten la conservación de un contenido saludable de materia orgánica es fundamental para mantener e, incluso, mejorar la fertilidad y reducir las necesidades de fertilizantes.

Los fertilizantes pueden ser necesarios para las plantas en mayores o menores cantidades, pero las cantidades que se precisan para cada cultivo están condicionadas por el propio cultivo, el suelo en el que se desarrolla y las condiciones climáticas en las que se desarrolla.

Plagas, enfermedades y fisiopatias en pistachero

PLAGAS.

Geoica utricularia Pass., Baizongia pistaciae L., Forda formicaria Heyden.

Son homópteros que se engloban en la familia Eriosomatidae que comprende los pulgones con capacidad de producir agallas.

Las agallas son estructuras anormales de partes de los tejidos u órganos de las plantas que se desarrollan por la acción específica o por la presencia de un organismo inductor, en este caso un insecto.

La planta como respuesta reacciona con un desarrollo anormal o patológico de sus células, tejidos u órganos. El insecto utiliza la agalla como un medio de procurarse nutrición y cobijo frente al medio ambiente y enemigos naturales.

En el caso del pistachero la inducción de la agalla es provocada por la acción de la población de individuos al alimentarse.

Los ciclos de vida de estas tres especies que afectan al pistachero son complejos; siendo de tipo holocíclico que se inicia con una hembra fundadora que da lugar a la agalla; de esta emergen insectos alados que efectúan la puesta en árboles diferentes. Después de la hibernación emergen sexúparos alados que completan el ciclo.

Baizongia pistaciae origina unas espectaculares agallas en forma de cuerno de cabra; F. formicaria produce agallas foliares en forma de media luna y G. utricularia origina agallas en forma de urna.

Control.

Actualmente, existen pocos medios de lucha contra los insectos parásitos del pistachero, siendo el más eficaz la recogida y destrucción de todas las partes infectadas del árbol.

Sinoxylon sexdaentatum Oliv.

Se trata de una especie muy polífaga perteneciente a la familia de los Bostríquidos que engloba más de 300 especies de las cuales la mayor parte son xilófagas. Sus larvas viven en la madera muerta donde excavan galerías profundas. Son recurvadas con los segmentos torácicos muy desarrollados. Los adultos tienen una forma casi cilíndrica con la cabeza más o menos protegida dorsalmente por el protórax, y el extremo de los élitros está frecuentemente truncado y cubierto de protuberancias. Se interpreta estas protuberancias como órganos que facilitan el contacto con las paredes de la galería.

La mejor forma de controlar la plaga es mediante la recogida y protección de las partes infectadas del árbol.

Gorgojo (Trogoderma granarium Everts.).

Son coleópteros que permanecen escondidos en frutos almacenados por largos periodos, siendo una plaga muy seria en productos almacenados bajo condiciones secas y calientes. En condiciones óptimas, las hembras ovipositan alrededor de 50 a 90 huevos, los cuales eclosionan en 3 a 14 días. El desarrollo completo se presenta en un rango de 21 a 40ºC. El ciclo de vida de huevo a adulto es de aproximadamente 220 días a 21ºC, 39 a 45 días a 30ºC y 75% de humedad relativa y 26 días a 35ºC. El desarrollo larval no ocurre a temperaturas menores de 21ºC.

La larva ocasiona serios daños a los frutos almacenados, pudiendo ocasionar la completa destrucción de los mismos; refugiándose en las grietas de los almacenes donde su respiración se hace extremadamente baja.

En estado de diapausa la larva es extremadamente resistente a los efectos de los insecticidas y fumigantes; en este estado no solo favorece la supervivencia del insecto sino también a la dispersión, pues frecuentemente es encontrada en materiales de transporte como sacos y camiones.

Los síntomas se manifiestan como masas de pelos con las exuvias larvales que gradualmente salen de las grietas entre los sacos.

El estado que más se detecta durante la inspección, es la larva.

La mejor medida para el control de esta plaga es la limpieza de los residuos de campañas anteriores, aunque tambien es preciso proteger todas las aberturas (puertas, ventanas, etc) de los almacenes y conservar los frutos y semillas con redes de mala muy fina para evitar el acceso del insecto.

Para el control biológico existen unos ácaros del genero Pyemotes que son parasitoides de la plaga, atacando y matando los estados inmaduros de Trogoderma granarium.

La hembra fecundada del ácaro llega a un huésped para alimentarse de él y durante este proceso le inyecta una toxina con la saliva, que paraliza al insecto y finalmente lo mata. El ácaro parasitoide no se introduce en el cuerpo de su huésped, pero permanece fijado a él, y se alimenta hasta que su descendencia alcanza su completo desarrollo, después del apareamiento, la hembra busca un nuevo huésped para reiniciar el proceso.

Enfermedades.

Verticillium alboatrum Reinke y Berth.

El pistachero es atacado por numerosos hongos, entre los que destaca el Verticillium. Este hongo provoca el marchitamiento del árbol y puede acabar con ejemplares de diversas edades, pues ataca los tejidos vasculares. Una forma de lucha contra este hongo es el seleccionar patrones resistentes como puede ser Pistacia integerrima.

Rosellinia necatrix Prill.

Este hongo produce un peritecio ostiolado que raramente se encuentra en la naturaleza. Los peritecios son esferoidales y negros, y se producen en una costra micelial.

Característicos hinchamientos en forma de pera en los septos de las hifas somáticas son características distintivas de diagnóstico.

El hongo produce microesclerocios negros y dispersos que tienden a unirse y formar capas microsclerociales.

Rosellinia necatrix puede sobrevivir durante varios años en raíces podridas en la tierra y ocasionalmente como micelios o microesclerocios libres en el suelo o adheridos a los desechos de la raíz.

La infección primaria tiene lugar desde el micelio que ataca las raíces finas y entra por penetración directa. Las hifas se ramifican libremente en el córtex, destruyéndolo cuando crecen hacia las raíces mayores.

El hongo se extiende por crecimiento a través del suelo e infecta las raíces de los árboles adyacentes. El suelo infectado y los trozos de raíces muertas pueden ser distribuidos en el cultivo o en las plantas de vivero.

La lucha contra el ataque de este hongo consiste en evitar su difusión y eliminar las fuentes de inoculo. Como medida preventiva se debe evitar dañar las raíces cuando se estén realizando labores culturales.

Phytophthora citricola Swada.

Los síntomas aéreos de esta enfermedad aparecen primero como un crecimiento insuficiente el brote. Si el sistema radicular es infectado en otoño, los síntomas aéreos pueden que no aparezcan hasta la siguiente estación. Las hojas de los árboles afectados son normalmente escasas, pequeñas y cloróticas.

La sintomatología en los frutos se caracteriza por la aparición de algunos de ellos con un tamaño pequeño y quemados por el sol. Cuando la enfermedad pasa a una etapa avanzada, los brotes y ramas pueden secarse y morir de manera súbita. El deterioro, que conduce a la muerte del árbol, tiende a ser más rápido en viveros y plantaciones jóvenes que en árboles grandes y bien establecidos.

Para controlar la enfermedad, hay que eliminar lo antes posible todos los ejemplares enfermos y destruirlos para eliminar cualquier medio de propagación que pueda tener el hongo. A continuación es necesario desinfectar el suelo, ya sea a través de solarización u otros medios fitosanitarios, químicos o biológicos, que hagan difícil la propagación del hongo. Una estrategia recomendable es mantener un adecuado contenido de materia orgánica en el suelo que favorezca la presencia de microorganismos antagonistas de Fusarium y controlar su población.

Alternaria alternata (Fr.) Kreisler.

Se trata de una enfermedad que puede causar daños en el follaje, flores y frutos, y en casos severos reducir el cuajado de los frutos.

En flores e inflorescencias los síntomas se presentan como pequeñas manchas redondas, preferentemente en el envés de la hoja.

Un síntoma claro de ataque de este hongo es la aparición de pequeñas manchas negras de forma circular al comienzo de la maduración de los frutos.

La principal fuente de inóculo de esta enfermedad son las hojas y brotes infectados. Las hojas caídas son también un reservorio del hongo donde puede sobrevivir durante condiciones frías.

Además de los tratamientos fitosanitarios, químicos o biológicos, una buena estrategia preventiva que pasa por la recogida de los restos de poda, ramas enfermas y hojas caídas, puede ayudar a controlar la enfermedad. Como en el caso del Fusarium, el mantenimiento de un contenido adecuado de materia orgánica que favorezca la aparición de microorganismos antagonistas es una buena opción para prevenir el ataque de este hongo.

FISIOPATÍAS.

Desecación de frutos.

La desecación puede deberse a episodios de frío primaveral que afectan a la supervivencia y formación de las flores, además de un exceso de lluvias durante la antesis que dificultan la polinización.

Caída de frutos.

La caída de frutos se produce por un exceso de temperaturas y una escasa pluviometría.

Falta de maduración de los frutos

Fundamentalmente es ocasionada por la falta de calor, que es una de las áreas limitantes en algunas áreas de cultivo. La correcta elección de la ubicación de la plantación unida a una buena elección varietal puede ayudar a evitar este suceso y garantizar la rentabilidad de la plantación a medio y largo plazo.

La altura sobre el nivel del mar no es uno de los factores que pueden provocar esta fisiopatía, ya que existen plantaciones de pistacho por encima de los 2000 m de altura sobre el nivel del mar.

REFERENCIAS.

  • Hobman F.; Lang D.; Bass A. Pistachio Fertilizer Programme. En: Primary Production of Pistachio. South Australian Deparment of Agriculture.
  • Crane J.; Maranto J.. Pistachio Production. Cooperative Extension. University of California, Division of Agriculture and Natural Resources Publication 2279 15 p.

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Plagas, Enfermedades y Fisiopatias de la Granadilla (passiflora ligularis)

PLAGAS.

Mosca de la fruta – Dasiops spp.

Es la principal plaga que puede afectar a la planta de granadilla. Los síntomas de la presencia de esta plaga aparecen en la fruta, que se arruga y mantiene en la planta. Cuando las larvas de la mosca están próximas a completar su ciclo, la fruta cae al suelo para continuar su desarrollo.

La mosca presenta un color azulado, ojos rojos, unos 5 mm de largo y un solo par de alas.

No es conveniente aplicar insecticidas genérico para el control de esta plaga, puesto que puede afectar a los polinizadores. Como medida para el control, se deben recoger lo antes posible las frutas dañadas o que se encuentren en el suelo, para destruirlas de inmediato. Se pueden utilizar trampas selectivas para atraer a los adultos y aplicarles insecticidas de manera localizada. El control biológico se hace mediante avispas parasitoides (Pachycrepideus vindemmiae) que ovopositan en las larvas de la mosca y reducen considerablemente la población de la plaga.

Gusano de las hojas – Agraulis juno.

Esta plaga puede dejar la plantación en poco tiempo sin hojas, por lo que es necesario actuar rápido para controlarla. Trabajan en grupo.

La principal medida de control es la eliminación manual, por lo que debe hacerse lo antes posible. Es muy recomendable revisar periódicamente la plantación e intentar localizar el origen o foco original de la plaga para disponer de barreras o eliminarla “in situ”. No se debe aplicar ningún tipo de insecticida en periodo de floración. El Bacillus Thuringensis es una opción biológica en el manejo de esta plaga.

Nematodos: Meloidogye incognita.

El nematodo predispone a las plantas a infecciones por Fusarium, Alternaria, Phytopthora, Verticillium, Rhizoctonia, Pseudomnonas, Agrobacterium y otras. Este nematodo sobrevive con facilidad en suelos cuya temperatura se encuentra entre los 0 y 40ºC.

La raíz puede ser afectada en cualquier estado de desarrollo, incluso en la etapa de semillero. Las plantas afectadas sufren retrasos es su desarrollo fenológico y solo se detectan los daños en el momento de transplante al lugar definitivo. La presencia de este nematodo se detecta con la aparición de agallas y engrosamientos en las raíces que impiden la absorción de nutrientes y agua.

El control de Meloydogine debe ser preventivo, en las etapas de semillero, desinfectándose el substrato de siembra. La rotación de cultivos es otra practica que puede contribuir al manejo de la enfermedad, si bien se debe evitar la rotación con plantas de las familias Solanaceae (patatas, tomates, ..), Rubiaceae y Musaceae.

La aplicación de materia orgánica fermentada contribuye al control de la enfermedad, pues facilita la reproducción de nematodos saprofitos.

ENFERMEDADES.

Damping-off o sancocho: Pythium spp. y Rhizoctonia spp.

El damping-off es ocasionado por un grupo de hongos que habitan de forma natural el suelo de cultivo y que pertenecen a los generos Pythium y Rhizoctonia.

Esta enfermedad se suele presentar en semilleros mas que en el lugar definitivo de siembra. Ocasiona retraso en el crecimiento y muerte repentina. La mejor forma de prevenirla es el uso de semillas sanas procedentes de frutos sanos y protección de las mismas antes de la siembra con un fungicida que las proteja durante la etapa de emergencia de la plántula.

Secadera, pudrición seca de la raíz.

El agente causal de la enfermedad es Nectria haematoccoca Berk &amp; Br, hongo perteneciente a la clase Ascomycetes.

Es una enfermedad que puede causar extensos daños al cultivo ya que afecta a plantas en diferentes estados de desarrollo. Los primeros síntomas aparecen en plántulas de 20 a 30 días de edad post-emergencia y lo que ocurre es que detienen su desarrollo y se desprenden las hojas más viejas. En el lugar donde estaba la inserción de la hoja desprendida se observa una necrosis (tejido vegetal muerto) de color amarronado que con el tiempo se extiende y avanza de manera ascendente, cubriendo parcialmente el tallo. Las hojas afectadas presentan quemazón sistémica de color café claro, que se extiende a lo largo de las nervaduras lo que acaba causando la muerte de la hoja (corte de la circulación de la savia). Cuando la necrosis se extiende a lo largo del tallo provoca episodios de clorosis, marchitez de hojas y muerte generalizada de la plántula.

En las plantas adultas, la enfermedad se localiza principalmente en el cuello de la raíz, afecta a la corteza, tapona los haces vasculares e impide el paso de la savia. Después de invadir el tallo se extiende a las raíces y ocasiona marchitez de hojas, arrugamiento de frutos y, finalmente, la muerte de la planta. En estados avanzados de infección, se aprecian cuerpos fructíferos del hongo como puntos diminutos de color rojo intenso, los cuales, al ser desprendidos por la lluvia, infectan a otras plantas.

El hongo es un habitante natural del suelo y su desarrollo esta relacionado con un exceso humedad en la zona adyacente de la base del tallo, mal drenaje, heridas en la base del tallo o en las raíces. También, la presencia de nematodos de los generos Meloydogyne y Pratylenchus predisponen a la planta al ataque de la enfermedad. La invasión se produce a través del xilema, creciendo el micelio del hongo en su interior y formando microconidias que son llevadas con la savia en la translocación normal, presentado bloqueo y taponamiento de vasos y formación de enzimas y toxinas. Una vez muere la planta, el hongo coloniza la corteza y esporula.

El hongo puede sobrevivir por mucho tiempo en el suelo y en residuos de cosecha, no obstante, para poder infectar y colonizar requiere heridas, las cuales pueden ser causadas por cuarteaduras naturales de la corteza, insectos, nematodos o por el hombre durante las labores de cultivo.

Al ser el hongo un habitante natural del suelo la principal medida de control debe ser la higiene y limpieza de suelos y substratos utilizados en la propagación y cultivo de la planta. En el momento en que se detecten síntomas en alguna de las plántulas, deben ser eliminadas y retiradas de manera inmediata del lugar, sin reponerse, encalando y tratando el agujero con un fungicida. Asi mismo, es muy conveniente aislar el lugar del foco, evitando el encharcamiento y controlando el movimiento del agua de escorrentía.

Roña de los frutos: Colletotrichum glocosporioides Penz. Melanconiales.

Tambien conocida como Antracnosis asociada al hongo Colletotrichum glocoporioides Penz.

En los frutos, las lesiones se encuentran algo hundidas en la cobertura exterior. Son secas, de color café claro, redondeadas y de tamaño variable (entre 1-2 mm) y con acérvulos subepidermiales (semejantes a puntos negros) que sobresalen sobre las lesiones. Las lesiones se presentan en grupos o aisladas y, frecuentemente, se observan siguiendo el movimiento del agua de lluvia sobre el fruto. Lo que mas favorece la aparición de la enfermedad son las condiciones de alta humedad relativa, alta precipitación y excesivo sombreamiento del cultivo.

Mancha ojo de pollo, Quemazón: Phomosis spp.

Enfermedad fúngica que ataca a las estructuras florales del cultivo. Se puede considerar como un patógeno débil que requiere de condiciones ambientales muy específicas para infectar, pues para la diseminación del inóculo requiere de alta humedad y viento fuerte.

La enfermedad tiene mayor incidencia en los órganos tiernos de la palnta, como pueden ser las hojas jóvenes, tallos, brácteas, botones florales e, incluso, frutos en formación. El hongo aparece mas frecuentemente en invierno, aumentando la caída de botones florales y frutos recién formados. También puede aparecer en semilleros.

La mejor medida preventiva en este caso es facilitar la aireación y penetración de la luz en el cultivo. Cuando ya se esta produciendo el ataque, lo mejor es la poda de las estructuras afectadas y aplicación de pastas cicatrizantes a base de sulfato de cobre (pasta bordelesa) y, para evitar la propagación, la retirada y quema del material vegetal afectado por la enfermedad.

Mildius pulverulentos y blancos en granadilla: Oidium spp y Ovulariopsis spp.

Las hojas afectadas por mildiu pulverulento muestran lesiones difusas individuales de forma circular y color blanco en el haz, siendo de tamaño variable. En ocasiones llegan a cubrir toda la lámina foliar y en una etapa más avanzada llegan a cubrirse de una masa de estructuras somáticas y reproductivas del hongo causante de la enfermedad.

En los frutos, aparecen lesiones individuales, blanquecinas y estrelladas que posteriormente se necrosan. En tallos también pueden aparecer manchas del hongo.

Las lesiones de los mildius blancos son individuales, de forma circular, color blanco y apariencia afelpada. Pueden llegar a cubrir gran parte de la hoja, originando lesiones cloróticas difusas en el haz. El avance de la enfermedad se caracteriza por un oscurecimiento de las lesiones que cambian de color café claro y, después, a oscuro.

Las condiciones favorables para la aparición y desarrollo de estos hongos están relacionadas con una alta humedad relativa y, en ocasiones, con periodos secos prolongados.

Moho gris de los botones florales y de las flores; moho café de las flores y los frutos: Botrytis cinérea Pers. ex Fr. Miniliales.

La enfermedad asociada a este hongo puede causar pérdidas de hasta el 70% de a producción. Afecta, en primer lugar, a los botones florales y flores, llegando a afectar también a los frutos. La enfermedad la causa el hongo Botrytis Cinerea Pers. ex Fr.

Botrytis permanece en el suelo en forma de esclerocios o de micelios sobre restos de plantas en descomposición.

La enfermedad suele aparecer en cultivos que estan iniciando su producción, entre 7 y 8 meses de edad. El primer síntoma de ataque aparece en los botones florales y puede llegar a ser muy severo, ocasionado perdidas superiores al 50%. Cuando la enfermedad se presenta en los botones florales y en los frutos, se observa un moho de color café claro que afecta a los pistilos en la flor ya fecundada. En los frutos recién formados, el moho afecta al pedúnculo y a la base del fruto. Cuando la humedad relativa es alta, puede llegar a cubrir totalmente el fruto.

El hongo penetra a través de las heridas (cicatrices florales, picaduras de insecto y cualquier daño físico), viéndose favorecido su desarrollo con humedades relativas superiores al 95%, temperaturas entre 20-25ºC, abundante luz y un exceso de abonado nitrogenado. Se desarrolla con mas rapidez en órganos senescentes o muertos.

Moho negro de los botones florales: Rhizopus stolonifer (Ehrenb.:Fr) Lind. Mucorales.

El hongo ataca a los pedúnculos y las flores desde su formación. En los pedúnculos que sostienen los botones florales ocasiona una lesión de color café que avanza por la corona y que llega a producir la caída del órgano y en las flores recién abiertas se puede observar un micelio de color negro. En condiciones de alta humedad relativa, el hongo puede infectar todas las estructuras florales, produciendo su caída. Cuando la infección es importante, los daños se extienden a los frutos pequeños y a los frutos en proceso de llenado.

La enfermedad se ve favorecida por periodos continuados de lluvias y temperaturas bajas. En plantaciones con plantas muy próximas entre si y con exceso de follaje, se favorece el ataque de patógeno. En casos extremos, se puede llegar a perder el 100% de la cosecha potencial al infectarse todos los botones florales.

La propagación de la enfermedad se ve favorecida por la presencia de moscas que atacan las flores, ya que las heridas producidas por estos insectos son el punto de entrada del patógeno.

En este caso, la mejor medida preventiva es facilitar la aireación del cultivo, mediante el uso de distancias adecuadas entre plantas y deshojes periódicos. Como la enfermedad se asocia a la presencia de moscas de los botones florales, una buena práctica preventiva es utilizar productos fitosanitarios que las controlen o eliminen.

Mancha mohosa del fruto (moho verde): Cladosporium herbarum (per.:Fr) Link. Moniliales.

Es una enfermedad que no suele tener una incidencia excesiva en las plantaciones comerciales.

Las temperaturas entre 13 y 20 ºC favorecen el desarrollo de la enfermedad. El hongo crece sobre la superficie del pedúnculo del fruto y avanza hacia la parte central, cubriéndolo parcialmente con una pátina verdosa que corresponde a su esporulación.

La enfermedad se ve favorecida por las condiciones de lluvias continuas y temperaturas bajas. La incidencia del hongo es mayor con la presencia de moscas de la fruta que atacan a las flores, ya que las heridas causadas por las larvas favorecen la infección por el hongo.

Este hongo sobrevive principalmente en los residuos de cultivo, dispersándose fácilmente a través del viento, los insectos e, incluso, las propias herramientas de trabajo. La eliminación de restos vegetales potencialmente infectados mediante su quema es una de las primeras estrategias a aplicar para evitar la aparición de la enfermedad.

La retirada del cultivo de las hojas viejas, estructuras florales secas y frutos caídos y, en general, todas aquellas prácticas que favorezcan el aireamiento del cultivo y el sombreo por parte de árboles o bosques próximos.

Enfermedades causadas por virus. Virus de la hoja morada. Anillado de la fruta: virus alargado y flexuoso (SMV)

El virus, en la granadilla, causa la enfermedad denominada “hoja o mancha morada”. Se trata de una de las enfermedades de mayor incidencia e importancia para los cultivos de granadilla, disminuyendo los rendimientos de fruta de primera calidad y exportación, ya que afecta, sobre todo al aspecto exterior del fruto y no afecta al contenido de solidos solubles.

La forma más común de transmisión es la producida por el uso de herramientas infectadas (tijeras de podar, machetes, …) por lo que una buena medida preventiva es la desinfección periódica de las mismas antes de su uso mediante hipoclorito de sodio. Otro vector importante de transmisión es la presencia de insectos de las especies Aphis gossypii y Toxoptera citricida que son huéspedes de la familia de las papilionáceas. En caso de encontrar una planta con los síntomas descritos, lo mejor que se puede hacer es eliminarla de inmediato.

La virosis aparece en las hojas en forma de lesiones estrelladas que, a medida que crecen, se extienden a lo largo de las nervaduras y venas de las hojas, llegándolas a formar grandes manchas moradas, purpuras o rojizas, muy similares a los daños ocasionados por escaldadura o golpe de sol. En las hojas se observa clorosis, epinastia y nervaduras pigmentadas.

FISIOPATIAS.

Agrietamiento de la cascara del fruto.

La cascara de la fruta se rompe y revienta. Causa un problema de apariencia o percepción visual, ya que, normalmente, el interior de la fruta no se ve afectado. Las grietas pueden ser un punto de entrada de hongos que estropean la fruta.

Se desconoce con seguridad cuales son las causas de esta enfermedad fisiológica. Parece ser que los cambios bruscos de temperatura favorecen la aparición de este síntoma. Los desequilibrios nutricionales de Calcio/Magnesio o las deficiencias de Boro también pueden ser un factor desencadenante.

En general, la mejor medida de control de esta fisiopatía es un abonado que mantenga un contenido suficiente de materia orgánica en el suelo.

Quemaduras solares.

Alrededor del pedúnculo de la fruta se manifiesta un área circular descolorida que progresivamente se vuelve de color paja. Generalmente, en el lugar donde se produce este daño, suele atacar el hongo de la antracnosis.

Durante el periodo seco se debe evitar la realización de podas severas que expongan la fruta al sol, sobre todo durante la mañana cuando aún tiene gotas de rocío de la mañana (efecto lupa). Adicionalmente, se deben eliminar las frutas dañadas lo antes posible para que el hongo de la antracnosis no se propague.

Fruta vana.

La fruta tiene poco peso y las semillas presenta un color claro.

La causa de esta fisiopatías es una falta generalizada de nutrientes. Se recomienda la aplicación de un plan de fertilización adecuado y controlado con análisis foliares periódicos.