Salud Vegetal: Prevención, mantenimiento y gestion.

Proteger a las plantas frente a daños, plagas y enfermedades o apoyar sus defensas naturales. ¿Cuál es la mejor opción?

La salud vegetal es aquel estado de bienestar biológico de una planta que le permite la expresión de su máximo potencial productivo y reproductivo y no meramente la ausencia de daño o enfermedad.

En el caso de las plantas cultivadas, la protección de la salud vegetal se puede entender como el uso de una o varias estrategias orientadas a evitar o reducir los daños al cultivo y a protegerlo de plagas, enfermedades o, incluso, algunas deficiencias nutricionales.

A lo largo de su evolución, las plantas, tanto cultivadas como silvestres, han adoptado diferentes mecanismos para protegerse de condiciones ambientales desfavorables, con mayor o menor éxito.

En el caso de las plantas cultivadas, la adopción de mecanismos de protección frente a condiciones ambientales adversas ha estado condicionada por la acción de mejora vegetal dirigida por el ser humano.

La mejora vegetal ha provocado cambios en algunos de los mecanismos de protección innatos que existían en los precursores silvestres (sustancias antinutricionales, tóxicos, espinas, aromas,…) eliminando, transformando o potenciando a algunos de ellos. Favorecer o no los mecanismos de autoprotección de las plantas cultivadas ha dependido de hasta qué punto favorecían o no los intereses de los seres humanos.

El altramuz (Lupinus mutabilis) es un ejemplo de cultivo que contiene una sustancia poco apetecible para los organismos fitófagos y que se ha conservado porque facilitaba el mantenimiento de un buen estado de salud vegetal. La presencia de esta sustancia en la cosecha no perjudicaba en exceso a su uso ya que  podía eliminarse fácilmente mediante la acción del calor para hacerlo apto para consumo humano y ganadero. Por otra parte, este mismo cultivo también es un ejemplo de como la mejora vegetal puede eliminar las sustancias que favorecen la salud vegetal simplemente para  favorecer los intereses humanos. Existen cultivares mutantes de esta especie, conocidos como altramuces dulces, donde se ha eliminado o reducido  el contenido de estas sustancias para evitar someter a las semillas a la acción del calor y disponer directamente de la cosecha para uso. El cultivar mutante se ha hecho más sensible al ataque de plagas y enfermedades, pero ahora es más fácil utilizarlo.

La salud vegetal de las plantas cultivadas no solo está condicionada por la mejora vegetal, sino que también tiene mucho que ver con el manejo que el ser humano realiza del cultivo. La utilización de herbicidas, plaguicidas, fertilizantes o fertimejorantes, tanto químicos de síntesis como de origen orgánico, es una forma de sustitución de los mecanismos innatos que las plantas cultivadas tienen para mantenerse en buen estado de salud frente a condiciones ambientales adversas de todo tipo. Muchos de estos productos químicos que utilizamos para proteger a los cultivos, acaban sustituyendo o evitando la aparición de mecanismos innatos de autodefensa. La utilización de cultivos transgénicos que incorporan en su código genético la producción de sustancias para mejorar su competencia frente a otras plantas o frente a plagas y enfermedades es solo un paso más en esta sustitución o anticipación a la acción de la mejora “convencional”. El código genético introducido de manera artificial en las plantas transgénicas, generalmente tendrá por objetivo preservar la salud vegetal introduciendo una o varias “armas” bioquímicas nuevas para la autoprotección del cultivo.

ESTRATEGIAS DE DEFENSA CONTRA CONDICIONES AMBIENTALES ADVERSAS.

Desde el punto de vista de su mecanismo de acción, la defensa de las plantas  frente a condiciones ambientales adversas puede agruparse en las siguientes categorías:

  1. Defensa estructural o física.
  2. Defensa bioquímica.
  3. Defensa genética.
  4. Defensa cooperativa.

A diferencia de los animales, las plantas no disponen de células u órganos especializados en la defensa frente a diferentes plagas y enfermedades que les afectan. Puede parecer extraño que las plantas no hayan desarrollado un sistema de defensa similar al de los animales, pero si consideramos la fisiología vegetal y el coste que, en términos energéticos y de recursos propios, supone mantener un “ejercito” especializado en la defensa, tal vez se pueda entender porque las plantas han optado por otros sistemas de protección de su salud.

En lugar de una defensa especializada y en permanente movilización como la que tienen los animales, las plantas optan por una o varias estrategias de defensa que han sido validadas por la evolución en algunos casos y que en otros han sido seleccionadas, a propósito o por conveniencia, por el ser humano.

Algunas especies de plantas cultivadas, como la Chumbera o Nopal (Opuntia ficus-indica) han desarrollado, a lo largo de su evolución natural, una modificación de sus hojas para transformarlas en espinas con objeto de evitar su consumo por parte de los herbívoros y reducir la perdida de agua en su ambiente natural, árido o semiárido. Cuando el ser humano ha tratado de aprovechar a esta especie como cultivo de interés en alimentación animal y humana ha seleccionado variedades a su conveniencia. Por ejemplo, existen variedades en las que se han eliminado las espinas para facilitar el consumo por parte del ser humano (nopal verdura) o los animales. Hay que considerar que, desde el punto de vista energético, la presencia de espinas no supone ninguna ventaja especial para la planta, ya que no sirven para realizar la fotosíntesis y requieren de una serie de recursos materiales que podrían utilizarse, tal vez, de mejor forma en otros lugares.

En otros casos se busca ampliar el rango de cultivo disponible, seleccionando plantas que se adapten a condiciones poco favorables, sencillamente porque no hay mas terreno disponible. Algunos cultivares de plantas de Quinua (Chenopodium quinoa Wild.) se han seleccionado durante siglos para prosperar en suelos con problemas de salinidad debido a las muy particulares condiciones agroecológicas y sociales que restringían su expansión. Solo en tiempos recientes se está produciendo una expansión del cultivo hacia otras latitudes diferentes de su zona tradicional de cultivo y eso debido, casi exclusivamente, a una demanda mundial creciente que no era posible abastecer desde sus zonas de cultivo tradicional.

No siempre la mejora genética elimina o limita los mecanismos de autoprotección de las plantas cultivadas. Los antepasados silvestres del Hinojo (Foeniculum vulgare), presentan una protección bioquímica que se ha mantenido más o menos intacta y que, incluso, se ha potenciado en las variedades cultivadas para mantener unas determinadas cualidades organolépticas (aroma, sabor,…). La conservación de determinadas esencias y aromas en el Hinojo es suficiente como para disuadir a un grupo numeroso de plagas y enfermedades que si afectan a otras plantas hortícolas, pero que no tienen efecto sobre los seres humanos.


A veces la mejora genética incorpora los mecanismos de autoprotección de las plantas de manera artificial, ya sea introduciendo genes nuevos (transgenesis) o seleccionando mutaciones específicas. Los cultivares transgénicos de maíz son un claro ejemplo de como una modificación genética, en este caso artificial, permite soportar determinadas condiciones adversas. Existen cultivares de maíz que, presentan modificaciones en su ADN, tomadas de la bacteria bacillus thuringensis, para expresar proteínas que afectan a la alimentación y desarrollo de algunas larvas de insectos plaga.

Finalmente, algunas especies de plantas, cultivadas o silvestres, son capaces de pedir “cooperación” en la defensa o superación de condiciones adversas. El ataque de un insecto fitófago puede desencadenar la fabricación y liberación de atrayentes de depredadores en un claro ejemplo de cooperación en mutuo beneficio entre planta y animal que se conoce, desde un punto de vista técnico, como alelopatía. El hongo entomopatógeno Beauveria bassiana es capaz de introducirse en el interior de algunas especies de plantas cultivadas (Papaver sonniferum), con efectos muy limitados sobre su desarrollo, a la espera del ataque de algunos insectos plaga. Cuando el insecto plaga intenta alimentarse de la planta que contiene el hongo, consume también al propio hongo que despliega toda su virulencia en el interior del insecto, consumiéndolo desde el interior y destruyéndolo.

No todas las plantas emplean las mismas estrategias de defensa, ni de la misma forma o en todo momento. La opción de utilizar una estrategia, varias o ninguna, depende de si el factor biótico o abiótico está permanentemente en el medio, de si ha sido seleccionado por la evolución o la mejora vegetal o si se vuelve innecesario por el manejo que el ser humano hace del cultivo (plaguicidas, abonado, siembra, plantación, riego, …). En todo caso, el entender como las plantas cuentan con mecanismos de autoprotección frente a condiciones ambientales adversas puede ser muy interesante para dirigir y orientar las acciones de mejora vegetal en interés de los seres humanos.

MECANISMOS DE DEFENSA CONSTITUTIVOS E INDUCIDOS.

Las diferentes estrategias de defensa de las plantas que se han descrito hasta ahora son las opciones de que disponen las plantas, cultivadas o no, para defenderse de condiciones ambientales adversas. Sin embargo, hay que tener en cuenta que mantener un mecanismo de defensa de forma permanente puede ser costoso para la planta en términos de consumo de energía y recursos, siendo más habitual que este mecanismo de autoprotección se encuentre latente a la espera de su activación por alguna señal o ataque desde el entorno. En otras circunstancias, por conveniencia de la planta, los mecanismos de defensa se encuentran “activos” de manera permanente, ya que los beneficios de hacerlo así son superiores a los posibles inconvenientes para la planta en términos de recursos y energía. Piénsese en el caso de las espinas de las plantas de la familia de las Cactáceas, mecanismo de defensa permanente que, además de reducir la transpiración, disuade del consumo de la planta por parte de las especies herbívoras.

Hay muchos ejemplos de mecanismos de defensa que son permanentes o constitutivos de las plantas cultivadas. El Hinojo mantiene una serie de aromas y olores que repelen permanentemente el ataque de algunas plagas y enfermedades e, incluso, mejoran la competencia por el espacio frente a otras plantas. La Chumbera o Nopal, cuenta con espinas que disuaden del eventual consumo de la planta por parte de los herbívoros. El altramuz amargo, mantiene muchas sustancias antinutricionales que disuaden a muchas plagas y enfermedades. Algunas especies del genero Salvia exudan por sus raíces una serie de metabolitos (1,8 cineol y alcanfor) que inhiben el desarrollo de algunas plantas competidoras como la avena común o silvestre (Avena fatua) y otras especies de los géneros Bromus o Festuca o, visto desde otro punto de vista, favorecen la germinación de sus semillas frente a las de las plantas competidoras.

Ejemplo de defensa estructural inducida en la que se genera una capa de corcho entre las zonas sanas e infectadas de la hoja.
Figura 1: Ejemplo de defensa estructural inducida en la que se genera una capa de corcho entre las zonas sanas e infectadas de la hoja. CL=Capa de Corcho; H=Zona foliar sana; I= Zona foliar afectada; P=Felógeno

En cuanto a los mecanismos de defensa inducidos, también existen muchos ejemplos de respuesta de las plantas frente a agentes bióticos y abióticos. En algunos casos la voz de alarma la dan una serie de factores bióticos, procedentes de la propia planta o del huésped o abióticos como pueden ser la aparición de heridas, intoxicaciones, quemaduras, etc, actuando de una forma similar a como lo hacen los antígenos que desencadenan la respuesta inmunitaria en los animales. Es muy frecuente que la alarma se produzca por la acción de unos “mensajeros” bioquímicos, en algunos casos muy específicos, llamados elicitores que provocan la síntesis y acumulación de unas sustancias denominadas fitoalexinas en el huésped con objeto de detener su progreso a través de la planta o provocarle algún tipo de efecto adverso. En otras ocasiones, cuando se produce una herida o se rompe la pared celular de la célula vegetal, se ponen en contacto uno o varios enzimas con uno o varios substratos para fabricar una sustancia que tenga un efecto inhibidor o disuasorio frente al ataque de un agente patógeno, generalmente un insecto o una bacteria.

Como puede verse, la defensa de las plantas es muy flexible y, en algunos casos, incluso más compleja que la que pueden tener los animales. Existen múltiples combinaciones entre las diferentes estrategias de defensa y mecanismos de defensa que se han localizado en la bibliografía consultada.

Combinación de estrategias y mecanismos de defensa que aparecen en la bibliografía (elaboración propia).
Diagrama 2: Combinación de estrategias y mecanismos de defensa que aparecen en la bibliografía (elaboración propia).

Los plaguicidas, tanto orgánicos como de síntesis, se introducen y pueden llegar a sustituir los mecanismos de defensa innatos de las plantas, en la mayoría de los casos induciendo una estrategia de defensa bioquímica, pero sin potenciar o favorecer el despliegue de otras estrategias de defensa en muchas ocasiones. La utilización de rotaciones o combinaciones de cultivos, típica de la agricultura orgánica o ecológica pero también muy frecuente en la agricultura más convencional, es otra forma en que se pueden utilizar los mecanismos de defensa naturales de las plantas utilizando mecanismos de cooperación y mutua protección entre diferentes especies de plantas, aunque no sean simultáneos en el tiempo.

Si el objetivo es una agricultura más sostenible y sustentable, con mayores y mejores producciones de alimentos, entonces investigar y desarrollar productos para preservar y mantener la salud vegetal pasa por introducir, potenciar y preservar las diferentes estrategias de defensa presentes en las plantas cultivadas, ademas de desarrollar mecanismos específicos para su propia protección.

Las alternativas existen, solo hay que saber utilizarlas y potenciarlas.

Plagas y Enfermedades del Tomate de árbol

Descripción de diferentes plagas y enfermedades que afectan al Tomate de árbol.

PLAGAS.

Pulgones o áfidos (Aphis sp. / Myzus sp.)

Efecto del ataque de áfidos sobre hojas y brotes de Tomate de árbol.
Fotografia 1: Efecto del ataque de áfidos sobre hojas y brotes de Tomate de árbol.

Pequeños insectos chupadores de color verde claro, negro o pardo. Son insectos gregarios que viven en colonias y se alimentan de la savia de la planta. Cuando el ataque es importante, se producen deformaciones en hojas y ramas, y, ocasionalmente, la muerte de la planta. Son agentes transmisores de virus.

El control de la plaga debe hacerse desde el primer momento en la fase de cultivo en vivero, para evitar la trasmisión de virus y la llegada de plantas infectadas a la plantación. Los métodos de control químico y biológico son muy diversos y relativamente eficaces para el control, dependiendo de la población del insecto. La eliminación de colonias de hormigas, que protegen a este insecto de depredadores naturales, es una medida de control que puede ayudar contra esta plaga.

Gusanos trozadores (Agrotis sp.)

Gusanos trozadores sobre tronco de tomate de árbol
Fotografia 2: Gusanos trozadores sobre tronco de tomate de árbol

Generalmente se trata de larvas de lepidópteros que en épocas de sequía ocasionan daños importantes en las nuevas plantaciones. Se alimenta de la base de los tallos, pudiendo provocar su vuelco y muerte.

Su control debe iniciarse desde la fase de desarrollo en vivero, utilizando substratos esterilizados y libres de plaga. El control químico y biológico es eficiente en la mayoría de los casos. Se recomienda observar si hay asociaciones de cultivos que puedan repeler la aparición de los adultos y la ovoposición.

Nematodos (Meloidogyne incognita)

Fotografia 3: Nudosidades provocadas por nematodos sobre la raíz de una planta joven de Tomate de árbol.

Es un gusano que ataca a todo tipo de variedades cultivadas de tomate de árbol.

Los principales síntomas aparecen las raíces en forma de nudosidades o agallas, similares a las cuentas de un collar. Las nudosidades o agallas impiden la absorción de nutrientes y agua del suelo, provocando que la planta afectada tenga un desarrollo deficiente, amarillee y, finalmente, se marchite.

Como medida de control cultural, se recomienda la revisión preventiva de las raíces antes del transplante a terreno definitivo. Se ha observado que las plantas de tomate de árbol injertadas sobre la solanácea silvestre Solanum Hispidum (Cujaco), que es resistente/tolerante al nematodo, permite la producción en zonas infectadas por unos dos años.

Para favorecer el desarrollo de nematodos antagonistas y depredadores, se recomienda el abonado con materia orgánica bien fermentada cada seis meses. Si el cultivo se desarrolla en terrenos donde ya se había cultivado antes, es conveniente que se haya realizado una rotación de cultivos previa, que no incluya a ninguna solanácea como cultivo precedente (tomate, berenjena, patata,…).

Solamente en casos extremos se debe emplear algún tipo de control químico, por su alto poder contaminante y escasa efectividad.

La plantación de clavel indio o tagete (Tagetes patula) antes, durante o después de la plantación del cultivo de tomate de árbol, puede ayudar a prevenir e, incluso, curar de la infestación de esta plaga como consecuencia de la emisión por parte de las raíces de esta planta de exudados que repelen la plaga.

ENFERMEDADES.

Antracnosis (Colletotrichum gloeosporioides.)

Fotografía 4: Manchas de antracnosis sobre fruto verde de Tomate de árbol

Es una de las enfermedades más importantes que afectan a este cultivo, tanto por su amplia distribución como por la magnitud de las pérdidas que puede ocasionar. Todas las variedades cultivadas son susceptibles al ataque de esta enfermedad. La enfermedad aumenta su incidencia y severidad cuando las lluvias son frecuentes y la humedad relativa es elevada.

Fotografía 5: Fase avanzada de ataque de antracnosis sobre fruto de tomate de árbol

Ataca a las ramas, hojas y a los frutos en cualquier estado de desarrollo. Los frutos afectados presentan lesiones iniciales negras que pueden llegar a cubrir todo el fruto, con unos bordes definidos característicos y el centro hundido. En fases avanzadas del ataque, los frutos se secan o momifican, pudiendo caer al suelo o permanecer en el árbol. La enfermedad se transmite a través del viento o de los insectos impregnados en esporas de hongo.

Como medida de control cultural se recomienda eliminar en el menor tiempo posible los frutos, ramas u hojas afectados en cuanto se detecten. Una poda que favorezca la aireación del interior y reduzca el sombreo a los frutos, ayuda a evitar la aparición de la enfermedad.

Otros métodos de control se basan en la utilización de fungicidas sistémicos o de contacto con adherentes, debido a que esta enfermedad se ve favorecida por las lluvias abundantes que pueden lavar y eliminar los fungicidas aplicados de manera superficial.

Tizón tardío (Phytophthora infestans).

Fotografia 6: Lesiones de Phitophtora sobre tallo de tomate de árbol

Aparece, sobre todo, en periodos de alta humedad relativa y en época de lluvias. Ataca, principalmente, a las hojas y ramillas de las plantas adultas y al ápice, hojas y tallos de las plantas jóvenes. Un síntoma característico de esta enfermedad es que se produce una defoliación intensa de la planta.

Produce lesiones de color

Fotografía 7: lesiones de Phitophtora infestans sobre hojas de tomate de árbol

negro brillante, de consistencia ligeramente acuosa en los tallos y manchas redondeadas de color café, con ondulaciones concéntricas formadas por un polvillo blanquecino. Las lesiones siempre están rodeadas de un halo de 4 a 5 mm de ancho, bordes difusos y color verde claro.

Se disemina a través del viento.

Todas las variedades son susceptibles al ataque, aunque hay variedades más resistentes que otras.

Como medida de control se debe evitar la siembra en zonas excesivamente húmedas o con lluvias muy frecuentes. La revisión periódica de la plantación, sobre todo en periodos especialmente lluviosos, ayuda a detectar rápidamente la enfermedad y facilita la adopción de medidas de control.

Se recomienda una distancia de siembra no inferior a un marco de plantación de 2 x 2 m para mantener bien aireada la plantación. Las podas que reduzcan el sombreo sobre los frutos en el interior, también ayudan a reducir la incidencia de la enfermedad.

El control químico requiere de fungicidas sistémicos o de contacto con adherentes, para evitar el lavado con la lluvia. Su aplicación debe hacerse con mayor frecuencia en épocas lluviosas (cada 8-15 días) y con menos frecuencia en épocas menos lluviosas (de 15-21 días)

Mancha negra del tronco (Fusarium solani).

Fotografía 8: Mancha negra sobre tronco de tomate de árbol.

Puede llegar a destruir la plantación si no se aplican medidas de control. Es frecuente que aparezca en periodos con lluvias frecuentes y humedad relativa alta.

Inicialmente se presentan como lesiones necróticas de coloración parda en la corteza de la parte media de los troncos o en la bifurcación de las ramas gruesas y luego como manchas que se van extendiendo progresivamente de color negro brillante. A medida que la lesión se hace más antigua y las condiciones de elevada humedad ambiental o lluvias persisten, se cubre de un polvillo amarronado y evoluciona hacia grietas o hundimientos del tejido superficial de la corteza. Este último síntoma suele coincidir con el momento en que los arboles inician su fase de floración.

Puede provocar la rotura de ramas o el tronco afectados por la enfermedad, sobre todo cuando tiene un número significativo de frutos.

Cuando ataca cerca del cuello de la planta, la enfermedad puede progresar hacia las raíces y provocar el marchitamiento y muerte de la planta. Se ha detectado ocasionalmente la presencia de manchas negras en el ápice de plantas de cuatro a cinco meses de edad.

La enfermedad se disemina por el viento, las salpicaduras de las gotas o por labores culturales. La forma en que el hongo penetra en la planta es a través de las heridas causadas por insectos, labores culturales o herramientas, por lo que una medida de control muy útil pasa por la adecuada limpieza y desinfección de las herramientas y el control de plagas.

Todas las variedades cultivadas son sensibles a esta enfermedad, aunque hay algunas que son más susceptibles que otras.

Como medida de control cultural, se recomienda no sembrar tomate de árbol en zonas húmedas o con lluvias muy frecuentes. Por otra parte, un marco de plantación amplio (igual o superior a 2 x 2 m) favorece la aireación y dificulta el progreso de la enfermedad hacia otras plantas. Mantener limpia y aireada la base de la planta, también ayuda a prevenir la aparición de la enfermedad. Una forma de reducir la incidencia de la enfermedad en zonas especialmente húmedas o con lluvias muy frecuentes es la elevación del cuello de la planta sobre montículos o caballones, así como la utilización de zanjas de drenaje para mantener el suelo en buenas condiciones de aireación.

Como medida de control químico y biológico, se recomienda utilizar fungicidas con base de cobre (sulfato de cobre, caldo bordelés, oxido de cobre,…) con adherentes para reducir el lavado. El uso preventivo de estos fungicidas ayuda también a prevenir la aparición de otras enfermedades causadas por hongos, como la antracnosis.

Ceniza u Oidio (Oidio spp).

Fotografía 9: Lesiones de Oidio sobre hojas de tomate de árbol

Su incidencia es mayor en los meses secos del árbol y puede aparecer en cualquier fase del cultivo.

Tanto el haz como el envés de las hojas se ven afectados por la enfermedad, apareciendo manchas de color oscuro rodeadas de un polvillo (ceniza) de color blanquecino. A medida que progresa la enfermedad, las manchas tienden a juntarse unas con otras, reduciendo de manera significativa el área foliar e, incluso, provocando la caída de las hojas.

La enfermedad se disemina fácilmente con el viendo desde las malezas u otros cultivos hacia la plantación.

Como medida de control cultural se recomienda retirar las hojas afectadas por el hongo. No se deben realizar plantaciones excesivamente densas (no menores a un marco de 2 x 2 m). La revisión frecuente del cultivo ayuda a detectar la aparición de la plaga en sus fases iniciales y facilita su control.

El control mediante fungicidas debe hacer después de la eliminación de hojas, tallos y ramillas afectados. Es recomendable una actuación preventiva con fungicidas sistémicos o de contacto con adherentes para evitar la aparición de la enfermedad.

Tizón temprano o alternariosis (Alternaria spp)

Fotografía 10: Ataque de alternaria sobre hoja de tomate de árbol

Los síntomas de esta enfermedad pueden reconocerse por la aparición de manchas circulares en anillos concéntricos y color negro castaño en ambos lados de las hojas inferiores o viejas. En la hoja afectada, las manchas se van expandiendo progresivamente hasta ocupar la mayor parte de su superficie, formando lesiones grandes con tejido seco y quebradizo que causan, finalmente, su caída.

Las condiciones de humedad relativa alta y bajas temperaturas, favorecen la aparición y desarrollo del hongo. Puede afectar gravemente a las primeras inflorescencias de la planta e favorece la aparición de frutos de pequeño tamaño.

La prevención de la enfermedad pasa por la eliminación de las hojas enfermas en cuanto son detectadas y la utilización de marcos de plantación espaciados (Iguales o superiores a 2 x 2 m) para evitar el exceso de humedad. Los fungicidas con base en cobre y adherentes son muy efectivos para controlar la aparición y propagación de la enfermedad.

Fusariosis (Fusarium oxysporum)

Fotografía 10: Desecación producida por ataque de Fusarium sobre planta de tomate de árbol

El principal síntoma es la aparición de flacidez o marchitamiento de las hojas. Posteriormente, la planta presenta un amarilleamiento foliar y perdida de vigor. A medida que progresa la enfermedad, las hojas van cayendo y las ramillas y ramas secundarias van necrosando en sentido descendente, es decir, desde las partes superiores de la planta hacia la raíz. El sistema radical presenta una pudrición seca con tejidos necrosados en color café claro, totalmente destruidos y con un intenso olor a moho. La enfermedad se ve favorecida por las heridas provocadas en las raíces de las plantas por labores culturales o el ataque de nematodos. Puede aparecer tanto en plantas jóvenes como en plantas adultas en producción.

Como medida cultural, se recomienda la utilización de labores superficiales que no dañen las raíces de las plantas. Para el control manual de malezas o malas hierbas se recomienda realizar labores de escarda superficial para eliminarlas, siendo más recomendable cortarlas a ras de suelo, sin extraer las raíces.

En estados avanzados de desarrollo de la enfermedad, se recomienda la destrucción inmediata de las plantas afectadas, recogiéndolas en bolsas u otro material protector para evitar la dispersión de las esporas del hongo. La forma de destrucción más recomendable es a través del fuego, no siendo recomendable el compostaje porque no existen garantías de destrucción de las esporas del hongo con las temperaturas elevadas que se alcanzan por este método.

El control químico es ineficiente e insuficiente con esta enfermedad.

Moho blanco (Sclerotinia sclerotiorum).

Fotografía 11: Ataque de moho blanco con detalle de esclerocios en color oscuro que sirven para la propagación del hongo.

Se trata de un hongo que puede causar serios problemas en zonas húmedas, siendo un microorganismo saprofito facultativo que vive de forma natural en el suelo.

En las primeras fases de desarrollo de la enfermedad, la parte aérea de la planta presenta síntomas escasos, pasando prácticamente inadvertida. Cuando se ha desarrollado completamente provoca pudrición del tallo y marchitez de la parte aérea, pudiendo llegar a matar a la planta.

En el tallo los síntomas iniciales externos son la aparición de lesiones de color café claro sobre las que aparece un moho blanco. En las fases avanzadas de la enfermedad se puede observar en el interior del tallo la presencia de esclerocios (estructuras de conservación) de consistencia dura, color negro y entre 5 y 10 mm. Los esclerocios, que permanecen entre los residuos de la planta en el suelo, son su principal forma de propagación.

Como medidas de control cultural, se recomienda la eliminación y destrucción inmediata de las plantas afectadas. No se recomienda el compostaje.

Otro tipo de controles (químico o biológico), solo suelen ser efectivos en las primeras fases de desarrollo de la enfermedad, por lo que se recomienda la destrucción de las plantas afectadas para prevenir la propagación y diseminación de la enfermedad.

Virosis

Fotografía 12: Síntomas de virosis sobre hojas de tomate de árbol

El tomate de árbol puede verse afectado por diferentes tipos de virus que se propagan a través de la propagación vegetativa (por estaquilla o injerto) y por insectos vectores de transmisión como pulgones, mosca blanca y otros. Los virus se transmiten a través de la saliva que dejan los insectos vectores durante su alimentación.

Fotografia 13: Síntomas de virosis sobre frutos y hojas de tomate de árbol

Los síntomas generales de ataque de un virus al tomate de árbol son la detención del crecimiento, escaso desarrollo de las plantas, hojas enrolladas con tonalidades de color rojizo o amarillento, mosaicos y brotes deformados. También es frecuente la aparición de espacios entrenudos cortos. Las plantas afectadas también suelen mostrar frutos pequeños salpicados con manchas rojizas que afectan a la calidad de los frutos.

El control cultural se basa en la utilización de plantas sanas, control de los insectos vectores de transmisión y la destrucción de las plantas enfermas. No existen alternativas de control químico.

Plagas, enfermedades y fisiopatias en pistachero

PLAGAS.

Geoica utricularia Pass., Baizongia pistaciae L., Forda formicaria Heyden.

Son homópteros que se engloban en la familia Eriosomatidae que comprende los pulgones con capacidad de producir agallas.

Las agallas son estructuras anormales de partes de los tejidos u órganos de las plantas que se desarrollan por la acción específica o por la presencia de un organismo inductor, en este caso un insecto.

La planta como respuesta reacciona con un desarrollo anormal o patológico de sus células, tejidos u órganos. El insecto utiliza la agalla como un medio de procurarse nutrición y cobijo frente al medio ambiente y enemigos naturales.

En el caso del pistachero la inducción de la agalla es provocada por la acción de la población de individuos al alimentarse.

Los ciclos de vida de estas tres especies que afectan al pistachero son complejos; siendo de tipo holocíclico que se inicia con una hembra fundadora que da lugar a la agalla; de esta emergen insectos alados que efectúan la puesta en árboles diferentes. Después de la hibernación emergen sexúparos alados que completan el ciclo.

Baizongia pistaciae origina unas espectaculares agallas en forma de cuerno de cabra; F. formicaria produce agallas foliares en forma de media luna y G. utricularia origina agallas en forma de urna.

Control.

Actualmente, existen pocos medios de lucha contra los insectos parásitos del pistachero, siendo el más eficaz la recogida y destrucción de todas las partes infectadas del árbol.

Sinoxylon sexdaentatum Oliv.

Se trata de una especie muy polífaga perteneciente a la familia de los Bostríquidos que engloba más de 300 especies de las cuales la mayor parte son xilófagas. Sus larvas viven en la madera muerta donde excavan galerías profundas. Son recurvadas con los segmentos torácicos muy desarrollados. Los adultos tienen una forma casi cilíndrica con la cabeza más o menos protegida dorsalmente por el protórax, y el extremo de los élitros está frecuentemente truncado y cubierto de protuberancias. Se interpreta estas protuberancias como órganos que facilitan el contacto con las paredes de la galería.

La mejor forma de controlar la plaga es mediante la recogida y protección de las partes infectadas del árbol.

Gorgojo (Trogoderma granarium Everts.).

Son coleópteros que permanecen escondidos en frutos almacenados por largos periodos, siendo una plaga muy seria en productos almacenados bajo condiciones secas y calientes. En condiciones óptimas, las hembras ovipositan alrededor de 50 a 90 huevos, los cuales eclosionan en 3 a 14 días. El desarrollo completo se presenta en un rango de 21 a 40ºC. El ciclo de vida de huevo a adulto es de aproximadamente 220 días a 21ºC, 39 a 45 días a 30ºC y 75% de humedad relativa y 26 días a 35ºC. El desarrollo larval no ocurre a temperaturas menores de 21ºC.

La larva ocasiona serios daños a los frutos almacenados, pudiendo ocasionar la completa destrucción de los mismos; refugiándose en las grietas de los almacenes donde su respiración se hace extremadamente baja.

En estado de diapausa la larva es extremadamente resistente a los efectos de los insecticidas y fumigantes; en este estado no solo favorece la supervivencia del insecto sino también a la dispersión, pues frecuentemente es encontrada en materiales de transporte como sacos y camiones.

Los síntomas se manifiestan como masas de pelos con las exuvias larvales que gradualmente salen de las grietas entre los sacos.

El estado que más se detecta durante la inspección, es la larva.

La mejor medida para el control de esta plaga es la limpieza de los residuos de campañas anteriores, aunque tambien es preciso proteger todas las aberturas (puertas, ventanas, etc) de los almacenes y conservar los frutos y semillas con redes de mala muy fina para evitar el acceso del insecto.

Para el control biológico existen unos ácaros del genero Pyemotes que son parasitoides de la plaga, atacando y matando los estados inmaduros de Trogoderma granarium.

La hembra fecundada del ácaro llega a un huésped para alimentarse de él y durante este proceso le inyecta una toxina con la saliva, que paraliza al insecto y finalmente lo mata. El ácaro parasitoide no se introduce en el cuerpo de su huésped, pero permanece fijado a él, y se alimenta hasta que su descendencia alcanza su completo desarrollo, después del apareamiento, la hembra busca un nuevo huésped para reiniciar el proceso.

Enfermedades.

Verticillium alboatrum Reinke y Berth.

El pistachero es atacado por numerosos hongos, entre los que destaca el Verticillium. Este hongo provoca el marchitamiento del árbol y puede acabar con ejemplares de diversas edades, pues ataca los tejidos vasculares. Una forma de lucha contra este hongo es el seleccionar patrones resistentes como puede ser Pistacia integerrima.

Rosellinia necatrix Prill.

Este hongo produce un peritecio ostiolado que raramente se encuentra en la naturaleza. Los peritecios son esferoidales y negros, y se producen en una costra micelial.

Característicos hinchamientos en forma de pera en los septos de las hifas somáticas son características distintivas de diagnóstico.

El hongo produce microesclerocios negros y dispersos que tienden a unirse y formar capas microsclerociales.

Rosellinia necatrix puede sobrevivir durante varios años en raíces podridas en la tierra y ocasionalmente como micelios o microesclerocios libres en el suelo o adheridos a los desechos de la raíz.

La infección primaria tiene lugar desde el micelio que ataca las raíces finas y entra por penetración directa. Las hifas se ramifican libremente en el córtex, destruyéndolo cuando crecen hacia las raíces mayores.

El hongo se extiende por crecimiento a través del suelo e infecta las raíces de los árboles adyacentes. El suelo infectado y los trozos de raíces muertas pueden ser distribuidos en el cultivo o en las plantas de vivero.

La lucha contra el ataque de este hongo consiste en evitar su difusión y eliminar las fuentes de inoculo. Como medida preventiva se debe evitar dañar las raíces cuando se estén realizando labores culturales.

Phytophthora citricola Swada.

Los síntomas aéreos de esta enfermedad aparecen primero como un crecimiento insuficiente el brote. Si el sistema radicular es infectado en otoño, los síntomas aéreos pueden que no aparezcan hasta la siguiente estación. Las hojas de los árboles afectados son normalmente escasas, pequeñas y cloróticas.

La sintomatología en los frutos se caracteriza por la aparición de algunos de ellos con un tamaño pequeño y quemados por el sol. Cuando la enfermedad pasa a una etapa avanzada, los brotes y ramas pueden secarse y morir de manera súbita. El deterioro, que conduce a la muerte del árbol, tiende a ser más rápido en viveros y plantaciones jóvenes que en árboles grandes y bien establecidos.

Para controlar la enfermedad, hay que eliminar lo antes posible todos los ejemplares enfermos y destruirlos para eliminar cualquier medio de propagación que pueda tener el hongo. A continuación es necesario desinfectar el suelo, ya sea a través de solarización u otros medios fitosanitarios, químicos o biológicos, que hagan difícil la propagación del hongo. Una estrategia recomendable es mantener un adecuado contenido de materia orgánica en el suelo que favorezca la presencia de microorganismos antagonistas de Fusarium y controlar su población.

Alternaria alternata (Fr.) Kreisler.

Se trata de una enfermedad que puede causar daños en el follaje, flores y frutos, y en casos severos reducir el cuajado de los frutos.

En flores e inflorescencias los síntomas se presentan como pequeñas manchas redondas, preferentemente en el envés de la hoja.

Un síntoma claro de ataque de este hongo es la aparición de pequeñas manchas negras de forma circular al comienzo de la maduración de los frutos.

La principal fuente de inóculo de esta enfermedad son las hojas y brotes infectados. Las hojas caídas son también un reservorio del hongo donde puede sobrevivir durante condiciones frías.

Además de los tratamientos fitosanitarios, químicos o biológicos, una buena estrategia preventiva que pasa por la recogida de los restos de poda, ramas enfermas y hojas caídas, puede ayudar a controlar la enfermedad. Como en el caso del Fusarium, el mantenimiento de un contenido adecuado de materia orgánica que favorezca la aparición de microorganismos antagonistas es una buena opción para prevenir el ataque de este hongo.

FISIOPATÍAS.

Desecación de frutos.

La desecación puede deberse a episodios de frío primaveral que afectan a la supervivencia y formación de las flores, además de un exceso de lluvias durante la antesis que dificultan la polinización.

Caída de frutos.

La caída de frutos se produce por un exceso de temperaturas y una escasa pluviometría.

Falta de maduración de los frutos

Fundamentalmente es ocasionada por la falta de calor, que es una de las áreas limitantes en algunas áreas de cultivo. La correcta elección de la ubicación de la plantación unida a una buena elección varietal puede ayudar a evitar este suceso y garantizar la rentabilidad de la plantación a medio y largo plazo.

La altura sobre el nivel del mar no es uno de los factores que pueden provocar esta fisiopatía, ya que existen plantaciones de pistacho por encima de los 2000 m de altura sobre el nivel del mar.

REFERENCIAS.

  • Hobman F.; Lang D.; Bass A. Pistachio Fertilizer Programme. En: Primary Production of Pistachio. South Australian Deparment of Agriculture.
  • Crane J.; Maranto J.. Pistachio Production. Cooperative Extension. University of California, Division of Agriculture and Natural Resources Publication 2279 15 p.

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Plagas, Enfermedades y Fisiopatias de la Granadilla (passiflora ligularis)

PLAGAS.

Mosca de la fruta – Dasiops spp.

Es la principal plaga que puede afectar a la planta de granadilla. Los síntomas de la presencia de esta plaga aparecen en la fruta, que se arruga y mantiene en la planta. Cuando las larvas de la mosca están próximas a completar su ciclo, la fruta cae al suelo para continuar su desarrollo.

La mosca presenta un color azulado, ojos rojos, unos 5 mm de largo y un solo par de alas.

No es conveniente aplicar insecticidas genérico para el control de esta plaga, puesto que puede afectar a los polinizadores. Como medida para el control, se deben recoger lo antes posible las frutas dañadas o que se encuentren en el suelo, para destruirlas de inmediato. Se pueden utilizar trampas selectivas para atraer a los adultos y aplicarles insecticidas de manera localizada. El control biológico se hace mediante avispas parasitoides (Pachycrepideus vindemmiae) que ovopositan en las larvas de la mosca y reducen considerablemente la población de la plaga.

Gusano de las hojas – Agraulis juno.

Esta plaga puede dejar la plantación en poco tiempo sin hojas, por lo que es necesario actuar rápido para controlarla. Trabajan en grupo.

La principal medida de control es la eliminación manual, por lo que debe hacerse lo antes posible. Es muy recomendable revisar periódicamente la plantación e intentar localizar el origen o foco original de la plaga para disponer de barreras o eliminarla “in situ”. No se debe aplicar ningún tipo de insecticida en periodo de floración. El Bacillus Thuringensis es una opción biológica en el manejo de esta plaga.

Nematodos: Meloidogye incognita.

El nematodo predispone a las plantas a infecciones por Fusarium, Alternaria, Phytopthora, Verticillium, Rhizoctonia, Pseudomnonas, Agrobacterium y otras. Este nematodo sobrevive con facilidad en suelos cuya temperatura se encuentra entre los 0 y 40ºC.

La raíz puede ser afectada en cualquier estado de desarrollo, incluso en la etapa de semillero. Las plantas afectadas sufren retrasos es su desarrollo fenológico y solo se detectan los daños en el momento de transplante al lugar definitivo. La presencia de este nematodo se detecta con la aparición de agallas y engrosamientos en las raíces que impiden la absorción de nutrientes y agua.

El control de Meloydogine debe ser preventivo, en las etapas de semillero, desinfectándose el substrato de siembra. La rotación de cultivos es otra practica que puede contribuir al manejo de la enfermedad, si bien se debe evitar la rotación con plantas de las familias Solanaceae (patatas, tomates, ..), Rubiaceae y Musaceae.

La aplicación de materia orgánica fermentada contribuye al control de la enfermedad, pues facilita la reproducción de nematodos saprofitos.

ENFERMEDADES.

Damping-off o sancocho: Pythium spp. y Rhizoctonia spp.

El damping-off es ocasionado por un grupo de hongos que habitan de forma natural el suelo de cultivo y que pertenecen a los generos Pythium y Rhizoctonia.

Esta enfermedad se suele presentar en semilleros mas que en el lugar definitivo de siembra. Ocasiona retraso en el crecimiento y muerte repentina. La mejor forma de prevenirla es el uso de semillas sanas procedentes de frutos sanos y protección de las mismas antes de la siembra con un fungicida que las proteja durante la etapa de emergencia de la plántula.

Secadera, pudrición seca de la raíz.

El agente causal de la enfermedad es Nectria haematoccoca Berk &amp; Br, hongo perteneciente a la clase Ascomycetes.

Es una enfermedad que puede causar extensos daños al cultivo ya que afecta a plantas en diferentes estados de desarrollo. Los primeros síntomas aparecen en plántulas de 20 a 30 días de edad post-emergencia y lo que ocurre es que detienen su desarrollo y se desprenden las hojas más viejas. En el lugar donde estaba la inserción de la hoja desprendida se observa una necrosis (tejido vegetal muerto) de color amarronado que con el tiempo se extiende y avanza de manera ascendente, cubriendo parcialmente el tallo. Las hojas afectadas presentan quemazón sistémica de color café claro, que se extiende a lo largo de las nervaduras lo que acaba causando la muerte de la hoja (corte de la circulación de la savia). Cuando la necrosis se extiende a lo largo del tallo provoca episodios de clorosis, marchitez de hojas y muerte generalizada de la plántula.

En las plantas adultas, la enfermedad se localiza principalmente en el cuello de la raíz, afecta a la corteza, tapona los haces vasculares e impide el paso de la savia. Después de invadir el tallo se extiende a las raíces y ocasiona marchitez de hojas, arrugamiento de frutos y, finalmente, la muerte de la planta. En estados avanzados de infección, se aprecian cuerpos fructíferos del hongo como puntos diminutos de color rojo intenso, los cuales, al ser desprendidos por la lluvia, infectan a otras plantas.

El hongo es un habitante natural del suelo y su desarrollo esta relacionado con un exceso humedad en la zona adyacente de la base del tallo, mal drenaje, heridas en la base del tallo o en las raíces. También, la presencia de nematodos de los generos Meloydogyne y Pratylenchus predisponen a la planta al ataque de la enfermedad. La invasión se produce a través del xilema, creciendo el micelio del hongo en su interior y formando microconidias que son llevadas con la savia en la translocación normal, presentado bloqueo y taponamiento de vasos y formación de enzimas y toxinas. Una vez muere la planta, el hongo coloniza la corteza y esporula.

El hongo puede sobrevivir por mucho tiempo en el suelo y en residuos de cosecha, no obstante, para poder infectar y colonizar requiere heridas, las cuales pueden ser causadas por cuarteaduras naturales de la corteza, insectos, nematodos o por el hombre durante las labores de cultivo.

Al ser el hongo un habitante natural del suelo la principal medida de control debe ser la higiene y limpieza de suelos y substratos utilizados en la propagación y cultivo de la planta. En el momento en que se detecten síntomas en alguna de las plántulas, deben ser eliminadas y retiradas de manera inmediata del lugar, sin reponerse, encalando y tratando el agujero con un fungicida. Asi mismo, es muy conveniente aislar el lugar del foco, evitando el encharcamiento y controlando el movimiento del agua de escorrentía.

Roña de los frutos: Colletotrichum glocosporioides Penz. Melanconiales.

Tambien conocida como Antracnosis asociada al hongo Colletotrichum glocoporioides Penz.

En los frutos, las lesiones se encuentran algo hundidas en la cobertura exterior. Son secas, de color café claro, redondeadas y de tamaño variable (entre 1-2 mm) y con acérvulos subepidermiales (semejantes a puntos negros) que sobresalen sobre las lesiones. Las lesiones se presentan en grupos o aisladas y, frecuentemente, se observan siguiendo el movimiento del agua de lluvia sobre el fruto. Lo que mas favorece la aparición de la enfermedad son las condiciones de alta humedad relativa, alta precipitación y excesivo sombreamiento del cultivo.

Mancha ojo de pollo, Quemazón: Phomosis spp.

Enfermedad fúngica que ataca a las estructuras florales del cultivo. Se puede considerar como un patógeno débil que requiere de condiciones ambientales muy específicas para infectar, pues para la diseminación del inóculo requiere de alta humedad y viento fuerte.

La enfermedad tiene mayor incidencia en los órganos tiernos de la palnta, como pueden ser las hojas jóvenes, tallos, brácteas, botones florales e, incluso, frutos en formación. El hongo aparece mas frecuentemente en invierno, aumentando la caída de botones florales y frutos recién formados. También puede aparecer en semilleros.

La mejor medida preventiva en este caso es facilitar la aireación y penetración de la luz en el cultivo. Cuando ya se esta produciendo el ataque, lo mejor es la poda de las estructuras afectadas y aplicación de pastas cicatrizantes a base de sulfato de cobre (pasta bordelesa) y, para evitar la propagación, la retirada y quema del material vegetal afectado por la enfermedad.

Mildius pulverulentos y blancos en granadilla: Oidium spp y Ovulariopsis spp.

Las hojas afectadas por mildiu pulverulento muestran lesiones difusas individuales de forma circular y color blanco en el haz, siendo de tamaño variable. En ocasiones llegan a cubrir toda la lámina foliar y en una etapa más avanzada llegan a cubrirse de una masa de estructuras somáticas y reproductivas del hongo causante de la enfermedad.

En los frutos, aparecen lesiones individuales, blanquecinas y estrelladas que posteriormente se necrosan. En tallos también pueden aparecer manchas del hongo.

Las lesiones de los mildius blancos son individuales, de forma circular, color blanco y apariencia afelpada. Pueden llegar a cubrir gran parte de la hoja, originando lesiones cloróticas difusas en el haz. El avance de la enfermedad se caracteriza por un oscurecimiento de las lesiones que cambian de color café claro y, después, a oscuro.

Las condiciones favorables para la aparición y desarrollo de estos hongos están relacionadas con una alta humedad relativa y, en ocasiones, con periodos secos prolongados.

Moho gris de los botones florales y de las flores; moho café de las flores y los frutos: Botrytis cinérea Pers. ex Fr. Miniliales.

La enfermedad asociada a este hongo puede causar pérdidas de hasta el 70% de a producción. Afecta, en primer lugar, a los botones florales y flores, llegando a afectar también a los frutos. La enfermedad la causa el hongo Botrytis Cinerea Pers. ex Fr.

Botrytis permanece en el suelo en forma de esclerocios o de micelios sobre restos de plantas en descomposición.

La enfermedad suele aparecer en cultivos que estan iniciando su producción, entre 7 y 8 meses de edad. El primer síntoma de ataque aparece en los botones florales y puede llegar a ser muy severo, ocasionado perdidas superiores al 50%. Cuando la enfermedad se presenta en los botones florales y en los frutos, se observa un moho de color café claro que afecta a los pistilos en la flor ya fecundada. En los frutos recién formados, el moho afecta al pedúnculo y a la base del fruto. Cuando la humedad relativa es alta, puede llegar a cubrir totalmente el fruto.

El hongo penetra a través de las heridas (cicatrices florales, picaduras de insecto y cualquier daño físico), viéndose favorecido su desarrollo con humedades relativas superiores al 95%, temperaturas entre 20-25ºC, abundante luz y un exceso de abonado nitrogenado. Se desarrolla con mas rapidez en órganos senescentes o muertos.

Moho negro de los botones florales: Rhizopus stolonifer (Ehrenb.:Fr) Lind. Mucorales.

El hongo ataca a los pedúnculos y las flores desde su formación. En los pedúnculos que sostienen los botones florales ocasiona una lesión de color café que avanza por la corona y que llega a producir la caída del órgano y en las flores recién abiertas se puede observar un micelio de color negro. En condiciones de alta humedad relativa, el hongo puede infectar todas las estructuras florales, produciendo su caída. Cuando la infección es importante, los daños se extienden a los frutos pequeños y a los frutos en proceso de llenado.

La enfermedad se ve favorecida por periodos continuados de lluvias y temperaturas bajas. En plantaciones con plantas muy próximas entre si y con exceso de follaje, se favorece el ataque de patógeno. En casos extremos, se puede llegar a perder el 100% de la cosecha potencial al infectarse todos los botones florales.

La propagación de la enfermedad se ve favorecida por la presencia de moscas que atacan las flores, ya que las heridas producidas por estos insectos son el punto de entrada del patógeno.

En este caso, la mejor medida preventiva es facilitar la aireación del cultivo, mediante el uso de distancias adecuadas entre plantas y deshojes periódicos. Como la enfermedad se asocia a la presencia de moscas de los botones florales, una buena práctica preventiva es utilizar productos fitosanitarios que las controlen o eliminen.

Mancha mohosa del fruto (moho verde): Cladosporium herbarum (per.:Fr) Link. Moniliales.

Es una enfermedad que no suele tener una incidencia excesiva en las plantaciones comerciales.

Las temperaturas entre 13 y 20 ºC favorecen el desarrollo de la enfermedad. El hongo crece sobre la superficie del pedúnculo del fruto y avanza hacia la parte central, cubriéndolo parcialmente con una pátina verdosa que corresponde a su esporulación.

La enfermedad se ve favorecida por las condiciones de lluvias continuas y temperaturas bajas. La incidencia del hongo es mayor con la presencia de moscas de la fruta que atacan a las flores, ya que las heridas causadas por las larvas favorecen la infección por el hongo.

Este hongo sobrevive principalmente en los residuos de cultivo, dispersándose fácilmente a través del viento, los insectos e, incluso, las propias herramientas de trabajo. La eliminación de restos vegetales potencialmente infectados mediante su quema es una de las primeras estrategias a aplicar para evitar la aparición de la enfermedad.

La retirada del cultivo de las hojas viejas, estructuras florales secas y frutos caídos y, en general, todas aquellas prácticas que favorezcan el aireamiento del cultivo y el sombreo por parte de árboles o bosques próximos.

Enfermedades causadas por virus. Virus de la hoja morada. Anillado de la fruta: virus alargado y flexuoso (SMV)

El virus, en la granadilla, causa la enfermedad denominada “hoja o mancha morada”. Se trata de una de las enfermedades de mayor incidencia e importancia para los cultivos de granadilla, disminuyendo los rendimientos de fruta de primera calidad y exportación, ya que afecta, sobre todo al aspecto exterior del fruto y no afecta al contenido de solidos solubles.

La forma más común de transmisión es la producida por el uso de herramientas infectadas (tijeras de podar, machetes, …) por lo que una buena medida preventiva es la desinfección periódica de las mismas antes de su uso mediante hipoclorito de sodio. Otro vector importante de transmisión es la presencia de insectos de las especies Aphis gossypii y Toxoptera citricida que son huéspedes de la familia de las papilionáceas. En caso de encontrar una planta con los síntomas descritos, lo mejor que se puede hacer es eliminarla de inmediato.

La virosis aparece en las hojas en forma de lesiones estrelladas que, a medida que crecen, se extienden a lo largo de las nervaduras y venas de las hojas, llegándolas a formar grandes manchas moradas, purpuras o rojizas, muy similares a los daños ocasionados por escaldadura o golpe de sol. En las hojas se observa clorosis, epinastia y nervaduras pigmentadas.

FISIOPATIAS.

Agrietamiento de la cascara del fruto.

La cascara de la fruta se rompe y revienta. Causa un problema de apariencia o percepción visual, ya que, normalmente, el interior de la fruta no se ve afectado. Las grietas pueden ser un punto de entrada de hongos que estropean la fruta.

Se desconoce con seguridad cuales son las causas de esta enfermedad fisiológica. Parece ser que los cambios bruscos de temperatura favorecen la aparición de este síntoma. Los desequilibrios nutricionales de Calcio/Magnesio o las deficiencias de Boro también pueden ser un factor desencadenante.

En general, la mejor medida de control de esta fisiopatía es un abonado que mantenga un contenido suficiente de materia orgánica en el suelo.

Quemaduras solares.

Alrededor del pedúnculo de la fruta se manifiesta un área circular descolorida que progresivamente se vuelve de color paja. Generalmente, en el lugar donde se produce este daño, suele atacar el hongo de la antracnosis.

Durante el periodo seco se debe evitar la realización de podas severas que expongan la fruta al sol, sobre todo durante la mañana cuando aún tiene gotas de rocío de la mañana (efecto lupa). Adicionalmente, se deben eliminar las frutas dañadas lo antes posible para que el hongo de la antracnosis no se propague.

Fruta vana.

La fruta tiene poco peso y las semillas presenta un color claro.

La causa de esta fisiopatías es una falta generalizada de nutrientes. Se recomienda la aplicación de un plan de fertilización adecuado y controlado con análisis foliares periódicos.