Fertimejorantes para la mejora de la fertilidad del suelo y la retención de nutrientes.

A diferencia de los fertilizantes convencionales, de base orgánica o inorgánica, los fertimejorantes movilizan y ponen a disposición de las plantas los nutrientes que se encuentran de forma natural en el suelo o que han sido aportados al suelo en formas poco asimilables.

Los fertimejorantes son aquellos preparados a base de microorganismos, sustancias orgánicas o inorgánicas que, aplicados sobre un suelo agrícola, permiten movilizar y poner en disposición de las plantas los nutrientes que necesitan.

No deben confundirse con los fertilizantes convencionales ya que por sí mismos no aportan nutrientes a las plantas sino que modifican las condiciones del suelo para hacer más accesibles los nutrientes que ya se encuentran en el suelo o que se van a aplicar. Por tanto, si los nutrientes no están en el suelo o están en una cantidad insuficiente como para satisfacer las necesidades nutricionales de las plantas, la aplicación de fertimejorantes no producirá efectos sobre el rendimiento del cultivo a diferencia de lo que ocurriría si se utiliza un fertilizante.

Los fertimejorantes no van a suponer, en principio, un cambio a corto plazo de la textura y estructura del suelo, sino que su efecto principal va a ser, fundamentalmente, un cambio en la química del suelo y, en algún caso, un incremento y mejora de la biodiversidad. Este comportamiento sobre el suelo diferencia a este tipo de preparados de las enmiendas, orgánicas o inorgánicas, que si pueden ocasionar efectos mas o menos permanentes sobre la textura y estructura del suelo. Es el caso, por ejemplo, de las enmiendas a base de yeso y materia orgánica en suelos salinos que desagregan las partículas del suelo, favorecen la infiltración y mejoran la fertilidad.

La utilización de fertimejorantes no es incompatible con el uso de fertilizantes, independientemente de que si son de base orgánica o inorgánica, aunque es cierto que aquellos fertimejorantes cuyo ingrediente principal son microorganismos vivos no se ven precisamente favorecidos por el uso de fertilizantes de base inorgánica. En cuanto a la compatibilidad de los fertimejorantes con base en microorganismos respecto de los fertilizantes orgánicos, dependerá de aspectos tales como la presencia de una microflora y microfauna competidora, la presencia de sustancias contaminantes (plaguicidas, metales pesados, antibióticos,…) o el PH del propio fertilizante orgánico para que desarrollen todo su potencial de mejora de la fertilidad.

Se pueden caracterizar tres tipos principales de preparados fertimejorantes de uso en agricultura:

  1. A base de microorganismos vivos.
  2. A base de sustancias orgánicas.
  3. A base de sustancias inorgánicas.

Siendo posible la existencia de formulaciones comerciales donde se combinan dos o más de las categorías anteriores para un mismo producto.

Los fertimejorantes a base de microorganismos vivos se formulan a través de cultivos de microorganismos extraídos, generalmente, del medio natural. Es muy frecuente que estos fertimejorantes incluyan, además de los microorganismos vivos, diferentes sustancias coadyuvantes, nutrientes o enzimas para favorecer la implantación y supervivencia en el suelo. Uno de los fertimejorantes a base de microorganismos vivos, más utilizado y conocido, son los preparados a base de micorrizas. Las micorrizas pertenecen a diferentes especies de hongos del suelo que se asocian a las raíces de las plantas para facilitarles el acceso a los nutrientes del suelo en condiciones adversas de salinidad, PH o déficit hídrico. Además de este efecto de mejora en la accesibilidad a los nutrientes, también suelen tener un efecto fitoestimulante, mejorando la resistencia a la sequía o a la presencia de sustancias contaminantes.

Los fertimejorantes a base de sustancias orgánicas contienen compuestos que cambian la química del suelo, facilitando la liberación de nutrientes en formas disponibles para su asimilación por parte de las plantas. Es muy frecuente que sean utilizados por los microorganismos vivos presentes en el suelo ya que, en algunos casos, son una fuente de recursos alimenticios. Habitualmente, modifican el complejo arcillo-húmico, favoreciendo la retención y almacenamiento de los nutrientes que llegan al suelo, ya sea a través de la descomposición de la materia orgánica o por la aportación de fertilizantes orgánicos o inorgánicos. Uno de los más conocidos y utilizados es el fertimejorante a base de ácidos húmicos y fúlvicos que se asocian con las arcillas del suelo para reforzar el complejo arcillo-húmico. En algunos casos, los ácidos húmicos y fúlvicos tienen una persistencia en el suelo que puede llegar a más de cinco años y se suelen combinar con algunos nutrientes en compuestos mixtos orgánico-inorgánico más estables y accesibles para las plantas en condiciones de PH básico o acido. La importancia de este tipo de sustancias orgánicas es tal que se están realizando pruebas y experimentos para ver si es posible utilizarlas como sumideros de carbono para reducir el cambio climático y el efecto invernadero.

Finalmente se encuentran los fertimejorantes a base de sustancias inorgánicas. Es muy frecuente que se trate de compuestos minerales cuyo componente principal son diferentes tipos de arcillas o sustancias similares. La característica común de esta categoría de fertimejorantes es que presentan una elevada superficie de contacto microscópico con el medio en el que se encuentran, facilitando la retención y captación de nutrientes aplicados al suelo. Algunos de los fertimejorantes más conocidos dentro de esta categoría son las perlitas y vermiculitas, a base de ciertos compuestos minerales de origen volcánico. Comercialmente, este tipo de fertimejorantes es frecuente que no se combinen con otras categorías de fertimejorantes, aunque pueden existir en forma de encapsulados de semillas u otros preparados similares.

El concepto de fertimejorante es un nuevo concepto que busca diferenciar la forma en que actúan los fertilizantes, proporcionando nutrientes a las plantas, de otro tipo de sustancias o preparados que tienen como objetivo mejorar la disponibilidad de nutrientes para las plantas.

Mejora Hidráulica

Conjunto de actuaciones sobre un agroecosistema destinadas a incrementar la disponibilidad y accesibilidad del agua.

La mejora hidráulica es el conjunto de actuaciones sobre un agroecosistema destinadas a incrementar la disponibilidad y accesibilidad del agua. Se incluyen dentro de este conjunto de actuaciones tanto la dotación de infraestructuras para la gestión del agua como las prácticas de manejo del agroecosistema destinadas a mejorar la salud hidráulica. Las medidas que se pueden emplear para la mejora hidráulica se pueden agrupar en las siguientes categorías:

  • Medidas curativas: Medidas para incrementar la accesibilidad al agua o mejorar su disponibilidad. Se incluyen en esta categoría medidas que van desde la construcción de infraestructuras para la mejora de la infiltración o depuración del agua hasta repoblaciones forestales adaptadas a las condiciones ecológicas particulares del área de actuación.
  • Medidas preventivas: Medidas para prevenir o mitigar el riesgo de desabastecimiento hidráulico o degradación de las aguas. Se incluyen en esta categoría todas aquellas medidas que tratan de anticiparse a la aparición de problemas de insuficiencia o deficiencia hidráulica, actuando antes de que aparezcan o, incluso, evitándolos. Una medida preventiva, por ejemplo, podría ser la construcción de aterrazamientos en terrenos con pendientes elevadas para prevenir los efectos de la erosión cuando se ponen en cultivo.
  • Medidas correctivas: Medidas para corregir o subsanar problemas específicos de desabastecimiento hidráulico o degradación de las aguas. Se incluyen en esta categoría todas aquellas actuaciones que intentan resolver o mitigar un deterioro hidráulico puntual o sistemático. Un ejemplo de este tipo de medidas de corrección seria la construcción de una estación depuradora de aguas residuales para resolver un problema de contaminación de aguas superficiales procedentes de un núcleo urbano.

Todas estas medidas tienen un efecto temporal limitado sobre el agroecosistema agrario. Las infraestructuras requieren de mantenimiento periódico para seguir cumpliendo con la función para la que fueron diseñadas. Las prácticas de manejo del agroecosistema deben repetirse y reiterarse en diferentes momentos para que sus efectos tengan continuidad en el tiempo. La Mejora Hidráulica es, por tanto, una estrategia de mejora continua que busca la obtención del máximo rendimiento del agroecosistema para todos los que lo integran y al mismo tiempo un compromiso de sostenibilidad a largo plazo.

Sistema de andenería en Machu Picchu
Imagen 1: Sistema de andenería en Machu Picchu, que produce efectos permanentes sobre la retención de agua y control de la erosión

Las medidas curativas tienen por objeto llegar a un determinado nivel que permita resolver problemas de insuficiencia o deficiencia hidráulica y mitigar las oscilaciones climáticas. Por ello, en la mayoría de los casos, las medidas curativas suponen la construcción de infraestructuras para la gestión del agua, ya sea esta superficial o subterránea. Sin embargo, no hay que pensar que siempre es posible solucionar los problemas mediante la construcción de infraestructuras. Ciertas prácticas agrícolas de conservación de suelos pueden ayudar mucho a la hora de mejorar la disponibilidad o accesibilidad del agua, ya que reducen la escorrentía superficial y colaboran en la limpieza del agua que pasa a su través como auténticos filtros físico-químico-biológicos. En otros casos, técnicas como la plantación en curvas de nivel o el uso de especies vegetales adaptadas a las condiciones específicas de suelo y clima pueden también proporcionar mejoras mas o menos permanentes en el agroecosistema.

Reforestación forestal como medida para la prevención de la erosión hidráulica
Imagen 2: Reforestación forestal como medida para la prevención de la erosión hidráulica

En cuanto a las medidas preventivas, el objetivo es adelantarse a posibles situaciones de deficiencia o insuficiencia hidráulica. En un primer momento puede parecer que la construcción de una infraestructura es una buena opción para almacenar agua para los meses estivales con escasez de precipitaciones o para depurar agua contaminada que se puede utilizar en cultivos agrícolas. Los posibles impactos, positivos o negativos, de la infraestructura sobre el agroecosistema deben tenerse en cuenta y estar preparado tanto para aprovechar las oportunidades de mejora como para mitigar o eliminar los posibles defectos o errores. Por ejemplo, cuando se prevé la construcción de una presa o un reservorio para almacenar agua, habrá que tener en cuenta el arrastre de materiales de la cuenca de captación hacia el vaso de la presa o reservorio, porque es posible que la infraestructura se llene de sedimentos y deje de ser útil. Como en el caso de las medidas curativas, también es posible utilizar medidas preventivas que no requieran de la construcción de infraestructuras, aunque también puedan producir impactos, positivos o negativos, sobre el agroecosistema. Una repoblación forestal previene el deslizamiento de terrenos y reduce la escorrentía superficial, mejorando la infiltración hacia los acuíferos, pero una mala elección de la especie utilizada en la repoblación puede tener un impacto negativo sobre el agroecosistema con cambios en la fertilidad del suelo, pérdida de biodiversidad o aparición de nuevas plagas y enfermedades.

Laboreo mínimo o de conservación para maximizar la conservación de la materia orgánica
imagen 3: Laboreo mínimo o de conservación para corregir la perdida de materia orgánica que se produce en suelos con un laboreo completo.

Finalmente, las medidas correctivas son aquellas que tienen por objeto la corrección o eliminación de las deficiencias que puedan aparecer en el agroecosistema relacionadas con la gestión y conservación del agua. En la mayoría de los casos, se trata de acciones de contingencia en respuesta a la aparición de una deficiencia. Un ejemplo de este tipo de medidas puede ser la construcción de diques o saltos para reducir la aparición de cárcavas o evitar que progresen las que ya han aparecido. En otros casos, la deficiencia ya estaba ahí y es necesario corregirla para que no cause más problemas en el futuro. La aplicación de materia orgánica a los suelos puede ser muy positiva para su regeneración y recuperación o la utilización de cubiertas vegetales entre filas de árboles frutales puede reducir la erosión hídrica y eólica de manera muy importante.

Una estrategia de mejora hidráulica adecuadamente diseñada y aplicada sobre el terreno puede ser de gran ayuda para mitigar los efectos a corto, medio y largo plazo del cambio climático. El almacenamiento y depuración del agua que procede de fenómenos atmosféricos facilita el camino hacia un desarrollo del agroecosistema más sostenible y sustentable en el tiempo.

Deficiencia hidráulica

Cuando el agua ni es accesible, ni es utilizable por los seres vivos que habitan los agroecosistemas, nos encontramos ante una situación de deficiencia hidraulica

La deficiencia hidráulica es aquella situación en la que una parte de los recursos hidráulicos es inaccesible o inutilizable por los seres vivos, independientemente de si existe una cantidad suficiente como para satisfacer sus necesidades. La disponibilidad de agua depende de la comunidad de seres vivos que habite un determinado ecosistema y, como en el caso de la insuficiencia hidráulica, no va a ser un valor absoluto, sino relativo. A modo de ejemplo, la disponibilidad de agua va a ser más crítica para un cultivo de manzanas que requiere un agua limpia y con pocas sales disueltas que para un cultivo de albaricoques que puede tolerar un agua con cierto grado de salinidad. Desde el punto de vista de los seres humanos, la disponibilidad de agua es un problema de oportunidad, es decir, el agua no se puede utilizar en el momento en que se necesita.

La contaminación de las aguas dulces es, quizás, la principal causa que puede causar deficiencia hidráulica en un agroecosistema. Esta contaminación puede ser natural o de origen antrópico.

 

Agua contaminada próxima a núcleo de población
Imagen 1: Agua contaminada próxima a núcleo de población

La contaminación natural de las aguas dulces se produce cuando el agua adquiere sustancias inorgánicas u orgánicas que desaconsejan su utilización. Por ejemplo, puede ocurrir que el agua subterránea que se capta de un pozo se encuentre contaminada con arsénico debido a la presencia de este elemento en la composición de la roca o el suelo que contiene el acuífero. El arsénico es un elemento químico que es toxico e, incluso, mortal para la mayoría de los seres vivos, dependiendo de la concentración en la que se encuentre en el agua. Este tipo de contaminación de las aguas dulces es poco frecuente y solo se da en algunos lugares muy concretos del planeta.

Por su parte, la contaminación de origen antrópico se refiere a la contaminación que resulta de las actividades humanas: agrícolas, ganaderas, urbanas o industriales. Son muchos los ejemplos de este tipo de contaminación y son ampliamente conocidos y reconocidos. Habitualmente la contaminación tiene lugar en las aguas superficiales (ríos, lagos, arroyos, etc), aunque en alguna ocasión es posible la contaminación de las aguas subterráneas  como consecuencia de la infiltración de sustancias orgánicas o inorgánicas contaminantes.

Otro problema que puede afectar a la disponibilidad de agua tiene que ver con la accesibilidad a la fuente de agua.

Imagen 2: Pozo tradicional para abastecimiento de agua

Puede suceder que el agua, como consecuencia de unas circunstancias geológicas determinadas, sea poco accesible o poco recomendable su extracción. Algunos acuíferos, que se encuentran a gran profundidad en zonas desérticas o cuasi-desérticas, son de difícil acceso y presentan tasas de regeneración natural muy reducidas que desaconsejan su explotación. En otros casos, el agua es inutilizable porque su extracción puede provocar el colapso de las estructuras que la contienen y causar importantes destrozos a los bienes y personas que se encuentran en la superficie. Incluso puede darse el caso en el que la extracción del agua dulce puede ocasionar una intrusión salina que contamina e inutiliza todo un acuífero o cuando se dificulta la depuración natural del agua, modificando cauces o instalando presas de agua que se colmatan rápidamente con los sedimentos.

Finalmente, otra causa de deficiencia hidráulica es la erosión y destrucción del suelo.

Imagen 3: Infraestructura para el almacenamiento de agua de escorrentía

En los agroecosistemas, el principal sistema de almacenamiento y depuración del agua, ya sea procedente de fenómenos meteorológicos como de origen artificial (riegos, recarga de acuíferos,…), es el suelo. Todos los suelos del planeta tienen una serie de propiedades hidráulicas específicas:

  • Capacidad de Infiltración, entendida como la disposición del suelo para permitir el paso a su través del agua que recibe en su superficie.
  • Capacidad de almacenamiento, o cantidad de agua que es capaz de retener en la matriz del suelo.
  • Capacidad de escorrentía, que informa sobre que parte del agua que recibe el suelo en su superficie no pasa a su través y tampoco es almacenada.

Dependiendo del espesor de la capa de suelo, solo una parte del agua que se infiltra llega a los acuíferos que actúan como “almacén” o “reservorio” de agua. La matriz del suelo, tanto en su fracción biológica-orgánica como en su fracción inorgánica, tiene la capacidad de modificar las características del agua añadiendo sustancias químicas (orgánicas e inorgánicas) al agua que procede de fenómenos atmosféricos. Cuando esa modificación mejora la salubridad y seguridad de uso del agua se dice que el suelo tiene capacidad depurativa, mientras que cuando la modificación no produce efectos en cuanto a la salubridad y seguridad de uso del agua, se puede decir que el suelo tiene capacidad contaminante.

La capacidad de almacenamiento de agua del suelo es un factor que condiciona en gran medida el aprovechamiento agrícola y ganadero del agroecosistema. Los suelos con escasa capacidad de retención de agua suelen carecer o tener escasa vegetación, por lo que el rango de cultivos posible en sus condiciones climáticas particulares se reduce en gran medida, aunque en algunos casos se puede realizar algún tipo de explotación ganadera adaptada a esas condiciones. Por otra parte, una escasa capacidad de retención suele ir asociada a una escasa capacidad de infiltración, ya que la capacidad de almacenamiento depende no solo de la presencia de partículas del suelo capaces de retener agua, sino también la posibilidad de que el agua pueda llegar a esas partículas desde la superficie. Un caso particular de esta situación se da en las zonas pantanosas que suelen tener un suelo con partículas finas (arcillas, limas, …) con alta capacidad de retención de agua, pero escasa porosidad y lenta infiltración hacia las capas inferiores del suelo.

La escorrentía superficial puede provocar serios problemas de erosión y destrucción de suelo. La erosión del suelo tiene mucho que ver con las características físico-químicas del suelo y con la fauna y flora que contiene. Las pendientes elevadas en suelos con cobertura vegetal deficiente o sin cobertura vegetal son una de las principales causas de erosión hídrica, arrastrándose hacia los cauces naturales importantes cantidades de partículas finas y materia orgánica que tienen un papel muy relevante en la infiltración y almacenamiento de agua en el suelo. Por otra parte, los suelos con un contenido deficiente de materia orgánica (condicionado por el clima), favorecen el ataque de plagas y enfermedades a los cultivos, dificultan las tareas agrícolas y retienen peor los nutrientes que necesitan las plantas y animales que viven en el suelo.

Un enfoque global que actué de manera coordinada y conjunta sobre las tres causas principales de deficiencia hidráulica es muy importante para mejorar la salud hidráulica de los agroecosistemas y avanzar en la consecución de agroecosistemas sustentables y sostenibles en el tiempo que podamos dejar a las generaciones futuras. De nosotros depende.

Insuficiencia hidraulica

Cuando la cantidad de agua disponible en el agroecosistema no satisface las necesidades de los seres vivos que dependen de él nos encontramos en una situación de insuficiencia hidráulica.

La insuficiencia hidráulica es el déficit de recursos hídricos en relación con las necesidades de los seres vivos que habitan el ecosistema agrario. La necesidad de agua depende de cada comunidad de seres vivos que habite el ecosistema y, en sí misma, no va a ser un valor absoluto, sino relativo. Por ejemplo, la necesidad de agua para un cultivo de arroz va a ser mucho mayor que la que puede necesitar un cultivo de cebada. Incluso cuando comparamos diferentes comunidades humanas, la necesidad de agua va a ser diferente en función de los usos y recursos que se quieren obtener. Esto quiere decir que, para los seres humanos, el agua no solo es una necesidad para sobrevivir, sino que también es un recurso necesario para obtener otros bienes como alimentos, fibras, maderas o materias primas para la industria.

Cuando en un agroecosistema aparecen síntomas de insuficiencia hidráulica, porque no se cubren las necesidades hidráulicas de los seres vivos que viven del él, se produce un problema claro de mala salud hidráulica.

Flujo de agua subterranea
Ilustración 1ª: Flujo de agua subterránea.

Las necesidades hídricas de los seres vivos pueden cubrirse, al menos parcialmente, con el uso de los procedimientos adecuados y de las infraestructuras pertinentes que reduzcan las pérdidas de agua hacia la atmósfera u otros ecosistemas adyacentes. Sin embargo, debe tenerse en consideración como las medidas tomadas para reducir las pérdidas de agua afectan a otros elementos que intervienen en el ciclo del agua, tales como el clima o las trasferencias de agua hacia otros ecosistemas. Una agricultura sustentable, que tenga por objetivo proporcionar los recursos suficientes a las generaciones futuras, requiere de los mejores procedimientos de gestión hidráulica (sistemas de riego eficientes, laboreo mínimo, forestación,…), además de una dotación suficiente de infraestructuras para la conservación y almacenamiento de recursos hídricos (presas, canales, reservorios, acequias de infiltración, …).

Ilustración 2: Infraestructura de derivación de agua de cauces naturales superficiales

La insuficiencia hidráulica puede hacerse cada vez más acusada con el avance de los efectos previstos por el calentamiento global. Es muy posible que determinadas zonas del planeta padezcan de importantes sequías que reduzcan el nivel de recursos hídricos disponibles, o que se vean afectados por inundaciones localizadas que provoquen importantes destrozos en las infraestructuras (viviendas, canales, presas,…) o que se encuentren con un deterioro de sus suelos agrícolas de tal magnitud que dejen de ser aptos para proporcionar alimentos. Como consecuencia de la imprevisibilidad de todos estos efectos causados por el calentamiento global, las soluciones a la insuficiencia hidráulica deben plantearse desde un punto de vista lo suficientemente amplio como para que, partiendo de una visión sobre el conjunto del agroecosistema, pueda actuarse localmente con objeto de:

  • Proteger e incrementar los recursos hídricos disponibles, mediante la construcción de las infraestructuras suficientes (presas, reservorios, canales de infiltración, reductores de erosión hídrica,….).
  • Favorecer el uso eficiente del agua disponible, ya sea mediante el uso de procedimientos para mejorar la retención de agua en el suelo (acolchados, labores agrícolas, mejora del contenido de materia orgánica,…) o mediante la mejora de la gestión del agua (sistemas de riego de bajo consumo, aislamientos mejorados en instalaciones ganaderas, reutilización del agua procedente de núcleos urbanos o industria,…).
  • Evitar o mitigar los procesos que degradación (desertificación, perdida de suelos, infiltración salina de acuíferos,…).
Riego por goteo en tomates
Imagen 1: Riego por goteo en tomates

Existe una amplia variedad de alternativas para acabar o reducir el grado de insuficiencia hidráulica. Algunos de ellas datan de algunos cientos o miles de años hacia atrás en el tiempo, como pueden ser el sistema de acequias de careo que todavía se conserva en las alpujarras de Granada (España) o el antiguo sistema de las amunas que alcanzó su máximo esplendor en tiempos del imperio Inca en parte de los actuales Ecuador, Perú, Chile, Bolivia o Argentina, o mucho más modernos como pueden ser los sistemas de riego por goteo o localizado que han reducido las necesidades de agua de muchos cultivos a su mínima expresión. Lo que sí está claro es que, actualmente, se dispone de la mayoría de las alternativas, estrategias o prácticas necesarias como para mejorar la salud hidráulica de los agroecosistemas desde el punto de vista de la insuficiencia hidráulica y que solo es necesario saber aplicarlas y utilizarlas allí donde pueda ser necesario. Y hay que hacerlo antes de que el agroecosistema en cuestión se degrade hasta un punto sin retorno.

Plagas y Enfermedades del Tomate de árbol

Descripción de diferentes plagas y enfermedades que afectan al Tomate de árbol.

PLAGAS.

Pulgones o áfidos (Aphis sp. / Myzus sp.)

Efecto del ataque de áfidos sobre hojas y brotes de Tomate de árbol.
Fotografia 1: Efecto del ataque de áfidos sobre hojas y brotes de Tomate de árbol.

Pequeños insectos chupadores de color verde claro, negro o pardo. Son insectos gregarios que viven en colonias y se alimentan de la savia de la planta. Cuando el ataque es importante, se producen deformaciones en hojas y ramas, y, ocasionalmente, la muerte de la planta. Son agentes transmisores de virus.

El control de la plaga debe hacerse desde el primer momento en la fase de cultivo en vivero, para evitar la trasmisión de virus y la llegada de plantas infectadas a la plantación. Los métodos de control químico y biológico son muy diversos y relativamente eficaces para el control, dependiendo de la población del insecto. La eliminación de colonias de hormigas, que protegen a este insecto de depredadores naturales, es una medida de control que puede ayudar contra esta plaga.

Gusanos trozadores (Agrotis sp.)

Gusanos trozadores sobre tronco de tomate de árbol
Fotografia 2: Gusanos trozadores sobre tronco de tomate de árbol

Generalmente se trata de larvas de lepidópteros que en épocas de sequía ocasionan daños importantes en las nuevas plantaciones. Se alimenta de la base de los tallos, pudiendo provocar su vuelco y muerte.

Su control debe iniciarse desde la fase de desarrollo en vivero, utilizando substratos esterilizados y libres de plaga. El control químico y biológico es eficiente en la mayoría de los casos. Se recomienda observar si hay asociaciones de cultivos que puedan repeler la aparición de los adultos y la ovoposición.

Nematodos (Meloidogyne incognita)

Fotografia 3: Nudosidades provocadas por nematodos sobre la raíz de una planta joven de Tomate de árbol.

Es un gusano que ataca a todo tipo de variedades cultivadas de tomate de árbol.

Los principales síntomas aparecen las raíces en forma de nudosidades o agallas, similares a las cuentas de un collar. Las nudosidades o agallas impiden la absorción de nutrientes y agua del suelo, provocando que la planta afectada tenga un desarrollo deficiente, amarillee y, finalmente, se marchite.

Como medida de control cultural, se recomienda la revisión preventiva de las raíces antes del transplante a terreno definitivo. Se ha observado que las plantas de tomate de árbol injertadas sobre la solanácea silvestre Solanum Hispidum (Cujaco), que es resistente/tolerante al nematodo, permite la producción en zonas infectadas por unos dos años.

Para favorecer el desarrollo de nematodos antagonistas y depredadores, se recomienda el abonado con materia orgánica bien fermentada cada seis meses. Si el cultivo se desarrolla en terrenos donde ya se había cultivado antes, es conveniente que se haya realizado una rotación de cultivos previa, que no incluya a ninguna solanácea como cultivo precedente (tomate, berenjena, patata,…).

Solamente en casos extremos se debe emplear algún tipo de control químico, por su alto poder contaminante y escasa efectividad.

La plantación de clavel indio o tagete (Tagetes patula) antes, durante o después de la plantación del cultivo de tomate de árbol, puede ayudar a prevenir e, incluso, curar de la infestación de esta plaga como consecuencia de la emisión por parte de las raíces de esta planta de exudados que repelen la plaga.

ENFERMEDADES.

Antracnosis (Colletotrichum gloeosporioides.)

Fotografía 4: Manchas de antracnosis sobre fruto verde de Tomate de árbol

Es una de las enfermedades más importantes que afectan a este cultivo, tanto por su amplia distribución como por la magnitud de las pérdidas que puede ocasionar. Todas las variedades cultivadas son susceptibles al ataque de esta enfermedad. La enfermedad aumenta su incidencia y severidad cuando las lluvias son frecuentes y la humedad relativa es elevada.

Fotografía 5: Fase avanzada de ataque de antracnosis sobre fruto de tomate de árbol

Ataca a las ramas, hojas y a los frutos en cualquier estado de desarrollo. Los frutos afectados presentan lesiones iniciales negras que pueden llegar a cubrir todo el fruto, con unos bordes definidos característicos y el centro hundido. En fases avanzadas del ataque, los frutos se secan o momifican, pudiendo caer al suelo o permanecer en el árbol. La enfermedad se transmite a través del viento o de los insectos impregnados en esporas de hongo.

Como medida de control cultural se recomienda eliminar en el menor tiempo posible los frutos, ramas u hojas afectados en cuanto se detecten. Una poda que favorezca la aireación del interior y reduzca el sombreo a los frutos, ayuda a evitar la aparición de la enfermedad.

Otros métodos de control se basan en la utilización de fungicidas sistémicos o de contacto con adherentes, debido a que esta enfermedad se ve favorecida por las lluvias abundantes que pueden lavar y eliminar los fungicidas aplicados de manera superficial.

Tizón tardío (Phytophthora infestans).

Fotografia 6: Lesiones de Phitophtora sobre tallo de tomate de árbol

Aparece, sobre todo, en periodos de alta humedad relativa y en época de lluvias. Ataca, principalmente, a las hojas y ramillas de las plantas adultas y al ápice, hojas y tallos de las plantas jóvenes. Un síntoma característico de esta enfermedad es que se produce una defoliación intensa de la planta.

Produce lesiones de color

Fotografía 7: lesiones de Phitophtora infestans sobre hojas de tomate de árbol

negro brillante, de consistencia ligeramente acuosa en los tallos y manchas redondeadas de color café, con ondulaciones concéntricas formadas por un polvillo blanquecino. Las lesiones siempre están rodeadas de un halo de 4 a 5 mm de ancho, bordes difusos y color verde claro.

Se disemina a través del viento.

Todas las variedades son susceptibles al ataque, aunque hay variedades más resistentes que otras.

Como medida de control se debe evitar la siembra en zonas excesivamente húmedas o con lluvias muy frecuentes. La revisión periódica de la plantación, sobre todo en periodos especialmente lluviosos, ayuda a detectar rápidamente la enfermedad y facilita la adopción de medidas de control.

Se recomienda una distancia de siembra no inferior a un marco de plantación de 2 x 2 m para mantener bien aireada la plantación. Las podas que reduzcan el sombreo sobre los frutos en el interior, también ayudan a reducir la incidencia de la enfermedad.

El control químico requiere de fungicidas sistémicos o de contacto con adherentes, para evitar el lavado con la lluvia. Su aplicación debe hacerse con mayor frecuencia en épocas lluviosas (cada 8-15 días) y con menos frecuencia en épocas menos lluviosas (de 15-21 días)

Mancha negra del tronco (Fusarium solani).

Fotografía 8: Mancha negra sobre tronco de tomate de árbol.

Puede llegar a destruir la plantación si no se aplican medidas de control. Es frecuente que aparezca en periodos con lluvias frecuentes y humedad relativa alta.

Inicialmente se presentan como lesiones necróticas de coloración parda en la corteza de la parte media de los troncos o en la bifurcación de las ramas gruesas y luego como manchas que se van extendiendo progresivamente de color negro brillante. A medida que la lesión se hace más antigua y las condiciones de elevada humedad ambiental o lluvias persisten, se cubre de un polvillo amarronado y evoluciona hacia grietas o hundimientos del tejido superficial de la corteza. Este último síntoma suele coincidir con el momento en que los arboles inician su fase de floración.

Puede provocar la rotura de ramas o el tronco afectados por la enfermedad, sobre todo cuando tiene un número significativo de frutos.

Cuando ataca cerca del cuello de la planta, la enfermedad puede progresar hacia las raíces y provocar el marchitamiento y muerte de la planta. Se ha detectado ocasionalmente la presencia de manchas negras en el ápice de plantas de cuatro a cinco meses de edad.

La enfermedad se disemina por el viento, las salpicaduras de las gotas o por labores culturales. La forma en que el hongo penetra en la planta es a través de las heridas causadas por insectos, labores culturales o herramientas, por lo que una medida de control muy útil pasa por la adecuada limpieza y desinfección de las herramientas y el control de plagas.

Todas las variedades cultivadas son sensibles a esta enfermedad, aunque hay algunas que son más susceptibles que otras.

Como medida de control cultural, se recomienda no sembrar tomate de árbol en zonas húmedas o con lluvias muy frecuentes. Por otra parte, un marco de plantación amplio (igual o superior a 2 x 2 m) favorece la aireación y dificulta el progreso de la enfermedad hacia otras plantas. Mantener limpia y aireada la base de la planta, también ayuda a prevenir la aparición de la enfermedad. Una forma de reducir la incidencia de la enfermedad en zonas especialmente húmedas o con lluvias muy frecuentes es la elevación del cuello de la planta sobre montículos o caballones, así como la utilización de zanjas de drenaje para mantener el suelo en buenas condiciones de aireación.

Como medida de control químico y biológico, se recomienda utilizar fungicidas con base de cobre (sulfato de cobre, caldo bordelés, oxido de cobre,…) con adherentes para reducir el lavado. El uso preventivo de estos fungicidas ayuda también a prevenir la aparición de otras enfermedades causadas por hongos, como la antracnosis.

Ceniza u Oidio (Oidio spp).

Fotografía 9: Lesiones de Oidio sobre hojas de tomate de árbol

Su incidencia es mayor en los meses secos del árbol y puede aparecer en cualquier fase del cultivo.

Tanto el haz como el envés de las hojas se ven afectados por la enfermedad, apareciendo manchas de color oscuro rodeadas de un polvillo (ceniza) de color blanquecino. A medida que progresa la enfermedad, las manchas tienden a juntarse unas con otras, reduciendo de manera significativa el área foliar e, incluso, provocando la caída de las hojas.

La enfermedad se disemina fácilmente con el viendo desde las malezas u otros cultivos hacia la plantación.

Como medida de control cultural se recomienda retirar las hojas afectadas por el hongo. No se deben realizar plantaciones excesivamente densas (no menores a un marco de 2 x 2 m). La revisión frecuente del cultivo ayuda a detectar la aparición de la plaga en sus fases iniciales y facilita su control.

El control mediante fungicidas debe hacer después de la eliminación de hojas, tallos y ramillas afectados. Es recomendable una actuación preventiva con fungicidas sistémicos o de contacto con adherentes para evitar la aparición de la enfermedad.

Tizón temprano o alternariosis (Alternaria spp)

Fotografía 10: Ataque de alternaria sobre hoja de tomate de árbol

Los síntomas de esta enfermedad pueden reconocerse por la aparición de manchas circulares en anillos concéntricos y color negro castaño en ambos lados de las hojas inferiores o viejas. En la hoja afectada, las manchas se van expandiendo progresivamente hasta ocupar la mayor parte de su superficie, formando lesiones grandes con tejido seco y quebradizo que causan, finalmente, su caída.

Las condiciones de humedad relativa alta y bajas temperaturas, favorecen la aparición y desarrollo del hongo. Puede afectar gravemente a las primeras inflorescencias de la planta e favorece la aparición de frutos de pequeño tamaño.

La prevención de la enfermedad pasa por la eliminación de las hojas enfermas en cuanto son detectadas y la utilización de marcos de plantación espaciados (Iguales o superiores a 2 x 2 m) para evitar el exceso de humedad. Los fungicidas con base en cobre y adherentes son muy efectivos para controlar la aparición y propagación de la enfermedad.

Fusariosis (Fusarium oxysporum)

Fotografía 10: Desecación producida por ataque de Fusarium sobre planta de tomate de árbol

El principal síntoma es la aparición de flacidez o marchitamiento de las hojas. Posteriormente, la planta presenta un amarilleamiento foliar y perdida de vigor. A medida que progresa la enfermedad, las hojas van cayendo y las ramillas y ramas secundarias van necrosando en sentido descendente, es decir, desde las partes superiores de la planta hacia la raíz. El sistema radical presenta una pudrición seca con tejidos necrosados en color café claro, totalmente destruidos y con un intenso olor a moho. La enfermedad se ve favorecida por las heridas provocadas en las raíces de las plantas por labores culturales o el ataque de nematodos. Puede aparecer tanto en plantas jóvenes como en plantas adultas en producción.

Como medida cultural, se recomienda la utilización de labores superficiales que no dañen las raíces de las plantas. Para el control manual de malezas o malas hierbas se recomienda realizar labores de escarda superficial para eliminarlas, siendo más recomendable cortarlas a ras de suelo, sin extraer las raíces.

En estados avanzados de desarrollo de la enfermedad, se recomienda la destrucción inmediata de las plantas afectadas, recogiéndolas en bolsas u otro material protector para evitar la dispersión de las esporas del hongo. La forma de destrucción más recomendable es a través del fuego, no siendo recomendable el compostaje porque no existen garantías de destrucción de las esporas del hongo con las temperaturas elevadas que se alcanzan por este método.

El control químico es ineficiente e insuficiente con esta enfermedad.

Moho blanco (Sclerotinia sclerotiorum).

Fotografía 11: Ataque de moho blanco con detalle de esclerocios en color oscuro que sirven para la propagación del hongo.

Se trata de un hongo que puede causar serios problemas en zonas húmedas, siendo un microorganismo saprofito facultativo que vive de forma natural en el suelo.

En las primeras fases de desarrollo de la enfermedad, la parte aérea de la planta presenta síntomas escasos, pasando prácticamente inadvertida. Cuando se ha desarrollado completamente provoca pudrición del tallo y marchitez de la parte aérea, pudiendo llegar a matar a la planta.

En el tallo los síntomas iniciales externos son la aparición de lesiones de color café claro sobre las que aparece un moho blanco. En las fases avanzadas de la enfermedad se puede observar en el interior del tallo la presencia de esclerocios (estructuras de conservación) de consistencia dura, color negro y entre 5 y 10 mm. Los esclerocios, que permanecen entre los residuos de la planta en el suelo, son su principal forma de propagación.

Como medidas de control cultural, se recomienda la eliminación y destrucción inmediata de las plantas afectadas. No se recomienda el compostaje.

Otro tipo de controles (químico o biológico), solo suelen ser efectivos en las primeras fases de desarrollo de la enfermedad, por lo que se recomienda la destrucción de las plantas afectadas para prevenir la propagación y diseminación de la enfermedad.

Virosis

Fotografía 12: Síntomas de virosis sobre hojas de tomate de árbol

El tomate de árbol puede verse afectado por diferentes tipos de virus que se propagan a través de la propagación vegetativa (por estaquilla o injerto) y por insectos vectores de transmisión como pulgones, mosca blanca y otros. Los virus se transmiten a través de la saliva que dejan los insectos vectores durante su alimentación.

Fotografia 13: Síntomas de virosis sobre frutos y hojas de tomate de árbol

Los síntomas generales de ataque de un virus al tomate de árbol son la detención del crecimiento, escaso desarrollo de las plantas, hojas enrolladas con tonalidades de color rojizo o amarillento, mosaicos y brotes deformados. También es frecuente la aparición de espacios entrenudos cortos. Las plantas afectadas también suelen mostrar frutos pequeños salpicados con manchas rojizas que afectan a la calidad de los frutos.

El control cultural se basa en la utilización de plantas sanas, control de los insectos vectores de transmisión y la destrucción de las plantas enfermas. No existen alternativas de control químico.

Tecnicas de cultivo del Tomate de árbol

Reproducción, propagación, preparación del terreno de cultivo, abonado, siembra, plantación, poda y control de malezas en Tomate de árbol.

Reproducción y propagación.

El tomate de árbol se puede propagar por semilla, por estacas o por injertos.

La reproducción por semillas da origen a plantas más vigorosas, con raíces más resistentes a condiciones adversas y entrenudos largos. Las semillas se extraen de frutos seleccionados, se lavan, desinfectan y se dejan secar a la sombra durante uno o dos días. Posteriormente se siembran en semillero o almácigos, esperando una germinación que debe producirse entre 15 y 25 días después de la siembra. A los dos meses se dispone de plantas preparadas para trasplantar al lugar definitivo con una altura de unos 20 cm.

La reproducción por estacas implica utilizar madera de uno o dos años, con un diámetro mínimo de 1,5 cm y un largo de 45-75 cm. Las estacas seleccionadas deben tener entre tres y cuatro yemas. Las plantas obtenidas mediante este método de propagación suelen ser más pequeñas, arbustivas, con entrenudos cortos y ramificados casi desde la base, lo que puede ser una ventaja en zonas ventosas.

La reproducción por injertos todavía es poco frecuente en este cultivo, aunque si se suele utilizar cuando existe riesgo de contraer alguna enfermedad o plaga. Este es el caso de la utilización de Solanum Hispidum (Cujaco) que es una planta de la familia de las solanáceas que es moderadamente resistente al ataque de nematodos del suelo.

Labores preparatorias

En suelos con escasa capacidad de drenaje o baja velocidad de infiltración, debe realizarse una labor de subsolado con pases cruzados para facilitar la evacuación del excedente de agua y evitar el encharcamiento. Si esta labor previa se considera insuficiente, se recomienda colocar a las plantas en la parte alta de un caballón o montículo.

En otro tipo de suelos, se realiza una labor superficial de desmenuzado del terreno para facilitar la realización de los hoyos de plantación y eliminar las malezas.

Cuando se sospeche que el suelo contiene hongos patógenos latentes, como antracnosis spp o alternaría spp, o nematodos, como meloidogyne incognita, debe realizarse una desinfección previa del suelo antes de plantar.

Abonado.

Las tasas de fertilización de nutrientes usualmente recomendadas son de 170 kg de N, 45 Kg de P, 160 kg de K, 30 kg de Mg y 65 Kg de Ca por hectárea para una producción de 16 ton/Ha de fruta.

Siembra y plantación.

Para suelos fértiles, ricos en materia orgánica y nutrientes, se recomienda utilizar marcos de plantación compactos, como 2,5 x 4 m o 3 x 5 m.

En otro tipo de suelos, se recomienda utilizar un marco de plantación de 4 x 4.

En plantaciones con importante uso de maquinaria, la distancia entre plantas dentro de una fila puede ser entre 1 y 1,5 metros y de 4,5 a 5 metros entre filas

Cuando existe problemas de mucho viento en la zona de plantación se recomienda utilizar alta densidad (mayor o igual a 2 x 2 m) o estaquillas que ramifican desde el suelo.

Las plantas, procedentes del vivero, se llevan al terreno de plantación cuando alcanzan los 15-30 cm de altura. La plantación debe hacerse lo antes posible desde la finalización del periodo libre de heladas de la zona.

El hoyo de plantación puede ser de 50 x 50 o de 60 x 60 en superficie. Una buena profundidad seria de 50 cm. Hay que mezclar la tierra extraída del hoyo de plantación con una cantidad suficiente de materia orgánica bien descompuesta (no menos del 30% en volumen) junto con fuentes de nitrógeno, fósforo y potasio, en forma química u orgánica.

En zonas donde haya mucho viento y alta intensidad de radiación solar, se recomienda utilizar cortinas cortaviento o mallas de sombreo para facilitar el desarrollo del cultivo.

Poda.

La poda ayuda a controla el tamaño de la fruta, el tamaño de la planta, la fecha de la cosecha y simplifica la propia cosecha de frutas. Una poda ligera produce frutos de tamaño medio, mientras que una poda severa produce frutos de gran tamaño. Los brotes que aparezcan por debajo de donde se haya formado la copa, deberán eliminarse de manera inmediata. Cuando las plantas crecen en invernadero, la poda ayuda a controlar el crecimiento vegetativo excesivo.

La poda de formación consiste en despuntar la planta cuando tiene una altura de 30-40 cm, seleccionando luego 3 a 4 brotes que serán las futuras ramas madres.

La poda de mantenimiento consiste en eliminar las ramas secas, las ramas que ya produjeron y las ramas mal ubicadas (interior de la copa). También se deben eliminar los posibles chupones (brotes muy vigorosos que no producen fruta o es de baja calidad) que puedan aparecer.

La poda se realiza en primavera, tan pronto como el peligro de heladas haya pasado. Las podas tempranas de primavera dan como resultado una maduración temprana de los frutos, lo cual también sucede también cuando las plantas no se podan. La podas tardías de primavera, sin embargo, retrasan la maduración de los frutos.

Control de malezas.

Debido a que las plantas son muy sensibles al estrés por sequía y a que presentan raíces muy superficiales, el método de control de malezas y malas hierbas es la utilización de un acolchado, ya sea orgánico o inorgánico para prevenir su aparición. El control con herbicida no se recomienda, debido al importante desarrollo superficial que presentan las raíces del tomate de árbol.

Tomate de árbol (Solanum betaceum Cav.)

Origen, denominación local y en diferentes idiomas, descripción botánica, usos, consumo y agroecología del cultivo.

El tomate de árbol es una planta nativa de América del Sur. Su centro de origen más probable son las selvas y los bosques de la zona ubicada en la reserva Tucumano –Boliviana al noroeste de Argentina y el sur de Bolivia, debido a la amplia diversidad genética encontrada en la zona.

El norte de Perú y sur de Ecuador son considerados el centro de domesticación de esta planta.

Este frutal, en forma natural, se encuentra en Bolivia, Argentina, Venezuela, Ecuador, Perú y Colombia. Comercialmente se cultiva en Colombia, Ecuador, Perú y en Nueva Zelanda. Otros países donde se ha introducido este cultivo en menor escala que los anteriores son: Estados Unidos, México, países de América Central, Europa, África, Asia, Oceanía y Australia.

DENOMINACIÓN.

Tomate de árbol (Ecuador, Perú, Chile, Argentina, Bolivia, Venezuela, Colombia, Panamá, Nicaragua, Costa Rica, México,…) ; Tomate de Ají (España); Tree tomato (Reino Unido, EEUU); Tamarillo (Nueva Zelanda; EEUU); Tomate francés (Portugal); Tomate dearbre (Francia); Tomatobaum (Alemania).

FAMILIA BOTANICA

Solanáceas.

DESCRIPCION BOTANICA

Raíz

Presenta un sistema radicular superficial, poco profundo y muy ramificado. Cuando la planta procede de semilla, presenta raíz principal, raíces secundarias y terciarias en un color marfil y consistencia semileñosa.

El tamaño del sistema radicular depende del vigor y edad de la planta, pudiendo llegar hasta los 40 cm de profundidad y ocupar una superficie sobre el terreno correspondiente a una circunferencia de 50 cm de diámetro

Tallo

Se puede considerar al tomate de árbol como un arbusto que puede alcanzar de 2 a 3 metros altura.

El tallo es recto, cilíndrico y con entre 5 y 12 cm de diámetro. El comienzo de la ramificación o “cruz” del tallo puede iniciarse entre 1.2 y 1.8 m de altura desde la base.

La consistencia, tanto de tallo como de ramificaciones, es semileñosa, frágil, con corazón suberificado (aspecto acorchado).

La corteza presenta un color verde grisáceo característico.

Hojas

Las hojas son de buen tamaño, de 30 a 40 cm de largo y de 15 a 20 cm de ancho en plantas jóvenes, y algo más pequeñas, de 20 a 25 cm de largo y de 10 a 15 cm de ancho, en plantas en plena producción.

Las hojas presentan una forma típicamente acorazonada, con disposición alterna, sencillas y con el borde entero. El haz es lampiño y de color verde oscuro. El envés es de color verde más claro y presenta pelos cortos y entrelazados. La nervadura principal de la hoja es prominente.

Flores

Fotografía 1: Flores de Tomate de Arbol

Las flores son pequeñas (1 cm de diámetro), de color rosado, agrupadas en racimos axilares, supraaxilares o en cimas escorpiodes y son fragantes. La flor es pentámera y presenta un cono estaminal con 5 estambres de anteras biloculares de color amarillo. Por encima del cono sobresale el pistilo. La corola presenta 5 pétalos largos de color rosado. En cada racimo se presentan hasta 40 flores, de las cuales de tres a seis logran cuajar formando los frutos y llegar a la madurez fisiológica. La polinización es autogáma, en su mayor parte, con un pequeño porcentaje de alogamia favorecida por la presencia de abejas u otros polinizadores.

Frutos

Fotografia 2: Frutos verdes de tomate de árbol

El fruto del Tomate de Árbol es una baya ovalada pequeña, bilocular, carnosa, puntiaguda o redonda en el extremo.

La cáscara del fruto es delgada y tersa.

Fotografia 3: Frutos maduros de tomate de árbol

El color del fruto depende de la variedad: amarillo, anaranjado, rojo amarillento o rojo opaco.

La pulpa es jugosa, agridulce y de color anaranjado claro.

Semilla

Semillas dicotiledóneas, redondas, de 2 a 4 mm de diámetro y color blanco amarillento.

La semilla se encuentra en el interior del fruto rodeada por la propia pulpa del fruto.

El número de semillas por fruto varía entre las distintas variedades cultivadas en rango que va desde 186 a 343 semillas por fruto.

USOS Y CONSUMO

El tomate de árbol es una fruta muy versátil en cuanto a variedad de preparaciones. Aparte de comerse como fruta fresca, se puede consumir en forma de zumo o bebida refrescante, licuada en agua o leche. Es un excelente complemento para ensaladas de frutas. Se puede preparar en helados, jaleas, mermeladas y variedad de dulces.

Las hojas, previamente calentadas o tostadas, pueden aplicarse en forma tópica contra la inflamación de amígdalas. Para la gripe, se puede consumir el fruto fresco en ayunas, dado su alto contenido en ácido ascórbico (vitamina C). Otra propiedad medicinal que se atribuye a este fruto es como remedio para problemas hepáticos.

ECOLOGIA

Clima

Zonas con clima templado a templado frío. El clima templado es el óptimo. En climas fríos, el inicio de la primera cosecha se retarda, pudiendo iniciarse alrededor de los 14 meses después del transplante. Además, en estas zonas es frecuente la presencia de heladas y granizo a los cuales el cultivo es bastante sensible.

Altitud.

Es posible cultivarlo en un rango de 430 a 3000 msnm, sin embargo el óptimo se encuentra entre los 1500 a 2600 msnm.

Temperatura

Abarca un rango de temperaturas entre los 13 los 24ºC, con un óptimo en el entorno de los 15ºC.

Durante el cultivo, las temperaturas inferiores a los 12ºC pueden ocasionar la caída de las flores.

Precipitación

La planta de tomate de árbol requiere alrededor de 1200 mm de precipitación, distribuidos regularmente durante el año, para proporcionar una producción óptima. En zonas con precipitaciones inferiores a 1000 mm anuales, es necesario disponer de agua de riego para cubrir los posibles déficits hídricos.

Cuando se cultiva en zonas con precipitaciones superiores a los 2500 mm anuales, se precisa realizar obras de drenaje para evitar encharcamientos que pueden afectar a las raíces y acabar con las plantas.

Humedad relativa.

Se requiere una humedad relativa promedio elevada, oscilando entre el 75 y el 87%.

En zonas con bajos niveles de humedad relativa promedio (<40%), se podría proporcionar una atmosfera artificialmente húmeda mediante el uso de sistemas de microaspersión que, además, ayudan a reducir la temperatura ambiente. Otra opción es la plantación bajo umbráculos para reducir la temperatura ambiente en aquellas zonas con humedad relativa en el intervalo óptimo, lo cual también se ve facilitado por el escaso porte del cultivo.

Luminosidad.

Es un cultivo exigente en luminosidad, si bien tolera un número de horas de luz no menor a las 6 horas diarias. Horas de iluminación inferiores a esta cantidad pueden provocar problemas de desarrollo y producción.

Vientos

Se recomienda ubicar el cultivo en zonas de calma que estén libres de vientos fuertes, para evitar pérdidas en forma de caída de flores, rotura de ramas, perdida de hojas y caída de frutos. El entutorado de los pies de árbol, una poda adecuada y la utilización de cortavientos son opciones para mitigar los efectos adversos del viento.

Heladas y Granizo.

Debe ubicarse en zonas libres de heladas para evitar la pérdida del cultivo.

El granizo puede provocar importantes pérdidas por rotura de ramas, destrozo de hojas, caída de flores o perdida de frutos.

La utilización de sistemas de protección contra heladas en zonas donde estas pueden darse de manera ocasional puede ser una opción interesante si el precio de mercado del producto así lo permite.

La protección contra el granizo es posible en aquellas plantaciones que se encuentren protegidas por umbráculos con malla de protección resistente al fenómeno meteorológico.

Suelo

Requiere de suelos profundos, sueltos, con buen drenaje y alto contenido de materia orgánica.

El rango de texturas varía desde la textura franca a la franco-arenosa.

El rango de PH óptimo para el cultivo se encuentra entre 6,5 y 7,0

Es un cultivo que admite su cultivo en pendientes (<40%), aunque la anchura del bancal o anden no deben ser inferiores a los 2,0 m. para facilitar las labores de mantenimiento y recolección del cultivo.

Salud Hidráulica

¿Cuando sabemos que un agroecosistema es sostenible?. La salud hidráulica es un elemento clave para saberlo.

La Salud Hidráulica se puede definir como aquel estado de un ecosistema en el que se dispone de la cantidad suficiente de agua y con la suficiente calidad como para sustentar adecuadamente a la población de seres vivos que de él depende.

Flujo de agua subterranea
Ilustración 1ª: Flujo de agua subterránea.

En la hipótesis GAIA (1969), de James Lovelock, la atmosfera y la parte superficial del planeta se comportan como un todo coherente donde la vida, su componente característico, se encarga de autorregular sus condiciones esenciales tales como la temperatura, composición química o la relación entre el agua dulce y salada. Si consideramos como valida esta hipótesis, el planeta Tierra va a estar mejor o peor de salud, dependiendo de la forma en que se comporten e interaccionen los diferentes ecosistemas que sobre él subsisten y, muy especialmente, los ecosistemas agrarios en los que los seres humanos tienen un papel muy relevante. Ahora bien, ¿Qué papel tiene el agua dentro del sistema de autorregulación de la Tierra? Y, sobre todo, ¿Cómo afecta la disponibilidad y la calidad del agua a su buena salud?.

Sistema de andenería en Machu Picchu
Imagen 1ª: Sistema de andenería en Machu Picchu

En los ecosistemas agrarios el exceso o el déficit de agua son relativos, dependiendo de las necesidades que tenga que satisfacer y que, obviamente, van a ser distintas, dependiendo del “punto de vista” de la población de seres vivos a la que afecta. Algunos ecosistemas agrarios han coevolucionado durante mucho tiempo con los seres humanos y otros seres vivos, aprovechando y cuidando el agua de una manera adecuada y sostenible. Es el caso, por ejemplo, del sistema de dehesas en España, las estepas ganaderas de Mongolia o el sistema de andenería que todavía está operativo en algunos países iberoamericanos atravesados por la cordillera de los Andes. Otros ecosistemas agrarios, sin embargo, han evolucionado de manera totalmente diferente, con una fuerte intervención tecnológica que ha permitido mejorar la productividad y calidad de los productos que proporciona el ecosistema, aunque a costa de hacerlos menos sostenibles a corto, medio o largo plazo. En estos últimos, además, la mejora de la tecnología de riego también ha permitido mejorar la gestión del agua, aunque no siempre de forma aceptable y sustentable en el tiempo.

El gran reto que, para la humanidad, supone la amenaza del cambio climático, ha supuesto un mayor énfasis en la aplicación de nuevas tecnologías (drones, equipos robotizados, cultivos transgénicos, …) que, tal vez, nos permitan mejorar la productividad del ecosistema agrario y alimentar a una población mundial creciente. ¿Podremos conseguirlo? Puede que sí o puede que no. Lo que si es cierto es que no es posible diseñar un ecosistema agrario sostenible sin un adecuado control y gestión del agua.

¿Cuándo sabemos que un ecosistema agrario tiene buena salud hidráulica?. Cuando, según la definición que hemos situado al principio, tengamos la cantidad suficiente de agua y con la suficiente calidad como para satisfacer las necesidades de los seres vivos que viven en el ecosistema, entre otros, los seres humanos. La mala salud hidráulica aparecerá cuando:

  • Hay una cantidad insuficiente de agua, aunque tiene calidad suficiente.
  • Hay una cantidad suficiente de agua, aunque es de mala calidad.
  • Hay una cantidad insuficiente de agua y, también, es de mala calidad.
Balsa de decantación
Imagen 2ª: Balsa de decantación

Téngase en cuenta que la valoración de cantidad suficiente y calidad suficiente del agua es, en principio, subjetiva y que debe ser puesta en relación a las necesidades de los diferentes componentes del agroecosistema.

Si se considera el primer caso de mala salud hidráulica, la situación es aquella en la que hay un exceso de seres vivos que están intentando sobrevivir en un ecosistema agrario que contiene una cantidad insuficiente de agua. Puede ser algo tan sencillo como un exceso de ganado que destruye la cobertura vegetal, reduce la capacidad de infiltración de agua en el suelo o erosiona los cauces de las fuentes de agua o algo más complicado como puede ser un campo de refugiados que presiona sobre los recursos de agua que se encuentran a su alrededor y que necesita de la ayuda exterior para continuar en ese lugar. En ambas situaciones, a corto plazo, la calidad del agua no tiene por qué empeorar, pero si es cierto que la sobreexplotación del ecosistema agrario tiene, siempre, consecuencias a medio y largo plazo, sobre todo en lo que respecta a la conservación de suelos agrícolamente útiles.

En el segundo caso de mala salud hidráulica, la situación es la contraria. Hay suficiente agua para sostener a los seres vivos, pero una parte de ella carece de una calidad aceptable o es de mala calidad, por lo que no está disponible. Es el caso, por ejemplo, en aquellos lugares donde el agua está contaminada por desechos urbanos, agrarios o industriales. O también, el caso de una deficiente regulación y control del agua cuando en las cuencas hidrológicas aparecen problemas de erosión de suelos, inundaciones, tormentas, etc, siendo un agua que pasa rápidamente por los lugares donde puede ser necesaria, pero que no va a estar disponible en cualquier caso.

Finalmente, está la situación en la ni hay suficiente agua, ni tiene suficiente calidad. Sería el caso, por ejemplo, de los ecosistemas agrarios que sobreexplotan recursos hídricos superficiales o subterráneos cuya calidad se va deteriorando progresivamente porque se producen intrusiones salinas o contaminación con agroquímicos o residuos orgánicos. Históricamente, ya ha sucedido en varias ocasiones. En lo que era la antigua Mesopotamia, en los actuales Iraq y Siria, el espacio entre los ríos Éufrates y Tigris dio lugar a prosperas civilizaciones agrarias con sistemas de riego que, con el paso del tiempo, acabaron salinizando los suelos y destruyendo su aptitud para el cultivo. Este hecho histórico es un claro ejemplo de como una mala gestión del agua puede destruir un ecosistema agrario muy productivo.

Cuando detectamos mala salud hidráulica en un ecosistema agrario, ¿Qué podemos hacer para devolverle la salud? Eso lo veremos en próximas entradas a este blog.

Plagas, enfermedades y fisiopatias en pistachero

PLAGAS.

Geoica utricularia Pass., Baizongia pistaciae L., Forda formicaria Heyden.

Son homópteros que se engloban en la familia Eriosomatidae que comprende los pulgones con capacidad de producir agallas.

Las agallas son estructuras anormales de partes de los tejidos u órganos de las plantas que se desarrollan por la acción específica o por la presencia de un organismo inductor, en este caso un insecto.

La planta como respuesta reacciona con un desarrollo anormal o patológico de sus células, tejidos u órganos. El insecto utiliza la agalla como un medio de procurarse nutrición y cobijo frente al medio ambiente y enemigos naturales.

En el caso del pistachero la inducción de la agalla es provocada por la acción de la población de individuos al alimentarse.

Los ciclos de vida de estas tres especies que afectan al pistachero son complejos; siendo de tipo holocíclico que se inicia con una hembra fundadora que da lugar a la agalla; de esta emergen insectos alados que efectúan la puesta en árboles diferentes. Después de la hibernación emergen sexúparos alados que completan el ciclo.

Baizongia pistaciae origina unas espectaculares agallas en forma de cuerno de cabra; F. formicaria produce agallas foliares en forma de media luna y G. utricularia origina agallas en forma de urna.

Control.

Actualmente, existen pocos medios de lucha contra los insectos parásitos del pistachero, siendo el más eficaz la recogida y destrucción de todas las partes infectadas del árbol.

Sinoxylon sexdaentatum Oliv.

Se trata de una especie muy polífaga perteneciente a la familia de los Bostríquidos que engloba más de 300 especies de las cuales la mayor parte son xilófagas. Sus larvas viven en la madera muerta donde excavan galerías profundas. Son recurvadas con los segmentos torácicos muy desarrollados. Los adultos tienen una forma casi cilíndrica con la cabeza más o menos protegida dorsalmente por el protórax, y el extremo de los élitros está frecuentemente truncado y cubierto de protuberancias. Se interpreta estas protuberancias como órganos que facilitan el contacto con las paredes de la galería.

La mejor forma de controlar la plaga es mediante la recogida y protección de las partes infectadas del árbol.

Gorgojo (Trogoderma granarium Everts.).

Son coleópteros que permanecen escondidos en frutos almacenados por largos periodos, siendo una plaga muy seria en productos almacenados bajo condiciones secas y calientes. En condiciones óptimas, las hembras ovipositan alrededor de 50 a 90 huevos, los cuales eclosionan en 3 a 14 días. El desarrollo completo se presenta en un rango de 21 a 40ºC. El ciclo de vida de huevo a adulto es de aproximadamente 220 días a 21ºC, 39 a 45 días a 30ºC y 75% de humedad relativa y 26 días a 35ºC. El desarrollo larval no ocurre a temperaturas menores de 21ºC.

La larva ocasiona serios daños a los frutos almacenados, pudiendo ocasionar la completa destrucción de los mismos; refugiándose en las grietas de los almacenes donde su respiración se hace extremadamente baja.

En estado de diapausa la larva es extremadamente resistente a los efectos de los insecticidas y fumigantes; en este estado no solo favorece la supervivencia del insecto sino también a la dispersión, pues frecuentemente es encontrada en materiales de transporte como sacos y camiones.

Los síntomas se manifiestan como masas de pelos con las exuvias larvales que gradualmente salen de las grietas entre los sacos.

El estado que más se detecta durante la inspección, es la larva.

La mejor medida para el control de esta plaga es la limpieza de los residuos de campañas anteriores, aunque tambien es preciso proteger todas las aberturas (puertas, ventanas, etc) de los almacenes y conservar los frutos y semillas con redes de mala muy fina para evitar el acceso del insecto.

Para el control biológico existen unos ácaros del genero Pyemotes que son parasitoides de la plaga, atacando y matando los estados inmaduros de Trogoderma granarium.

La hembra fecundada del ácaro llega a un huésped para alimentarse de él y durante este proceso le inyecta una toxina con la saliva, que paraliza al insecto y finalmente lo mata. El ácaro parasitoide no se introduce en el cuerpo de su huésped, pero permanece fijado a él, y se alimenta hasta que su descendencia alcanza su completo desarrollo, después del apareamiento, la hembra busca un nuevo huésped para reiniciar el proceso.

Enfermedades.

Verticillium alboatrum Reinke y Berth.

El pistachero es atacado por numerosos hongos, entre los que destaca el Verticillium. Este hongo provoca el marchitamiento del árbol y puede acabar con ejemplares de diversas edades, pues ataca los tejidos vasculares. Una forma de lucha contra este hongo es el seleccionar patrones resistentes como puede ser Pistacia integerrima.

Rosellinia necatrix Prill.

Este hongo produce un peritecio ostiolado que raramente se encuentra en la naturaleza. Los peritecios son esferoidales y negros, y se producen en una costra micelial.

Característicos hinchamientos en forma de pera en los septos de las hifas somáticas son características distintivas de diagnóstico.

El hongo produce microesclerocios negros y dispersos que tienden a unirse y formar capas microsclerociales.

Rosellinia necatrix puede sobrevivir durante varios años en raíces podridas en la tierra y ocasionalmente como micelios o microesclerocios libres en el suelo o adheridos a los desechos de la raíz.

La infección primaria tiene lugar desde el micelio que ataca las raíces finas y entra por penetración directa. Las hifas se ramifican libremente en el córtex, destruyéndolo cuando crecen hacia las raíces mayores.

El hongo se extiende por crecimiento a través del suelo e infecta las raíces de los árboles adyacentes. El suelo infectado y los trozos de raíces muertas pueden ser distribuidos en el cultivo o en las plantas de vivero.

La lucha contra el ataque de este hongo consiste en evitar su difusión y eliminar las fuentes de inoculo. Como medida preventiva se debe evitar dañar las raíces cuando se estén realizando labores culturales.

Phytophthora citricola Swada.

Los síntomas aéreos de esta enfermedad aparecen primero como un crecimiento insuficiente el brote. Si el sistema radicular es infectado en otoño, los síntomas aéreos pueden que no aparezcan hasta la siguiente estación. Las hojas de los árboles afectados son normalmente escasas, pequeñas y cloróticas.

La sintomatología en los frutos se caracteriza por la aparición de algunos de ellos con un tamaño pequeño y quemados por el sol. Cuando la enfermedad pasa a una etapa avanzada, los brotes y ramas pueden secarse y morir de manera súbita. El deterioro, que conduce a la muerte del árbol, tiende a ser más rápido en viveros y plantaciones jóvenes que en árboles grandes y bien establecidos.

Para controlar la enfermedad, hay que eliminar lo antes posible todos los ejemplares enfermos y destruirlos para eliminar cualquier medio de propagación que pueda tener el hongo. A continuación es necesario desinfectar el suelo, ya sea a través de solarización u otros medios fitosanitarios, químicos o biológicos, que hagan difícil la propagación del hongo. Una estrategia recomendable es mantener un adecuado contenido de materia orgánica en el suelo que favorezca la presencia de microorganismos antagonistas de Fusarium y controlar su población.

Alternaria alternata (Fr.) Kreisler.

Se trata de una enfermedad que puede causar daños en el follaje, flores y frutos, y en casos severos reducir el cuajado de los frutos.

En flores e inflorescencias los síntomas se presentan como pequeñas manchas redondas, preferentemente en el envés de la hoja.

Un síntoma claro de ataque de este hongo es la aparición de pequeñas manchas negras de forma circular al comienzo de la maduración de los frutos.

La principal fuente de inóculo de esta enfermedad son las hojas y brotes infectados. Las hojas caídas son también un reservorio del hongo donde puede sobrevivir durante condiciones frías.

Además de los tratamientos fitosanitarios, químicos o biológicos, una buena estrategia preventiva que pasa por la recogida de los restos de poda, ramas enfermas y hojas caídas, puede ayudar a controlar la enfermedad. Como en el caso del Fusarium, el mantenimiento de un contenido adecuado de materia orgánica que favorezca la aparición de microorganismos antagonistas es una buena opción para prevenir el ataque de este hongo.

FISIOPATÍAS.

Desecación de frutos.

La desecación puede deberse a episodios de frío primaveral que afectan a la supervivencia y formación de las flores, además de un exceso de lluvias durante la antesis que dificultan la polinización.

Caída de frutos.

La caída de frutos se produce por un exceso de temperaturas y una escasa pluviometría.

Falta de maduración de los frutos

Fundamentalmente es ocasionada por la falta de calor, que es una de las áreas limitantes en algunas áreas de cultivo. La correcta elección de la ubicación de la plantación unida a una buena elección varietal puede ayudar a evitar este suceso y garantizar la rentabilidad de la plantación a medio y largo plazo.

La altura sobre el nivel del mar no es uno de los factores que pueden provocar esta fisiopatía, ya que existen plantaciones de pistacho por encima de los 2000 m de altura sobre el nivel del mar.

REFERENCIAS.

  • Hobman F.; Lang D.; Bass A. Pistachio Fertilizer Programme. En: Primary Production of Pistachio. South Australian Deparment of Agriculture.
  • Crane J.; Maranto J.. Pistachio Production. Cooperative Extension. University of California, Division of Agriculture and Natural Resources Publication 2279 15 p.

<< CULTIVO DEL PISTACHERO

<< FENOLOGIA, INSTALACIÓN Y ESTABLECIMIENTO DEL PISTACHERO.

Fenología, instalación y establecimiento del cultivo de pistachero

Fenología del cultivo.

Las fases por las que pasa el pistachero, desde el punto de vista de la producción de pistachos, son las siguientes:

  • Trasplante de plantas patrón o injertadas a sitio definitivo: Aproximadamente hasta los tres años desde la germinación de la planta en el vivero.
  • El primer año después de plantación, aparecen las primeras “muestras individualizadas” en algunos pies y en otros, nada.
  • Hasta tres años después de plantación, aparecen “muestras generalizadas” en todos los pies (de 300 gramos a 2 Kg por árbol).
  • Hasta 5 años después de plantación, aparece una pequeña cosecha de entre 4 y 6 kg por árbol.
  • Hasta 7 años después de la plantación ya se empieza a recoger una cosecha “normalizada” de unos 10 kg por árbol.
  • Desde 7 años en adelante, si todo va bien, se produce un incremento de la cosecha de, aproximadamente, 1 Kg adicional por árbol y año.

Se estima que la vida productiva de una plantación de pistacheros en secano puede estar en el entorno de los 80/100 años, aunque se conocen ejemplares con más de 200 años que aún producen fruto.

La longevidad del árbol se sitúa entre los 300/350 años de vida, aunque se han localizado ejemplares en Siria e Irán que tienen más de 1000 años de antigüedad.

Además de por las condiciones ambientales de clima y suelo, un adecuado programa de fertilización, riego y protección vegetal en la fase vegetativa, no productiva, puede garantizar una mejor y más abundante cosecha en los años siguientes.

Métodos de propagación.

El pistachero, como la mayoría de las especies de frutales cultivadas por el Hombre, se debe injertar sobre un pie o portainjerto. El objeto de esta operación es conseguir una mayor rusticidad del cultivo y elevar la resistencia a plagas y enfermedades.

La elección del pie dependerá no solo de que posea una buena compatibilidad con la variedad, sino también de su adaptabilidad a las condiciones medioambientales de la zona donde se instale y de las características que traslade a dicha variedad.

En zonas donde el riesgo de heladas durante el inicio de la primavera (el mes marzo y la primera quincena de abril en el hemisferio norte o el mes de septiembre y la primera quincena de octubre en el hemisferio sur) es elevado, se debe optar por variedades comerciales tardías como Kerman o Kastel, mientras que en las zonas donde este riesgo sea menor es posible utilizar variedades tempranas como Larnaka, Avdat, Mateur o Aegina. En cualquier caso, siempre es aconsejable diversificar el número de variedades en una plantación (a partir de 10 Ha) con objeto de minimizar los riesgos asociados a la ocurrencia de heladas, enfermedades o cambios de tendencia en los mercados.

Siembra y plantación.

Durante el verano anterior a la fecha de plantación, debe realizarse un subsolado de toda la parcela. El objetivo de este subsolado es romper los horizontes (no voltearlos) para facilitar la penetración y buen desarrollo del sistema radicular del futuro pistachero. Lo ideal es utilizar un rejón o “topo” de, al menos, un metro de profundidad. Si afloran grandes piedras en superficie, deben retirarse para facilitar posteriores labores.

El marco de plantación más recomendado en secano es en cuadro 6 x 6 metros. La densidad de plantación con este marco seria de, aproximadamente, 280 árboles por hectárea.

La época idónea para ejecutar la plantación del pistachero debe ser a principios del otoño-invierno, generalmente a mediados de noviembre en el hemisferio norte y a mediados de mayo en el hemisferio sur. La parada vegetativa del pistachero se produce en estos periodos, coincidiendo con las primeras heladas anuales.

Hay que tener en cuenta que el desarrollo y crecimiento de las raíces de los arboles tiene lugar en invierno. Por lo tanto, un árbol plantado al principio de la parada vegetativa, tiene un arraigo y desarrollo radicular más elevado que la misma planta plantada a la mitad o al final de la parada vegetativa.

La proporción entre machos polinizadores y hembras productoras debe ser de 1 a 8, es decir, por cada ocho hembras productoras, un macho polinizador.

{leyenda}. Ilustración 2 : Disposición de pies macho polinizador y hembra productora en plantación de pistacheros.

En aquellas parcelas donde existan vientos predominantes que soplen habitualmente en la época de producción de polen de los machos polinizadores (según variedades) se recomienda situar en el perímetro un árbol macho polinizador cada 5 metros para aprovechar esta circunstancia.

A la hora de realizar la plantación es recomendable realizar un hoyo de cierta profundidad (no menos de 1,5 m) para favorecer el desarrollo del sistema radicular del pistacho recién plantado. Normalmente esta operación se hace con una retroexcavadora.

Al mismo tiempo que se efectúa la plantación, es conveniente entutorar y ubicar un protector en cada árbol.

Se recomienda utilizar tutores realizados con tubos de acero hueco, debidamente tratados y protegidos contra la corrosión, de aproximadamente 2,5 metros de largo. Se pueden utilizar otras opciones como postes de madera, cañas de bambú, etc, aunque hay que asegurarse de que no van a estropearse, quebrarse o pudrirse durante la vida útil esperada de la plantación (80-100 años).

El tutor se introduce medio metro en el suelo, cuando se realiza la plantación del pistachero, quedando dos metros por encima del nivel del suelo.

En el caso de que pueda existir riesgo de presencia de herbívoros silvestres (ciervos, conejos, …) o domésticos (ovejas, cabras, …) es imprescindible utilizar un protector para proteger el pistachero.

Una vez finalizada la plantación es preciso realizar un alcorque en cada árbol para proceder a un riego de asiento generoso y abundante de no menos de 80/100 litros por árbol. Para mejorar las posibilidades de éxito de la operación (no es imprescindible) se puede realizar otro riego con la misma cantidad de agua una semana después del primer riego. Con estos dos riegos de asiento la planta ya debe aguantar todo el invierno y no se debe volver a regar hasta que llegue el periodo de calor (mitad de la primavera). Aproximadamente hacia la mitad de la primavera, se debe volver a realizar otro riego de asiento con otros 80/100 litros y proceder a tapar definitivamente el alcorque con tierra.

En caso de disponer de riego, no se realizará el tercer riego de asiento, sino que se procederá a su puesta en marcha a partir de mediados de la primavera (mayo en el hemisferio norte/noviembre en el hemisferio sur), pero cubriendo exclusivamente sus necesidades de evapotranspiración y evitando encharcamientos.

Riego.

Las necesidades hídricas del pistachero oscilan entre los 300 y 600 mm año, según variedad. En zonas áridas estas necesidades se cubren con dotaciones de riego de entre 4000 y 6500 m3/Ha.

El riego localizado es muy apropiado para este cultivo ya que se evitan los encharcamientos. Si se tiene que regar con otro sistema diferente al riego localizado hay que decir que el pistacho reacciona mejor a riegos abundantes con poca frecuencia, que a pequeños riegos con mucha frecuencia.

Para conseguir mucha producción y de calidad, es muy conveniente dividir las aportaciones de riego en tres fases:

  • FASE 1: Desde floración hasta el máximo tamaño del fruto. En esta fase se tienen que cubrir completamente las necesidades hídricas.
  • FASE 2: Endurecimiento de la cáscara: Para conseguir un buen endurecimiento se restringe la dotación de riego. El óptimo es aportar solo la mitad de las necesidades.
  • FASE 3: Maduración del fruto hasta recolección. En esta fase, como en la primera, se tienen que cubrir el 100% de las necesidades hídricas.

Poda.

A continuación se describen los tipos de poda:

Poda de formación.

Para la poda de formación, después del primer año de crecimiento del injerto, se debe cortar la rama líder del árbol a una altura de entre 1,4 y 1,6 metros en los ejemplares que van a hacer la función de machos polinizadores y entre 1,0 y 1,4 metros en los ejemplares que van a hacer la función de hembras productivas. El objetivo de este despunte de la rama líder es la formación de entre 3 y 5 ramas laterales (3 es lo recomendable) separadas entre sí unos 30 cm y seguir el sistema de formación en vaso o eje modificado. Durante los tres a cuatro años siguientes, los brotes nuevos deben despuntarse a 75 cm, aproximadamente, para estimular la formación de yemas laterales de las ramas madres, impidiendo de esta forma que el ángulo de inserción de los brotes sea mayor a 45º y evitando que el peso del ápice pueda abrir en exceso las ramas. El objeto de esta poda de formación es permitir una adecuada ventilación del interior de la copa y facilitar la rápida inducción de las yemas florales.

Poda de producción y saneamiento.

Una vez formada la estructura del árbol, solo deben efectuarse podas suaves. Debido a que el pistachero produce sus yemas florales lateralmente en los brotes del año, la poda realizada debe estimular el crecimiento de las ramillas para mejorar la producción.

Esta poda es fundamental porque facilita un buen estado fitosanitario que mejora los rendimientos. Cuando se combina la poda de producción con riego, la producción es más abundante, de más calidad y se extiende durante más tiempo.

La poda de producción o saneamiento incluye las siguientes acciones:

  • Eliminar el material vegetal enfermo.
  • Eliminar tanto los ejes terciarios como los secundarios que ya produjeron y aquellos en los que no cuajaron las flores, para facilitar la renovación de los ejes.
  • Eliminar los ejes terciarios en producción dañados o débiles.

Control de malezas.

Las técnicas de control de malezas son las siguientes:

  • Manual o mecánica.
  • Uso de coberturas o acolchados (orgánicos o no).
  • Control químico.

En el control manual o mecánico, hay que tener cuidado a la hora de no afectar a las raíces de la planta para evitar la infección de la planta con plagas y enfermedades del suelo.

Si se opta por el uso de coberturas o acolchados, hay que seleccionar bien el material utilizado para evitar la propagación de plagas y enfermedades.

Las coberturas vivas, requerirán de un mantenimiento periódico para evitar que compitan con el cultivo o se conviertan en refugio de algunas plagas, como puede ser el segado periódico o el tratamiento con herbicidas.

Los acolchados deberán ser supervisados periódicamente para reponer las zonas deterioradas o degradadas. En el caso de que el acolchado este compuesto de materia orgánica (compost, paja de cereal, virutas de madera,…) habrá que comprobar que no se produce una retirada de nutrientes al cultivo durante el proceso de descomposición de la materia orgánica.

En el control químico, para evitar riesgos para la salud y el medio ambiente, se recomienda lo siguiente:

  • Eliminar todos los brotes próximos al fuste o tronco principal, localizados entre el suelo y la primera rama principal.
  • En un radio de 20 cm alrededor del tallo principal, no se aplica herbicida
  • Emplear equipo en buen estado y calibrado, con las boquillas de aplicación en buen estado y sin obturaciones.
  • Lavar el equipo con agua limpia y protegerlo del deterioro.
  • Realizar la aplicación a favor del viento y protegerse con guantes, mascarilla y ropa adecuada.

Abonado.

La cantidad de fertilizante que se debe usar depende de la reserva del suelo y los requerimientos de la planta. Por este motivo antes de fertilizar es conveniente realizar un muestreo y análisis del suelo. Esta herramienta es especialmente útil en el caso del nitrógeno, para lo cual las investigaciones realizadas en el valle de San Joaquín en EE.UU, determinaron que ante niveles altos de este elemento en el suelo, solo se requeriría aplicaciones para mantener el nivel de N, ya que, parece ser, que el pistacho no es muy exigente en este elemento.

Síntomas de deficiencias en Pistachero y rango adecuado de nutrientes en análisis foliar
Cuadro 1: Síntomas de deficiencias en Pistachero. Fuente: Elaborado en base a la bibliografía consultada. Referencias (1) y (2).

El muestreo para realizar el análisis foliar debe realizarse en el mes de agosto en el hemisferio norte y en febrero en el hemisferio sur. Para realizar el muestreo se seleccionan los foliolos del tercio medio de ramillas del mismo año.

Las dosis recomendadas de fertilización varían de año a año en función de la edad del pistachero.

Fertilización recomendada para el pistachero
Cuadro 2: Fertilización recomendada para el pistachero. Fuente: Elaborado en base a la bibliografía consultada. Referencias (1) y (2).

En las aplicaciones de nitrógeno se recomienda utilizar nitrato potásico, aplicado en primavera en varias veces hasta mediados del verano. La fertilización con este elemento finaliza a mediados de verano para evitar una escasa lignificación de los brotes y que puedan ser dañados por las primeras heladas de otoño.

El fosforo puede aplicarse todo de una vez al comienzo de la primavera.

En el caso del boro, puesto que es muy frecuente que los suelos de secano tengan un bajo nivel de este micronutriente, debe realizarse aplicaciones de boronatrocalcita en otoño en la proyección de la copa del árbol.

Para el Zinc se recomienda realizar aplicaciones foliares de sulfato de Zinc, o producto equivalente, al 7% en la época de hibernación de los árboles y dos aplicaciones al 1% en primavera. Estas aplicaciones son equivalentes a una aplicación de 0,2 kg de Zinc/Ha.

El Magnesio se puede aplicar también por vía foliar, en primavera, combinado con el Zinc.

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