Salud edáfica o como administrar de manera inteligente el suelo

Los suelos saludables son un lugar donde conviven una amplia variedad de microorganismos que proporcionan infinidad de servicios necesarios para la producción agrícola y ganadera. Muchos de ellos contribuyen a la formación del suelo ya que participan en la degradación de la materia orgánica y en los ciclos de diferentes elementos como el carbono, nitrógeno, oxígeno, azufre, fósforo o hierro, entre otros. Algunos de ellos son capaces de asociarse a las raíces de las plantas, influyendo en su crecimiento, desarrollo y productividad. Unos pocos de ellos facilitan el acceso de las plantas a ciertos nutrientes esenciales, las defienden del ataque de microorganismos patógenos presentes en el suelo o, incluso, las ayudan a defenderse o a curarse del ataque de diferentes plagas

La Salud Edáfica es aquel estado físico, químico y biológico del suelo que permite la expresión del máximo potencial productivo y reproductivo de la comunidad biológica que vive en su interior o sobre él, además de proporcionar servicios adicionales en cuanto a recuperación y almacenamiento de nutrientes esenciales para la fauna y flora del suelo; retención, depuración y almacenamiento de agua; control de plagas y enfermedades o prevención de la contaminación.

Un suelo saludable es esencial para una buena cosecha, manteniendo los nutrientes que necesitan las plantas y una estructura que las sostiene firmes y derechas. Una buena estructura del suelo asegura el aire y el agua que precisan las raíces de las plantas, además de favorecer el drenaje del exceso de agua. El suelo es el hábitat de innumerables seres vivos y la mayor parte de la biomasa viva del planeta se encuentra en su interior.

Los beneficios de un suelo saludable no solo son para los cultivos, sino que también es esencial para la buena crianza del ganado. Una comunidad biológica fuerte y vigorosa recicla de manera rápida y eficaz los residuos ganaderos, transformándolos en nutrientes accesibles para las plantas, mejorando la estructura del suelo y favoreciendo el crecimiento del pasto.

El control de la propagación de plagas y enfermedades es otro de los servicios que proporciona un suelo saludable. Esta demostrado que un buen estado fisiológico de las plantas afecta a las estrategias de reproducción de los insectos herbívoros, especialmente en lo que se refiere a su tasa de reproducción, fecundidad, tamaño de los huevos y selección del área de oviposición. La buena calidad de los alimentos que consume el ganado es fundamental para asegurar un mayor bienestar animal, una mejor calidad de los productos que de ellos se derivan y tiene un importante efecto beneficioso respecto de la incidencia y las consecuencias de muchas plagas y enfermedades que les afectan.

En muchos casos, los suelos saludables mejoran la limpieza, depuración y almacenamiento del agua. La infiltración de agua hacia capas más profundas de suelo se ve favorecida por la reducción de la densidad del suelo y el aumento de su porosidad (mayor tamaño promedio y número de poros) consecuencia de la actividad biológica. La reducción de la erosión y el arrastre de partículas mejora la calidad e higiene de las aguas superficiales. Además, actúa como un autentico sistema de filtración que evita que muchos contaminantes, tanto orgánicos como inorgánicos, puedan llegar hasta las aguas superficiales o los acuíferos subterráneos.

Evidentemente, los seres humanos somos usuarios del suelo, tanto para nuestros cultivos, ganado o industria como para otros usos del territorio (infraestructuras, viviendas, ocio, …). Todo ese suelo que utilizamos, en demasiadas ocasiones, no es bien administrado, se pierde o, simplemente, deja de proporcionarnos los beneficios y servicios mencionados anteriormente. Cuando esto es así, el suelo no se encuentra en buen estado de salud y comienza a degradarse o enfermar, más o menos rápidamente, hasta que nos damos cuenta de que la productividad agraria y ganadera disminuye, se necesitan mayores aportaciones de fertilizantes, fitosanitarios, zoosanitarios y plaguicidas y, lo que es peor, se incrementan los costes de producción que hacen menos accesibles los alimentos para quien los necesita.

CLASIFICACIÓN DE LOS SUELOS EN FUNCIÓN DE SU ESTADO DE SALUD EDÁFICA.

Una conclusión obvia sobre la Salud Edáfica es que se trata de un rasgo distintivo de los suelos que se debe proteger, mantener y potenciar. ¿Cómo lo hacemos? ¿De qué herramientas y conocimientos disponemos? ¿Para qué lo hacemos? ¿Qué debemos hacer para protegerla, preservarla o potenciarla?

En una misma zona climática es posible encontrar diferentes tipos de suelos en función de su composición fisicoquímica, textura, estructura o comunidad biológica. Algunos de estos suelos pueden tener una salud edáfica adecuada o suficiente y otros pueden encontrarse en diferentes etapas de degradación, deterioro o enfermedad. Y todo ello, muy influido por el uso y gestión que los seres humanos hagamos de ellos, incluso aunque “aparentemente” no hagamos nada.

Para poder clasificar los suelos conforme a su estado de salud y con independencia de su uso, incluiremos los suelos en las siguientes categorías:

  1. Saludables (o sanos).
  2. Enfermos
  3. Degradados
    1. Estables
    2. Recuperables
    3. Irrecuperables.
  4. Mejorados

Los suelos saludables se distinguen del resto de suelos porque presentan las siguientes características distintivas:

  1. Contienen los nutrientes necesarios para el crecimiento y desarrollo de la fauna y flora asociada al suelo.
  2. Conservan una textura y una estructura que sirven como soporte adecuado a las plantas adaptadas al ecosistema.
  3. Permiten acumular la cantidad necesaria y suficiente de agua y aire para las raíces de las plantas.
  4. Facilitan la instalación y propagación de una comunidad biológica que ayuda a controlar la propagación de plagas y enfermedades que afectan plantas y animales.
  5. Favorecen la depuración e/o infiltración del agua que va a parar a otras masas de agua (superficiales y/o subterráneas)

La participación de cada uno de estos factores va a depender, sobre todo, del clima. Aspectos clave para la fertilidad del suelo como pueden ser la Capacidad de Intercambio Catiónico (CIC), Capacidad de Campo (CC) o capacidad de depuración (CD), dependen en gran medida del contenido de materia orgánica y de una comunidad biológica asociada, activa y equilibrada.

La salud y la aptitud para la agricultura y ganadería son dos cualidades que no tienen por qué ser concurrentes en un mismo tipo de suelo. Puede existir un suelo saludable, como ocurre con algunos tipos de suelos de bosques tropicales vírgenes, de escasa aptitud agrícola o ganadera debido a que un cambio en su uso implica un cambio en las condiciones que mantienen saludable el suelo. Por el contrario, un suelo degradado o enfermo puede evolucionar a un suelo saludable si se cambia su uso o, simplemente, se devuelve al medio natural.

Los suelos enfermos son todos aquellos en los que una o varias de las condiciones que definen a los suelos saludables, no se cumplen. Estableciendo como marco de referencia a un suelo saludable con unas determinadas características físicas, químicas, biológicas y climáticas, es fácil definir el grado de “enfermedad” de este tipo de suelos e, incluso, que enfermedad concreta padecen. Por ejemplo, un suelo puede estar enfermo simplemente porque esta contaminado por una sustancia tóxica o un microorganismo patógeno. Desde el punto de vista agrario, si se trata de un agente fisicoquímico que, por exceso o por defecto, produce síntomas de una enfermedad, estaríamos hablando de una Fisiopatía, mientras que si se trata de un agente biológico estaríamos frente a una plaga o enfermedad.

Una tercera categoría se corresponde con los suelos degradados. Este tipo de suelos se diferencia de los suelos enfermos en que el agente causante de la degradación ya se encontraba presente en el suelo y no procede de fuentes ajenas al propio suelo. Por ejemplo, un suelo con alto contenido de sales, como el que se puede encontrar en una marisma próxima a la desembocadura de un rio, es un tipo de suelo degradado. Sin embargo, aunque el suelo de la marisma se encuentre degradado eso no quiere decir, necesariamente, que no pueda evolucionar hacia un buen estado de salud ya que la tecnología, el trabajo y el tiempo podría regenerar el suelo hasta llegar a ser un suelo saludable.

Por otra parte, los suelos degradados se pueden clasificar, atendiendo a su posible evolución futura, en suelos degradados estables, recuperables o irrecuperables.

Los suelos degradados estables son aquellos que no evolucionan o no tienen posibilidad de evolucionar a corto plazo hacia otro grado de salud o de enfermedad (por algún tipo de deficiencia). Por ejemplo, el suelo de una marisma natural sin intervención humana puede conservar un determinado grado de degradación durante mucho tiempo, sin que afecte a su estado de salud o enfermedad.

Cuando un suelo degradado puede ser intervenido por el ser humano para tratar de recuperar su uso, estaríamos ante un suelo recuperable y en caso contrario, estaríamos ante un suelo irrecuperable. La estrategia habitual para recuperar un suelo degradado suele ser la aportación de enmiendas de tipo físico, químico o biológico con efectos sobre la textura y, sobre todo, la estructura del suelo. Un suelo con problemas de salinidad como consecuencia de un deficiente manejo del riego, puede ser recuperable en muchos casos si se aplican cantidades suficientes de agentes dispersantes (yeso), materia orgánica y agua de buena calidad (baja salinidad). Un suelo contaminado por un determinado agente (físico, químico o biológico) puede ser neutralizado o eliminado mediante la aportación al suelo de otro tipo de agentes antagonistas, limpiadores, bloqueantes, etc. En cualquier caso, la posibilidad de recuperar un suelo depende en gran medida de varios factores:

  1. La viabilidad económica de la recuperación.
  2. La capacidad de mejora de la “Higiene” del agroecosistema.
  3. Los posibles efectos perjudiciales o negativos sobre áreas próximas o sobre el conjunto del ecosistema o área de influencia.

Finalmente, se encuentra la categoría de los suelos mejorados. Son suelos creados de manera intencionada por el ser humano que no existen de manera natural y que se obtienen a partir de suelos vírgenes de escasa productividad o bien de suelos enfermos o degradados que no producen lo suficiente como para satisfacer las necesidades humanas. La tecnología y el tiempo son los dos factores clave para conseguir este tipo de suelos saludables. En muchos casos, la sostenibilidad del agroecosistema es una consecuencia posible derivada de la creación de este tipo de suelos.

Como ejemplo de suelo saludable mejorado disponemos de los suelos tipo “terra preta do indio” (tierra negra del indio) que aparecen en amplias zonas de la cuenca del rio Amazonas, aunque también se han descrito suelos de características similares en algunas zonas de África, Asia y América.

Los suelos “terra preta” contienen una comunidad biológica amplia y diversa (mayor que la de los suelos no mejorados circundantes) asociada al suelo (hongos, bacterias, lombrices, …), una capacidad de intercambio catiónico (CIC) elevada, producen de manera continuada durante muchos ciclos de cultivo y dificultan, ralentizan o, incluso, evitan la aparición de muchas fisiopatías, plagas y enfermedades. Desafortunadamente, no se sabe a ciencia cierta como se crearon este tipo de suelos, aunque hay un amplio consenso respecto al importante papel de un elevado contenido de carbono en el suelo derivado de enmiendas con carbón obtenido de pirolisis (combustión con bajo contenido de oxígeno). En una próxima entrada del blog veremos una propuesta para crear este tipo de suelos y que características hacen que puedan ser sostenibles.

CONCLUSIONES.

  • La caracterización de un suelo como saludable puede ser una herramienta más para detectar o crear agroecosistemas sostenibles.
  • La comunidad biológica asociada al suelo tiene un papel muy importante en la recuperación y reciclaje de los nutrientes que las plantas o los cultivos necesitan, además de proporcionar, en algunos casos, servicios de protección frente a fisiopatías, plagas o enfermedades.
  • La enfermedad o degradación de un suelo son conceptos diferenciados que en algunos casos pueden estar relacionados
  • La salud edáfica depende del uso que se haga del suelo, independientemente de si es utilizado por el ser humano o por la fauna y flora silvestre.
  • La recuperación de suelos degradados o enfermos depende de factores económicos, higiénicos y que afecten al entorno
  • Es posible realizar una mejora del suelo para atender a las crecientes necesidades del ser humano en un planeta con recursos limitados, aunque solo será sostenible si el suelo resultante tiene las características de un suelo saludable

Equilibrio hidráulico o como buscar la sostenibilidad de los agroecosistemas a través de una gestión responsable del agua.

Los agroecosistemas sostenibles/sustentables deben tener el agua suficiente para todos los usos posibles por parte del ser humano y el resto de los seres vivos que habitan en él. En este artículo veremos una aproximación a la forma en que se puede conseguir y mantener un agroecosistema en modo sostenible/sustentable

El equilibrio hidráulico es una forma de valorar la sostenibilidad de un ecosistema mediante la comparación entre la cantidad de agua disponible para su uso y el uso que se hace de ella. Esto quiere decir que, ante una determinada cantidad de agua procedente de la precipitación atmosférica se producen determinados usos como pueden ser la existencia de una determinada población de seres vivos, las aguas superficiales y subterráneas o el contenido de agua del suelo.

Evidentemente, los seres humanos somos usuarios del agua que cae del cielo, tanto para consumo propio como para consumo de nuestros cultivos, ganado o industria. Toda esa agua que utilizamos, obviamente, no está disponible para el resto de los seres vivos del ecosistema lo que condiciona su población, aunque eso no tiene por qué suponer un problema insalvable para el conjunto del ecosistema. Si esto es así, nos encontramos ante un agroecosistema sostenible que se mantiene en el tiempo o sustentable porque puede ser “utilizado” en sucesivos ciclos de tiempo. Hay que tener en cuenta que el resto de los seres vivos proporcionan “servicios” impagables a los seres humanos como pueden ser el control de plagas y enfermedades de nuestros cultivos o ganado, protección contra la erosión (tanto hidráulica como eólica), retención de agua de precipitación, mejora de la infiltración de agua hacia los recursos subterráneos, etc.

EL ECOSISTEMA BASE

Puesto que el Hombre ya lleva una buena temporada sobre este planeta (más de un millón de años, dicen) estaría bien hacer un experimento mental sobre cómo fueron los ecosistemas naturales antes de su llegada y cómo podemos suponer que se alcanzaba el equilibrio hidráulico en ellos.

En este ecosistema natural, al que denominaremos ecosistema base, no existía ningún tipo de regulación o almacenamiento de agua como hacemos actualmente los seres humanos. Tampoco se podía aprovechar el agua subterránea porque, salvo que saliera de la tierra (manantiales naturales) no estaba accesible. Y de utilizar agua desalada, mejor ni pensarlo. Por tanto, este ecosistema solo disponía del agua a la que pueden acceder los seres vivos de manera natural o, de otra forma, sólo disponían del agua accesible. Dependiendo de la cantidad de agua accesible en el ecosistema podía existir en un momento dado mayor o menor población de seres vivos.

Además del agua accesible es de suponer que no toda el agua que caía del cielo era utilizada por los seres vivos, generándose, desde el punto de vista de la utilidad, un agua excedente o inaccesible que podía tener otros usos por parte del territorio en el que se asienta el ecosistema. Entre otros “usos” posibles vamos a destacar los siguientes:

  • Evaporación hacia la atmosfera.
  • Almacenaje (lagos y corrientes superficiales permanentes)
  • Exportación (hacia otros ecosistemas, hacia el mar, a los acuíferos subterráneos, reacciones químico-geológicas, etc.).

De manera que la suma del agua accesible y el agua excedente o inaccesible se correspondía, más o menos exactamente, con el agua disponible de la precipitación atmosférica. Para no complicar el asunto, no incluiremos dentro del agua accesible a las posibles aportaciones de agua desde otros ecosistemas que, en general, vamos a considerar poco significativa e incluida dentro del agua disponible.

 

Por cierto, no se nos debe olvidar que ese ecosistema base estará asociado a un determinado territorio, clima y suelo en el que existen unas determinadas especies de flora y fauna adaptadas al mismo. Y que en todo el planeta no hay un único ecosistema, sino una multitud de ellos que interactúan a su vez unos con otros y con el medio físico.

EL AGROECOSISTEMA SOSTENIBLE/SUSTENTABLE.

Introduzcamos al Hombre en la balanza del equilibrio hidráulico.

Ahora los seres vivos que forman parte de los ecosistemas naturales ya no están solos, sino que hay que incluir a la población humana, los cultivos, el ganado y el uso del territorio. Con uso del territorio nos referimos a nuestras viviendas, granjas, industrias, carreteras y, en general, todas las infraestructuras que los seres humanos necesitamos para vivir o para nuestro ocio, que también es importante. Puesto que los recursos del planeta son limitados y finitos, toda “ocupación” del ecosistema con nuestra población, cultivos, ganado o infraestructuras repercute en la población de seres vivos del resto del ecosistema natural, ya sea reduciendo su población o, directamente, extinguiendo a diferentes especies que no son capaces de “convivir” con nosotros por diferentes motivos. Es cierto que nuestra tecnología nos permite maximizar el rendimiento de los recursos disponibles (mejora vegetal y ganadera, fertilizantes, maquinaria, etc.) de manera que todavía hoy podemos atender, de mejor o peor manera, a una población creciente de seres humanos, pero eso no quiere decir que lo podamos hacer siempre. Debemos poner los ecosistemas a los que afectamos (¿todos?) en modo “sostenible” para que podamos seguir viviendo, con un adecuado nivel de “confort” en el planeta que nos ha visto aparecer.

Bueno, esto está muy bien, pero ¿Cómo lo hacemos?

Ya lo hemos hecho, y no una, sino varias veces a lo largo de la historia de la Humanidad y todavía hoy lo hacemos en algunos ecosistemas naturales intervenidos o agroecosistemas. Actualmente es muy posible que dispongamos de la tecnología, infraestructuras y, probablemente, inteligencia suficiente como para hacer sostenible nuestro uso de los ecosistemas naturales. En los tiempos históricos en los que la humanidad tenía una población relativamente escasa en la inmensidad del planeta, nuestro impacto era también escaso o no lo suficientemente significativo para producir efectos permanentes sobre el ecosistema. Actualmente eso no es así, somos muchísimos seres humanos sobre el planeta y nuestro uso de los recursos naturales finitos está alcanzando cotas que podrían en un futuro colapsar los ecosistemas y ocasionarnos graves problemas. Del cambio climático, mejor ni hablamos.

Por una vez, y que sirva de precedente, vamos a aprender de nuestros aciertos y no de nuestros errores. En la próxima entrega veremos algunos ejemplos de agroecosistemas sostenibles y sacaremos algunas conclusiones al respecto.

Fertilizantes y Fertilización. La interacción entre el suelo y los nutrientes vegetales.

Fertilizantes para obtener mayores y mejores producciones agrícolas. El suelo como almacén y distribuidor de los fertilizantes

El uso de los fertilizantes debería ser parte de un programa integrado de buenas prácticas agrícolas con el objetivo de mejorar la producción de los cultivos.

Es difícil estimar con exactitud cuál es la contribución de los fertilizantes minerales al aumento de la producción agrícola, debido a la dependencia que tiene este componente con respecto a otros factores importantes. Sin embargo, si se puede asegurar que los fertilizantes tienen un papel decisivo en la productividad agraria, incluso considerando el importante papel que el desarrollo de nuevas tecnologías, la mecanización agraria y las mejoras en la gestión integrada de los agroecosistemas tienen en este sentido.

Los nutrientes que necesitan las plantas se toman del aire y del suelo, aunque la inmensa mayoría de ellos proceden del suelo. Si uno solo de los nutrientes necesarios para la planta es escaso, el crecimiento de las plantas y el rendimiento del cultivo se reducen. Para obtener un buen rendimiento del cultivo es muy importante proporcionar los nutrientes suficientes en las cantidades que las plantas precisan.

Fertilización, materia orgánica y manejo del suelo.

Antes de pensar en realizar ninguna aplicación de fertilizantes para un cultivo es muy conveniente conocer cuáles son las fuentes de nutrientes accesibles y disponibles en el suelo. Los nutrientes necesarios pueden estar disponibles en el suelo pero en formas inaccesibles para el cultivo, debido a causas físicas, químicas o biológicas. A modo de ejemplo para cada uno de estos motivos:

  1. Una causa física que hace que los nutrientes no estén disponibles en el suelo puede ser la compactación del perfil del suelo por diferentes circunstancias de manejo del suelo (paso de maquinaria, elevada concentración de sales, falta de humedad superficial,….)
  2. Un motivo químico como puede ser un nivel de PH bajo (ácido) que modifica el equilibrio químico del suelo transformando determinados nutrientes esenciales en formas no asimilables por las plantas
  3. Y un motivo biológico puede ser la ausencia de determinados microorganismos fijadores de nitrógeno que viven en simbiosis con algunos cultivos, principalmente de la familia de las leguminosas (trébol, veza, arveja, guisante, haba, lupino, …)

Excepto en el último ejemplo en el que puede ser necesaria la inoculación del microorganismo fijador de nitrógeno junto con la semilla, el mantenimiento de un contenido saludable de materia orgánica en el suelo puede ayudar en gran medida a corregir las deficiencias en el acceso a los nutrientes esenciales. Además, la aportación de materia orgánica es una fuente de nutrientes muy interesante que puede estar muy próxima o accesible al cultivo y que se puede obtener de los excrementos de animales, restos vegetales u otras materias orgánicas como pueden ser las procedentes de la industria alimentaria, industrial y urbana.

Fotografía 1: Imagen de cultivo de Habas (Vicia Faba) que se asocia con bacterias del genero Rhizobium para fijar nitrógeno atmosférico

Aunque la aportación de materia orgánica habitualmente beneficia al cultivo, también es cierto que pueden aparecer problemas de inmovilización de nutrientes esenciales y contaminación ambiental como consecuencia de su uso. Ciertos restos vegetales, como la paja del maíz y de otros cereales, causan una inmovilización de nutrientes tras su incorporación al suelo, desplazando la disponibilidad de nutrientes esenciales hacia el cultivo posterior, simplemente porque los microorganismos del suelo consumen esta materia orgánica y la incorpora a su biomasa. La utilización de estiércoles, purines y otros restos de origen animal, ocasiona efectos no deseados sobre el terreno de cultivo como la dispersión de semillas de malas hierbas, la contaminación de las aguas subterráneas, cambios en el PH del suelo, modificación de la composición de la biota (fauna y flora) del suelo o la dispersión de plagas y enfermedades de las plantas o los animales. La incorporación de restos vegetales contaminados al suelo con elementos de propagación de patógenos, plagas y enfermedades (esporas, semillas,…), favorece la dispersión desde focos puntuales a otras zonas del cultivo.

Para reducir los posibles inconvenientes que supone la utilización de residuos orgánicos “en bruto”, tradicionalmente y a lo largo de los muchos de los siglos en que existe la agricultura, se han establecido rutinas y procesos que mejoran la disponibilidad y accesibilidad a los nutrientes. Entre otros sistemas, que no vamos a describir en el este artículo, se encuentra el compostado de residuos orgánicos de todo tipo, la “maduración” de los estiércoles (utilización diferida), los abonos verdes, fermentación anaerobia de residuos orgánicos diluidos, etc.

Fotografía 2: Detalle de aportación de compost (materia orgánica fermentada y digerida por la biota del suelo) sobre suelo

La incorporación de residuos de cosecha o abonos verdes (cultivos específicamente introducidos en la rotación para incorporar materia orgánica al suelo) y los abonos de origen animal contribuyen a la acumulación de materia orgánica en el suelo. Sin embargo, los efectos sobre el suelo son distintos dependiendo de si la materia orgánica que se incorpora es de origen vegetal o animal, aún en cada caso para iguales tasas de incorporación al suelo.

La utilización de materia orgánica “madurada” o “procesada” mejora la disponibilidad de nutrientes para el cultivo y reduce los inconvenientes

A pesar de estos inconvenientes, lo cierto es que la aportación de materia orgánica al cultivo también proporciona algunas ventajas entre las que destacan:

  • Mejora de la estructura e incrementa la porosidad del suelo.
  • Reducción de la erosión, tanto del agua como del viento, mediante el incremento del tamaño de las partículas, el aumento de la estabilidad de los agregados al agua y la disminución de la compactación.
  • Proporciona recursos energéticos a los organismos del suelo que participan activamente en los ciclos de muchos nutrientes que de esta forma se vuelven disponibles para las plantas, además de participar en la formación y estabilización de la estructura y porosidad del suelo.
  • Mejora la retención de agua y su infiltración hacia capas más profundas del suelo.

Y tiene mucho que ver con la fertilidad porque mejora una propiedad clave del suelo denominada Capacidad de Intercambio Catiónico (CIC).

La CIC es la capacidad que tiene el suelo para retener y liberar iones positivos, gracias a su contenido en arcillas y materia orgánica. Es una propiedad química del suelo, vinculada a la fertilidad, que tiene una componente fija y otra variable que depende del PH. La CIC fija proviene de los coloides inorgánicos (arcillas cristalinas, geles amorfos, óxidos y sesquióxidos de hierro y aluminio), mientras que la CIC variable depende, sobre todo, de coloides orgánicos y sustancias húmicas presentes en la materia orgánica. Cuanto mayor es la fracción de materia orgánica del suelo, mayor es la capacidad de retención de nutrientes, en su mayoría de carga positiva, en el suelo y no solo eso, también la retención de estos nutrientes es más intensa y más accesible para el cultivo.

Un nivel de CIC elevado, implica una mayor capacidad de almacenamiento de nutrientes y mayor accesibilidad para el cultivo.

Ha quedado claro que la aportación de materia orgánica al suelo, a pesar de los inconvenientes, es beneficiosa para la productividad de los cultivos. Sin embargo, lo más interesante de un contenido saludable de materia orgánica en el suelo es como puede ayudar a una gestión sostenible y sustentable de los agroecosistemas.

La materia orgánica del suelo (MOS) es el conjunto de residuos orgánicos del suelo que se encuentra en diferentes fases de descomposición y que se acumula tanto en la superficie como en el propio perfil del suelo. Dentro de la materia orgánica del suelo se suele incluir una fracción viva o biota que participa activamente en los procesos de descomposición y trasformación de los residuos orgánicos, pero no es la única fracción relevante en el suelo. En la mayoría de los suelos es posible distinguir en la materia orgánica dos fracciones:

  • La fracción lábil, compuesta por una serie de residuos orgánicos que son una fuente de energía para la biota presente en el suelo y que mantienen las características químicas de su material de origen (hidratos de carbono, ligninas, proteínas, taninos, ácidos grasos, exudados vegetales, etc). Constituye la mayor parte de la MOS.
  • La fracción húmica, compuesta por residuos orgánicos transformados y más estables que se encuentra constituida por ácidos fúlvicos, ácidos húmicos y huminas. Supone una pequeña parte de la MOS, aunque es mucho más estable y tiene efectos colaterales que mejoran la capacidad de retención de nutrientes en el suelo.

Ambas fracciones están muy relacionadas entre sí y proceden de aportaciones externas (abonos orgánicos) o internas (restos de cosecha, abonos verdes, descomposición de la biota, …). Las prácticas agrícolas son clave para una adecuada gestión del contenido de materia orgánica del suelo.

La labranza es una práctica que se introdujo para facilitar las labores agrícolas, entre las que destacan el control de malezas o malas hierbas, la formación de la cama de semillas que favorezca la germinación y establecimiento del cultivo, la incorporación de fertilizantes y pesticidas al suelo, la incorporación de residuos del cultivo precedente o la mejora en la retención de agua y nutrientes en la solución del suelo. Sin embargo, también es cierto que a pesar de las indudables ventajas que supone para el incremento de la producción de los cultivos, los sistemas de labranza más habituales exponen el suelo a los principales agentes erosivos (agua y viento) y facilitan la mineralización de la materia orgánica, reduciendo o, incluso, eliminando los efectos beneficiosos de un contenido saludable de materia orgánica.

Ciertas prácticas de labranza o laboreo aplicadas a los suelos ayudan a conservar y mejorar el contenido de materia orgánica, reduciendo la degradación, la erosión y la emisión de gases de efecto invernadero, fundamentalmente en forma de CO2 y CH4 (suelos con escasa aireación). Así por ejemplo, la práctica continuada de sistemas de labranza de “no laboreo” o “cero labranza” se ha comprobado que favorecen la acumulación y el mantenimiento de un contenido saludable de materia orgánica, principalmente en los primeros centímetros del perfil del suelo. Y cuando se utiliza un laboreo que no voltea o remueve el perfil del suelo (laboreo mínimo, laboreo de chisel,…), también se ha comprobado que se reduce la perdida de materia orgánica respecto a las practicas convencionales.

Un adecuado contenido de materia orgánica en el suelo mejora el acceso de las plantas a los nutrientes que necesitan, independientemente de si estos ya se encuentran en el suelo o proceden de aportaciones desde el exterior. En general, la aportación de abonos orgánicos no siempre es suficiente como para cubrir todas las necesidades de nutrientes de los cultivos, incluso donde se dispone de grandes cantidades. Hay que tener en cuenta que la falta de las cantidades necesarias de nutrientes, aunque solo sea de uno de ellos, puede afectar de manera significativa al rendimiento del cultivo. Y no todos los abonos orgánicos tienen todo lo que las plantas necesitan, por lo que siempre será necesario utilizar otras estrategias de fertilización adicionales para evitar una reducción de los rendimientos que incluyan la combinación de distintas fuentes de nutrientes.

Es necesaria una fertilización equilibrada que incorpore al suelo los nutrientes que el cultivo necesita, así como un adecuado manejo del suelo para que esos mismos nutrientes puedan almacenarse y se encuentren disponibles.

Los nutrientes necesarios para el crecimiento de las plantas.

Dieciséis son los elementos esenciales para el crecimiento y desarrollo de muchas plantas cultivadas. La mayor parte de estos elementos esenciales o nutrientes necesarios se encuentran en el aire y el suelo. En el suelo, el medio que contiene estos nutrientes es la solución del suelo de la que la capacidad de intercambio catiónico es una propiedad relevante.

Los elementos esenciales se encuentran localizados en distintas ubicaciones:

  1. Aire: carbono (C) como CO2 (dióxido de carbono);
  2. Agua: hidrógeno (H) y oxígeno (O) como H2O (agua);
  3. Suelo:
    1. Nitrógeno (N)
    2. Fósforo (P)
    3. Potasio (K)
    4. Calcio (Ca),
    5. Magnesio (Mg)
    6. Azufre (S)
    7. Hierro (Fe)
    8. Manganeso (Mn),
    9. Zinc (Zn)
    10. Cobre (Cu)
    11. Boro (B)
    12. Molibdeno (Mo)
    13. Cloro (Cl).

Diagrama 1: Diferentes nutrientes necesarios para el crecimiento y desarrollo de las plantas

En determinados cultivos, también puede ser necesario considerar la presencia de otros elementos químicos no esenciales para el crecimiento de todas las plantas pero si beneficiosos para ellas.

Los fertilizantes, abonos o residuos de cultivos aplicados al suelo aumentan la oferta de nutrientes de las plantas

Las funciones de los nutrientes.

Aparte del carbono, que es absorbido por la planta desde la atmosfera, las plantas cogen todos los nutrientes de la solución del suelo. Estos nutrientes extraídos del suelo pueden clasificarse en dos categorías:

  1. Macronutrientes, divididos en nutrientes primarios y secundarios; y
  2. Micronutrientes o microelementos.

Los macronutrientes se necesitan en grandes cantidades, y grandes cantidades tienen que ser aplicadas si el suelo es deficiente en uno o más de ellos. Los suelos pueden ser naturalmente pobres en nutrientes, o pueden llegar a ser deficientes debido a la extracción de los nutrientes por los cultivos a lo largo de los años, o cuando se utilizan variedades de rendimientos altos, las cuales son más demandantes en nutrientes que las variedades tradicionales.

Los micronutrientes, sin embargo, se necesitan en pequeñas cantidades para el crecimiento correcto de las plantas y solo se agregan cuando el suelo no dispone de ellos o se encuentran en formas no accesibles.

Dentro del grupo de los macronutrientes, necesarios para el crecimiento de las plantas en grandes cantidades, hay que destacar a los denominados nutrientes primarios que son el nitrógeno, fósforo y potasio.

El Nitrógeno (N) es el motor del crecimiento de la planta. Proporciona entre el uno a cuatro por ciento del extracto seco de la planta. Es absorbido del suelo bajo forma de nitrato (NO3-) o de amonio (NH4+) dependiendo del PH del suelo. En la planta se combina con componentes producidos por el metabolismo de carbohidratos para formar aminoácidos y proteínas. Como constituyente esencial de las proteínas, está involucrado en todos los procesos principales de desarrollo de las plantas y en el rendimiento del cultivo. Un suministro adecuado de nitrógeno facilita la absorción de los otros nutrientes.

El Fósforo (P), que proporciona entre el 0,1 y el 0,4 por ciento del extracto seco de la planta, juega un papel importante en la transferencia de energía. Es un nutriente esencial para la realización de la fotosíntesis y para otros procesos químico-fisiológicos. Es indispensable para la diferenciación de las células y para el desarrollo de los tejidos, que forman los puntos de crecimiento de la planta. En general, el fósforo suele ser deficiente en la mayoría de los suelos naturales o agrícolas o dónde la fijación limita su disponibilidad.

El Potasio (K), que proporciona entre el uno y el cuatro por ciento del extracto seco de la planta, tiene muchas funciones. Activa más de 60 enzimas (substancias químicas que regulan la vida) y juega un papel fundamental en la biosíntesis de carbohidratos y de proteínas. El K mejora el régimen hídrico de la planta y aumenta su tolerancia a la sequía, heladas y salinidad. Las plantas bien provistas con K sufren menos de enfermedades.

Los nutrientes secundarios son magnesio, azufre y calcio que las plantas también los absorben en cantidades considerables.

El Magnesio (Mg) es el constituyente central de la clorofila, el pigmento verde de las hojas que funciona como un aceptador de la energía que procede del sol. Este es el motivo por el que entre el 15 y el 20 por ciento del magnesio que contiene la planta se encuentra en las partes verdes. El Mg se incluye también en las reacciones enzimáticas relacionadas a la transferencia de energía de la planta.

El Azufre (S) es un constituyente esencial de algunos aminoácidos y de proteínas, estando también relacionado con la formación de la clorofila. En la mayoría de las plantas compone entre el 0,2 y el 0,3 (0,05 a 0,5) por ciento del extracto seco. Por ello, es tan importante en el crecimiento de la planta como el fósforo y el magnesio; pero su función es a menudo subestimada.

El Calcio (Ca) es esencial para el crecimiento de las raíces y como un constituyente del tejido celular de las membranas. Aunque la mayoría de los suelos contienen suficiente disponibilidad de Ca para las plantas, la deficiencia puede darse en los suelos tropicales muy pobres en Ca. Es muy frecuente que este nutriente se utilice para facilitar la disponibilidad en el suelo de otros nutrientes, ya que su aplicación en cantidades suficientes puede ayudar a reducir la acidez del suelo (PH). En otras ocasiones, un exceso de este nutriente bloquea la disponibilidad de distintos nutrientes al incrementar el PH del suelo (PH básico).

El Calcio es un nutriente que tiene mucho que ver con el PH del suelo

Los micronutrientes o microelementos son el hierro (Fe), el manganeso (Mn), el zinc (Zn), el cobre (Cu), el molibdeno (Mo), el cloro (Cl) y el boro (B). Componen un grupo de nutrientes que son claves en el crecimiento de la planta, siendo comparables con las vitaminas en la nutrición animal. Se absorben en cantidades minúsculas y su disponibilidad en las plantas depende mucho del PH del suelo. En algunos casos, un exceso de suministro de alguno de estos nutrientes, como puede ser el caso del Boro, puede tener un efecto adverso o, incluso, toxico sobre el cultivo.

Además de todos estos nutrientes que se han descrito, existen algunos otros nutrientes benéficos que pueden ser importantes para algunos cultivos en concreto. Es el caso del Sodio (Na) para la remolacha azucarera, el Silicio (Si),
para los cereales, en los que fortalece el tallo para resistir el vuelco, o el Cobalto (Co) que es importante en el proceso de fijación de N en las leguminosas.

Algunos microelementos pueden ser tóxicos para las plantas a niveles sólo algo más elevados que lo normal. En la mayoría de los casos esto ocurre cuando el pH es de bajo a muy bajo. La toxicidad del aluminio y del manganeso es la más frecuente, en relación directa con suelos ácidos.

Es importante notar que todos los nutrientes, ya sean necesarios en pequeñas o grandes cantidades, cumplen una función específica en el crecimiento de la planta y en la producción alimentaria y que un nutriente no puede ser sustituido por otro.

Conclusiones.

La aportación de fertilizantes está muy relacionada con la productividad de los cultivos, pero un manejo inadecuado puede causar problemas de contaminación del medio ambiente y de perdida de fertilidad de los suelos.

Un manejo adecuado del suelo que incluya prácticas de laboreo que faciliten la conservación de un contenido saludable de materia orgánica es fundamental para mantener e, incluso, mejorar la fertilidad y reducir las necesidades de fertilizantes.

Los fertilizantes pueden ser necesarios para las plantas en mayores o menores cantidades, pero las cantidades que se precisan para cada cultivo están condicionadas por el propio cultivo, el suelo en el que se desarrolla y las condiciones climáticas en las que se desarrolla.

Mejora Hidráulica

Conjunto de actuaciones sobre un agroecosistema destinadas a incrementar la disponibilidad y accesibilidad del agua.

La mejora hidráulica es el conjunto de actuaciones sobre un agroecosistema destinadas a incrementar la disponibilidad y accesibilidad del agua. Se incluyen dentro de este conjunto de actuaciones tanto la dotación de infraestructuras para la gestión del agua como las prácticas de manejo del agroecosistema destinadas a mejorar la salud hidráulica. Las medidas que se pueden emplear para la mejora hidráulica se pueden agrupar en las siguientes categorías:

  • Medidas curativas: Medidas para incrementar la accesibilidad al agua o mejorar su disponibilidad. Se incluyen en esta categoría medidas que van desde la construcción de infraestructuras para la mejora de la infiltración o depuración del agua hasta repoblaciones forestales adaptadas a las condiciones ecológicas particulares del área de actuación.
  • Medidas preventivas: Medidas para prevenir o mitigar el riesgo de desabastecimiento hidráulico o degradación de las aguas. Se incluyen en esta categoría todas aquellas medidas que tratan de anticiparse a la aparición de problemas de insuficiencia o deficiencia hidráulica, actuando antes de que aparezcan o, incluso, evitándolos. Una medida preventiva, por ejemplo, podría ser la construcción de aterrazamientos en terrenos con pendientes elevadas para prevenir los efectos de la erosión cuando se ponen en cultivo.
  • Medidas correctivas: Medidas para corregir o subsanar problemas específicos de desabastecimiento hidráulico o degradación de las aguas. Se incluyen en esta categoría todas aquellas actuaciones que intentan resolver o mitigar un deterioro hidráulico puntual o sistemático. Un ejemplo de este tipo de medidas de corrección seria la construcción de una estación depuradora de aguas residuales para resolver un problema de contaminación de aguas superficiales procedentes de un núcleo urbano.

Todas estas medidas tienen un efecto temporal limitado sobre el agroecosistema agrario. Las infraestructuras requieren de mantenimiento periódico para seguir cumpliendo con la función para la que fueron diseñadas. Las prácticas de manejo del agroecosistema deben repetirse y reiterarse en diferentes momentos para que sus efectos tengan continuidad en el tiempo. La Mejora Hidráulica es, por tanto, una estrategia de mejora continua que busca la obtención del máximo rendimiento del agroecosistema para todos los que lo integran y al mismo tiempo un compromiso de sostenibilidad a largo plazo.

Sistema de andenería en Machu Picchu
Imagen 1: Sistema de andenería en Machu Picchu, que produce efectos permanentes sobre la retención de agua y control de la erosión

Las medidas curativas tienen por objeto llegar a un determinado nivel que permita resolver problemas de insuficiencia o deficiencia hidráulica y mitigar las oscilaciones climáticas. Por ello, en la mayoría de los casos, las medidas curativas suponen la construcción de infraestructuras para la gestión del agua, ya sea esta superficial o subterránea. Sin embargo, no hay que pensar que siempre es posible solucionar los problemas mediante la construcción de infraestructuras. Ciertas prácticas agrícolas de conservación de suelos pueden ayudar mucho a la hora de mejorar la disponibilidad o accesibilidad del agua, ya que reducen la escorrentía superficial y colaboran en la limpieza del agua que pasa a su través como auténticos filtros físico-químico-biológicos. En otros casos, técnicas como la plantación en curvas de nivel o el uso de especies vegetales adaptadas a las condiciones específicas de suelo y clima pueden también proporcionar mejoras mas o menos permanentes en el agroecosistema.

Reforestación forestal como medida para la prevención de la erosión hidráulica
Imagen 2: Reforestación forestal como medida para la prevención de la erosión hidráulica

En cuanto a las medidas preventivas, el objetivo es adelantarse a posibles situaciones de deficiencia o insuficiencia hidráulica. En un primer momento puede parecer que la construcción de una infraestructura es una buena opción para almacenar agua para los meses estivales con escasez de precipitaciones o para depurar agua contaminada que se puede utilizar en cultivos agrícolas. Los posibles impactos, positivos o negativos, de la infraestructura sobre el agroecosistema deben tenerse en cuenta y estar preparado tanto para aprovechar las oportunidades de mejora como para mitigar o eliminar los posibles defectos o errores. Por ejemplo, cuando se prevé la construcción de una presa o un reservorio para almacenar agua, habrá que tener en cuenta el arrastre de materiales de la cuenca de captación hacia el vaso de la presa o reservorio, porque es posible que la infraestructura se llene de sedimentos y deje de ser útil. Como en el caso de las medidas curativas, también es posible utilizar medidas preventivas que no requieran de la construcción de infraestructuras, aunque también puedan producir impactos, positivos o negativos, sobre el agroecosistema. Una repoblación forestal previene el deslizamiento de terrenos y reduce la escorrentía superficial, mejorando la infiltración hacia los acuíferos, pero una mala elección de la especie utilizada en la repoblación puede tener un impacto negativo sobre el agroecosistema con cambios en la fertilidad del suelo, pérdida de biodiversidad o aparición de nuevas plagas y enfermedades.

Laboreo mínimo o de conservación para maximizar la conservación de la materia orgánica
imagen 3: Laboreo mínimo o de conservación para corregir la perdida de materia orgánica que se produce en suelos con un laboreo completo.

Finalmente, las medidas correctivas son aquellas que tienen por objeto la corrección o eliminación de las deficiencias que puedan aparecer en el agroecosistema relacionadas con la gestión y conservación del agua. En la mayoría de los casos, se trata de acciones de contingencia en respuesta a la aparición de una deficiencia. Un ejemplo de este tipo de medidas puede ser la construcción de diques o saltos para reducir la aparición de cárcavas o evitar que progresen las que ya han aparecido. En otros casos, la deficiencia ya estaba ahí y es necesario corregirla para que no cause más problemas en el futuro. La aplicación de materia orgánica a los suelos puede ser muy positiva para su regeneración y recuperación o la utilización de cubiertas vegetales entre filas de árboles frutales puede reducir la erosión hídrica y eólica de manera muy importante.

Una estrategia de mejora hidráulica adecuadamente diseñada y aplicada sobre el terreno puede ser de gran ayuda para mitigar los efectos a corto, medio y largo plazo del cambio climático. El almacenamiento y depuración del agua que procede de fenómenos atmosféricos facilita el camino hacia un desarrollo del agroecosistema más sostenible y sustentable en el tiempo.

Insuficiencia hidraulica

Cuando la cantidad de agua disponible en el agroecosistema no satisface las necesidades de los seres vivos que dependen de él nos encontramos en una situación de insuficiencia hidráulica.

La insuficiencia hidráulica es el déficit de recursos hídricos en relación con las necesidades de los seres vivos que habitan el ecosistema agrario. La necesidad de agua depende de cada comunidad de seres vivos que habite el ecosistema y, en sí misma, no va a ser un valor absoluto, sino relativo. Por ejemplo, la necesidad de agua para un cultivo de arroz va a ser mucho mayor que la que puede necesitar un cultivo de cebada. Incluso cuando comparamos diferentes comunidades humanas, la necesidad de agua va a ser diferente en función de los usos y recursos que se quieren obtener. Esto quiere decir que, para los seres humanos, el agua no solo es una necesidad para sobrevivir, sino que también es un recurso necesario para obtener otros bienes como alimentos, fibras, maderas o materias primas para la industria.

Cuando en un agroecosistema aparecen síntomas de insuficiencia hidráulica, porque no se cubren las necesidades hidráulicas de los seres vivos que viven del él, se produce un problema claro de mala salud hidráulica.

Flujo de agua subterranea
Ilustración 1ª: Flujo de agua subterránea.

Las necesidades hídricas de los seres vivos pueden cubrirse, al menos parcialmente, con el uso de los procedimientos adecuados y de las infraestructuras pertinentes que reduzcan las pérdidas de agua hacia la atmósfera u otros ecosistemas adyacentes. Sin embargo, debe tenerse en consideración como las medidas tomadas para reducir las pérdidas de agua afectan a otros elementos que intervienen en el ciclo del agua, tales como el clima o las trasferencias de agua hacia otros ecosistemas. Una agricultura sustentable, que tenga por objetivo proporcionar los recursos suficientes a las generaciones futuras, requiere de los mejores procedimientos de gestión hidráulica (sistemas de riego eficientes, laboreo mínimo, forestación,…), además de una dotación suficiente de infraestructuras para la conservación y almacenamiento de recursos hídricos (presas, canales, reservorios, acequias de infiltración, …).

Ilustración 2: Infraestructura de derivación de agua de cauces naturales superficiales

La insuficiencia hidráulica puede hacerse cada vez más acusada con el avance de los efectos previstos por el calentamiento global. Es muy posible que determinadas zonas del planeta padezcan de importantes sequías que reduzcan el nivel de recursos hídricos disponibles, o que se vean afectados por inundaciones localizadas que provoquen importantes destrozos en las infraestructuras (viviendas, canales, presas,…) o que se encuentren con un deterioro de sus suelos agrícolas de tal magnitud que dejen de ser aptos para proporcionar alimentos. Como consecuencia de la imprevisibilidad de todos estos efectos causados por el calentamiento global, las soluciones a la insuficiencia hidráulica deben plantearse desde un punto de vista lo suficientemente amplio como para que, partiendo de una visión sobre el conjunto del agroecosistema, pueda actuarse localmente con objeto de:

  • Proteger e incrementar los recursos hídricos disponibles, mediante la construcción de las infraestructuras suficientes (presas, reservorios, canales de infiltración, reductores de erosión hídrica,….).
  • Favorecer el uso eficiente del agua disponible, ya sea mediante el uso de procedimientos para mejorar la retención de agua en el suelo (acolchados, labores agrícolas, mejora del contenido de materia orgánica,…) o mediante la mejora de la gestión del agua (sistemas de riego de bajo consumo, aislamientos mejorados en instalaciones ganaderas, reutilización del agua procedente de núcleos urbanos o industria,…).
  • Evitar o mitigar los procesos que degradación (desertificación, perdida de suelos, infiltración salina de acuíferos,…).

Riego por goteo en tomates
Imagen 1: Riego por goteo en tomates

Existe una amplia variedad de alternativas para acabar o reducir el grado de insuficiencia hidráulica. Algunos de ellas datan de algunos cientos o miles de años hacia atrás en el tiempo, como pueden ser el sistema de acequias de careo que todavía se conserva en las alpujarras de Granada (España) o el antiguo sistema de las amunas que alcanzó su máximo esplendor en tiempos del imperio Inca en parte de los actuales Ecuador, Perú, Chile, Bolivia o Argentina, o mucho más modernos como pueden ser los sistemas de riego por goteo o localizado que han reducido las necesidades de agua de muchos cultivos a su mínima expresión. Lo que sí está claro es que, actualmente, se dispone de la mayoría de las alternativas, estrategias o prácticas necesarias como para mejorar la salud hidráulica de los agroecosistemas desde el punto de vista de la insuficiencia hidráulica y que solo es necesario saber aplicarlas y utilizarlas allí donde pueda ser necesario. Y hay que hacerlo antes de que el agroecosistema en cuestión se degrade hasta un punto sin retorno.

Salud Hidráulica

¿Cuando sabemos que un agroecosistema es sostenible?. La salud hidráulica es un elemento clave para saberlo.

La Salud Hidráulica se puede definir como aquel estado de un ecosistema en el que se dispone de la cantidad suficiente de agua y con la suficiente calidad como para sustentar adecuadamente a la población de seres vivos que de él depende.

Flujo de agua subterranea
Ilustración 1ª: Flujo de agua subterránea.

En la hipótesis GAIA (1969), de James Lovelock, la atmosfera y la parte superficial del planeta se comportan como un todo coherente donde la vida, su componente característico, se encarga de autorregular sus condiciones esenciales tales como la temperatura, composición química o la relación entre el agua dulce y salada. Si consideramos como valida esta hipótesis, el planeta Tierra va a estar mejor o peor de salud, dependiendo de la forma en que se comporten e interaccionen los diferentes ecosistemas que sobre él subsisten y, muy especialmente, los ecosistemas agrarios en los que los seres humanos tienen un papel muy relevante. Ahora bien, ¿Qué papel tiene el agua dentro del sistema de autorregulación de la Tierra? Y, sobre todo, ¿Cómo afecta la disponibilidad y la calidad del agua a su buena salud?.

Sistema de andenería en Machu Picchu
Imagen 1ª: Sistema de andenería en Machu Picchu

En los ecosistemas agrarios el exceso o el déficit de agua son relativos, dependiendo de las necesidades que tenga que satisfacer y que, obviamente, van a ser distintas, dependiendo del “punto de vista” de la población de seres vivos a la que afecta. Algunos ecosistemas agrarios han coevolucionado durante mucho tiempo con los seres humanos y otros seres vivos, aprovechando y cuidando el agua de una manera adecuada y sostenible. Es el caso, por ejemplo, del sistema de dehesas en España, las estepas ganaderas de Mongolia o el sistema de andenería que todavía está operativo en algunos países iberoamericanos atravesados por la cordillera de los Andes. Otros ecosistemas agrarios, sin embargo, han evolucionado de manera totalmente diferente, con una fuerte intervención tecnológica que ha permitido mejorar la productividad y calidad de los productos que proporciona el ecosistema, aunque a costa de hacerlos menos sostenibles a corto, medio o largo plazo. En estos últimos, además, la mejora de la tecnología de riego también ha permitido mejorar la gestión del agua, aunque no siempre de forma aceptable y sustentable en el tiempo.

El gran reto que, para la humanidad, supone la amenaza del cambio climático, ha supuesto un mayor énfasis en la aplicación de nuevas tecnologías (drones, equipos robotizados, cultivos transgénicos, …) que, tal vez, nos permitan mejorar la productividad del ecosistema agrario y alimentar a una población mundial creciente. ¿Podremos conseguirlo? Puede que sí o puede que no. Lo que si es cierto es que no es posible diseñar un ecosistema agrario sostenible sin un adecuado control y gestión del agua.

¿Cuándo sabemos que un ecosistema agrario tiene buena salud hidráulica?. Cuando, según la definición que hemos situado al principio, tengamos la cantidad suficiente de agua y con la suficiente calidad como para satisfacer las necesidades de los seres vivos que viven en el ecosistema, entre otros, los seres humanos. La mala salud hidráulica aparecerá cuando:

  • Hay una cantidad insuficiente de agua, aunque tiene calidad suficiente.
  • Hay una cantidad suficiente de agua, aunque es de mala calidad.
  • Hay una cantidad insuficiente de agua y, también, es de mala calidad.

Balsa de decantación
Imagen 2ª: Balsa de decantación

Téngase en cuenta que la valoración de cantidad suficiente y calidad suficiente del agua es, en principio, subjetiva y que debe ser puesta en relación a las necesidades de los diferentes componentes del agroecosistema.

Si se considera el primer caso de mala salud hidráulica, la situación es aquella en la que hay un exceso de seres vivos que están intentando sobrevivir en un ecosistema agrario que contiene una cantidad insuficiente de agua. Puede ser algo tan sencillo como un exceso de ganado que destruye la cobertura vegetal, reduce la capacidad de infiltración de agua en el suelo o erosiona los cauces de las fuentes de agua o algo más complicado como puede ser un campo de refugiados que presiona sobre los recursos de agua que se encuentran a su alrededor y que necesita de la ayuda exterior para continuar en ese lugar. En ambas situaciones, a corto plazo, la calidad del agua no tiene por qué empeorar, pero si es cierto que la sobreexplotación del ecosistema agrario tiene, siempre, consecuencias a medio y largo plazo, sobre todo en lo que respecta a la conservación de suelos agrícolamente útiles.

En el segundo caso de mala salud hidráulica, la situación es la contraria. Hay suficiente agua para sostener a los seres vivos, pero una parte de ella carece de una calidad aceptable o es de mala calidad, por lo que no está disponible. Es el caso, por ejemplo, en aquellos lugares donde el agua está contaminada por desechos urbanos, agrarios o industriales. O también, el caso de una deficiente regulación y control del agua cuando en las cuencas hidrológicas aparecen problemas de erosión de suelos, inundaciones, tormentas, etc, siendo un agua que pasa rápidamente por los lugares donde puede ser necesaria, pero que no va a estar disponible en cualquier caso.

Finalmente, está la situación en la ni hay suficiente agua, ni tiene suficiente calidad. Sería el caso, por ejemplo, de los ecosistemas agrarios que sobreexplotan recursos hídricos superficiales o subterráneos cuya calidad se va deteriorando progresivamente porque se producen intrusiones salinas o contaminación con agroquímicos o residuos orgánicos. Históricamente, ya ha sucedido en varias ocasiones. En lo que era la antigua Mesopotamia, en los actuales Iraq y Siria, el espacio entre los ríos Éufrates y Tigris dio lugar a prosperas civilizaciones agrarias con sistemas de riego que, con el paso del tiempo, acabaron salinizando los suelos y destruyendo su aptitud para el cultivo. Este hecho histórico es un claro ejemplo de como una mala gestión del agua puede destruir un ecosistema agrario muy productivo.

Cuando detectamos mala salud hidráulica en un ecosistema agrario, ¿Qué podemos hacer para devolverle la salud? Eso lo veremos en próximas entradas a este blog.